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Jueves 07 de julio de 2005 | Publicado en edición impresa

Con el sello de Chabrol

Por Fernando López | LA NACION

 
 
 

"La dama de honor" ("La demoiselle d´honneur", Francia-Alemania/2004, color; hablada en francés). Dirección: Claude Chabrol. Con Benoit Magimel, Laura Smet, Aurore Clément, Bernard Le Coq, Solene Bouton, Michel Duchaussoy, Suzanne Flon. Guión: Pierre Leccia y Claude Chabrol, sobre "The Bridesmaid", de Ruth Rendell. Fotografía: Eduardo Serra. Música: Matthieu Chabrol. Edición: Monique Fardoulis. Presentada por Alfa. 110 minutos. Sólo apta para mayores de 13, con reservas.

Chabrol hace siempre el mismo film, dicen algunos en plan de crítica, otros con el propósito de destacar su condición de autor y su voluntad de afinar cada vez más el ojo para alcanzar la máxima precisión en el trazo, la mayor concisión en la construcción de sus historias y la más maliciosa y fina sutileza para envolverlas en una provocativa ambigüedad. En esa búsqueda puede tropezar con algunos desniveles o atascarse en algunas reiteraciones, pero al veterano cineasta francés le sobra maestría para manejar los hilos de su representación y enredarnos en ellos lenta e insidiosamente.

El fuerte de "La dama de honor" no es precisamente la trama provista por la novela de Ruth Rendell, sino más bien la minuciosa descripción de comportamientos que Chabrol coloca en primer plano y la infinidad de observaciones más o menos fugaces y más o menos irónicas con las que desliza pistas sobre sus personajes. La intriga mezcla elementos bien clásicos del thriller, incluidos una mujer fatal enigmática y mitómana, un amor loco, un muchacho prudente, juicioso y bastante edípico que al impulso de la pasión va dejando a un lado obligaciones, responsabilidades y reparos morales y una suerte de pacto criminal.

Un mecanismo afinado

La destreza manipuladora del realizador conduce al espectador a acompañar al protagonista en el lento descenso a los infiernos a que lo arrastra el contradictorio sentimiento de deseo, turbación e inquietud que le inspira la sensual y misteriosa desconocida. Esta aparece pasado un buen rato desde el comienzo del film. Chabrol, que confía en la inteligencia y la percepción del público, demora su entrada porque ha estado preparando el terreno, deslizando confusos indicios por detrás de situaciones banales y cotidianas, esta vez entre gente de clase media. La madre, separada, está a punto de presentar en familia a su maduro "novio"; una de las hijas, preparando su inminente boda; la otra, desafiando a todos con sus conductas rebeldes, y el hijo, Philippe (el notable Benoit Magimel), ocupándose de que todo marche "normalmente" tanto en casa como en la empresa en que trabaja, donde aprecian su seriedad y su compromiso.

Pero ya se sabe que entre los personajes de Chabrol la normalidad es aparente: lo sugieren las escenas entre madre e hijo, presentadas casi como escenas de amor; los celos que despierta el candidato; la borrachera de la novia; la intención de escapar de la casa que se infiere del comportamiento de las tres mujeres; la pequeña figura de piedra que para Philippe representa la mujer ideal... e imposible.

En la regulada vida de Philippe, monótona, carente de sueños y apenas alterada en su orden por esa estatua que abre una vía hacia lo fantasmagórico, la inquietante irrupción de Senta (la sugestiva Laura Smet) trae consigo el deseo, pero también el misterio, el desorden, el extravío, la capitulación moral, el crimen (o por lo menos el simulacro de un crimen), el desatino.

Chabrol alimenta la intriga valiéndose tanto de la evolución de la conducta de sus personajes (Philippe, en especial) como de las decenas de pequeños detalles elocuentes (un objeto, un vestido, la extraña guarida en el subsuelo de una mansión donde el tiempo se ha inmovilizado, la pareja también fantasmagórica que parece estar bailando eternamente el mismo tango).

"La dama de honor" puede no ser la mejor obra de Chabrol, pero revela otra vez una maquinaria de precisión que va ajustando cada vez más su dispositivo en una visible búsqueda de concisión. Su film es seco, depurado, compacto, al mismo tiempo atrapante y perturbador. Y por supuesto poco apto para quienes conciben el thriller como una sucesión de giros sorpresivos y estallidos de acción. .

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