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Rotterdam, del puerto a la cerveza

De día, pinturas famosas y paseos por los canales; de noche, pubs y espuma
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10 de julio de 2005  

ROTTERDAM.- Delfshaven parece una pintura de Van Gogh esta noche. Pasa de las 12 y las estrechas casonas del viejo barrio de Rotterdam brillan bajo una luna redonda y contundente, como esos quesos gauda que se producen aquí cerquita, en la localidad de Gouda. Lo de Van Gogh tiene que ver con las nubes que cruzan el cielo como si fueran los angustiados brochazos del holandés más famoso del mundo.

Caminamos hace varias horas por la ciudad y a esta altura tenemos tres ideas fijas. La primera es instalarse a fotografiar el molino que tenemos al frente y que refulge por los faroles y focos de Delfshaven. La segunda idea es más bien una preocupación: tememos que este domingo sea como cualquier domingo en casi cualquier lugar del mundo, y que a esta hora ya no encontremos un sitio donde tomarnos un pint de cerveza que nos merecemos después de tantas horas vagabundeando. Y tercero, Rotterdam justifica la visita, aunque no demasiados turistas parecen estar dispuestos a arrebatarle ese día a su estada en la siempre más popular Amsterdam.

De Rotterdam hay mucho para contar.

Habría que decir, por ejemplo, que casi todo lo que hay que ver en esta ciudad está cerca de una estación de metro o de las paradas de los tranvías.

Museumpark

De esta forma, un día cualquiera podría partir en el Museumpark: un amplio parque incrustado en la ciudad, lleno de buenos rincones donde hacer deportes o sencillamente holgazanear. Además, el parque reúne varios de los principales museos de la ciudad, siguiendo por el Boijmans Van Beuningen, con piezas de Magritte, Monet y Kandinsky, sólo por mencionar firmas famosas.

Lo mejor es continuar por la avenida Witte de Withstraat, donde se suceden galerías de arte independientes, salas de coleccionistas privados y sitios como el Nederlands Fotomuseum y los museos del Puerto, Marítimo y el Het Schielandhuis, que ocupa una de las pocas casonas del siglo XVII que aún se mantienen en pie en el centro de la ciudad.

Desde aquí se puede volver por Oude Binnenweg (calle llena de pubs tradicionales y tiendas más o menos clásicas, elegantes y onerosas) y seguir por Nieuwe Binnenweg (continuación de la anterior, pasado Eendrachtsplein, donde es frecuente encontrarse con DJ buscando material en las producidas disquerías locales, tiendas de moda y diseño vanguardistas, y otros personajillos de la farándula local). O, lo que parece más sensato si se anda con tiempo y presupuesto apretados, partir derecho a ver las Kikkubus o Casas Cúbicas, unas curiosas construcciones efectivamente cúbicas, instaladas sobre unos estrechos pilares, tan cerca unas de otras que dan la sensación de un bosque con puertas y ventanas en lugar de hojas.

Suficiente para un solo día. Como sea, la noche habría que terminarla en Delfshaven.

Es la 1 de la mañana. Volvemos luego de ver muy de cerca el bonito molino. Ahora sabemos dos cosas: la estructura de aspas gigantes se llama De Distilleerketel y está emplazado en una pequeña plazoleta, con un par de bancas que invitan a quedarse sentado mirando la luna.

De cerca se comprueba lo que dicen todas las guías. Que Delfshaven es un montón de casonas antiguas, un canal construido en el siglo XIV que se retuerce y cambia de tamaño a cada rato, y varios puentes levadizos de madera, decorados con luces amarillas.

Casi todas las urbes europeas bombardeadas durante la Segunda Guerra Mundial hicieron de la reconstrucción piedra por piedra casi una causa nacional, un motivo de orgullo. Pero en Rotterdam optaron por innovar. Así no es raro tropezarse a cada rato con la silueta de construcciones vanguardistas, edificios muy modernos (y en algunos casos, hay que decirlo, derechamente feos), y que varios de los arquitectos más famosos de Holanda tengan sus siempre agitadas oficinas aquí en la ciudad.

Lo de los edificios se nota especialmente cuando se recorre el puerto, uno de los circuitos clásicos y otra de las opciones para tener en cuenta durante el día. En este caso, lo mejor es tomar cualquiera de los botes que hacen recorridos turísticos por el Maas, el eje acuático de la ciudad y corazón del puerto de Rotterdam, el más grande del mundo.

Desde el agua, uno ve por ejemplo el contraste entre el viejo Willemsbrug y el moderno Erasmusbrug, el puente que las guías insisten en presentar como el cisne, por su estilizada figura, donde todo el peso de la estructura es soportado por un solo pilar ubicado en uno de los extremos. Un prodigio ingenieril que además se ha convertido en una de las postales más típicas de la ciudad.

También se suceden panorámicas que combinan viejos barrios residenciales y llamativas torres de diseños vanguardistas, como el delgado y altísimo Cruise Terminal, o el rascacielos de una empresa de telefonía que tiene una cara tan inclinada que parecería que en cualquier momento se va a venir abajo.

Desde el Maas también se puede apreciar la Euromast, una torre de 185 metros de alto, con ascensor panorámico y la mejor vista posible de esta ciudad.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión, desde US$ 1200

De Buenos Aires a Amsterdam, con impuestos. Desde Schiphol, el aeropuerto de Amsterdam, a Rotterdam, el tren cuesta 10 euros.

Alojamiento

Hotel Bazar: es un hotel étnico, con habitaciones decoradas con elementos africanos, orientales y sudamericanos. Está en la calle Witte de Withstraat, sector de museos y galerías. Dobles entre 75 y 120 euros. 5151; www.bazarrotterdam.nl

Hotel New York: está en uno de los primeros rascacielos de Europa, a orillas del río Maas que fue sede de la Holland-Amerika Lijn, la naviera que trasladó a miles de inmigrantes holandeses hacia el Nuevo Continente. Desde 95 euros. www.hotelnewyork.nl

Bilderberg Parkhotel: supercéntrico, entre el Museumpark y Witte de Withstraat; es cómodo, moderno, con un concurrido bar y un buen restaurante. Hay ofertas con habitaciones desde 65 euros. www.parkhotelrotterdam.nl

Más información

www.rotterdam.info

Galerías y antigüedades

Delfshaven, patrimonio histórico

Delfshaven, que partió siendo un poblado periférico y que terminó tragado por la ciudad, conserva su estilo y muchas de las viejas casonas se han convertido en pequeñas galerías, bonitas tiendas de antigüedades y restaurantes bien comentados en los diarios locales.

Además, es patrimonio histórico. Nos enteramos de eso mientras esperamos nuestros jarros de cerveza, más conocidos como pint, en una de las mesas con vista a la calle del Oude Sluis.

"Delfshaven es patrimonio histórico desde 1972", dice un pequeño folleto que encontramos en la mesa y que, unos párrafos más abajo, indica que por estas calles también se fabrica la cerveza Pilgrins, que sólo se consigue en los locales del barrio. Aquí al menos no la tienen, pero la que llega, de nombre irrepetible, parece perfecta. Bien fría. No muy amarga.

En el Oude Sluis, el ambiente está animado. Un grupo de amigos tiene copada la barra, y un par de parejas afortunadas se miran a los ojos, obviando la estupenda vista del canal, los veleros que se balancean silenciosos y las fachadas coloridas de las casas de Delfshaven.

Festivales de verano

Para tener en cuenta, el verano en Rotterdam está lleno de eventos.

El Carnaval al estilo de Rotterdam (que parte el 16 de este mes con la elección de la reina de la fiesta, y sigue el 28, 29 y 30; www.zomercarnaval.com ).

El FFWD Heineken Dance Parade (13 de agosto; www.ffwdheinekendanceparade.nl ), con cuarenta camiones cargados de parlantes y DJ, y seguidos por una multitud de parranderos. En total hay más de veinte festivales, acompañados de toda clase de eventos especiales. La lista está en www.zomerfestivals.nl

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