Un viaje iniciático que pierde el rumbo
"Un buda" (Argentina/2004). Dirección y guión: Diego Rafecas. Con Agustín Markert, Carolina Fal, Diego Rafecas, Julieta Cardinali, Tina Serrano y otros. Fotografía: Marcelo Iaccarino. Música: Pedro Aznar. Presentada por Pachamama Cine. Hablada en español. Duración: 115 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años.
Introvertido y solitario, Tomás intenta evadirse y posponer su particular y profunda necesidad espiritual. Pero diversas circunstancias cotidianas lo empujan a acercarse al budismo y a pesar de su entorno familiar -con un hermano que no comprende su propósito religioso y una abuela preocupada por la lucha diaria-, el muchacho se refugia en sí mismo y decide ingresar en un monasterio en Córdoba, donde se someterá a la férrea práctica de esos monjes tan severos como dados al consejo y la meditación.
En este viaje Tomás es acompañado por su novia, una actriz que ve en esa decisión más un capricho que una vocación y allí, en ese templo junto a las montañas, ambos hallarán a un maestro que les abrirá una nueva visión en sus existencias. El director Diego Rafecas, consagrado a estudiar en la India los diversos aspectos del budismo, procuró recorrer la historia de Tomás desde una perspectiva cálida y afectuosa, lo que logra en los primeros momentos del film, pero luego la historia se vuelve repetitiva y demasiado conversada en esos tramos en que los budistas se someten a sus diarios ejercicios y a la voluntad de sus superiores.
El relato intenta describir el desengaño y la inutilidad de la vida de Tomás, un joven que no halla su lugar en la gran ciudad, pero el guión no logra convencer del todo en su propósito de retratar sus indecisiones y la férrea voluntad de hallar en el budismo esa tabla de salvación que necesita para estar en paz con su conciencia. Si bien los rubros técnicos -una excelente fotografía y una música de adecuado ritmo- se destacan con convicción, la trama se va perdiendo poco a poco en una monotonía que se alarga y nada agrega a lo que su primera parte prometía como un interesante juego de dramáticas alternativas. Algunos rasgos de humor retratan ese micromundo de Tomás, pero tampoco aquí el film gana en progresión, hasta que un final feliz aporta como lección la búsqueda de su protagonista.
Agustín Markert personifica con convicción a ese Tomás inmerso en sus dudas y revelaciones, bien apoyado por Carolina Fal y Julieta Cardinali, en tanto que Diego Rafecas procura, sin éxito, ponerse en la piel del hermano que, al principio, no comprende situaciones que parecen estar más allá de su existencia cotidiana. Posiblemente Rafecas, como director y guionista, intentó ahondar en el punto de encuentro entre Oriente y Occidente, pero le faltó fuerza y emotividad en este primer intento como realizador. .
Adolfo C. Martínez
