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Los pacientes, más exigentes e informados

El fenómeno se concentra especialmente en sectores urbanos y de alto nivel educativo, que reclaman nuevas formas de atención

Domingo 17 de julio de 2005

Sucedió rápidamente. Cuando gracias a Internet y a la prensa especializada la información sobre salud estuvo al alcance de muchísimas más personas, surgió una nueva generación de pacientes que corroe velozmente los cimientos de una medicina basada en criterios paternalistas y jerárquicos.

Así, seducidos por el empowerment ("empoderamiento", del inglés) que les otorga la información, se presentan frente al galeno como un interlocutor simétrico, cuando no como desafío o amenaza.

"Hay un paciente urbano, con acceso a Internet, diarios y revistas, que tiene más información, pero eso no significa que «sepa más». Un idioma no se enseña con un diccionario. Lo más importante sigue siendo cómo aplicar esa información", afirma el doctor Jorge Galperin, uno de los creadores locales de la especialización en Medicina Familiar, docente en la Universidad Favaloro, la UBA y la Universidad del Salvador.

Galperin agrega que hay pacientes que usan la información para colaborar "y otros lo hacen para incomodar. Eso depende de la relación previa, que será mejor cuanta mayor continuidad en el vínculo y cuanto más sea el tiempo asignado a la consulta, variable no reconocida como recurso terapéutico, pese a ser tan importante".

"No es negativo que la gente esté informada. En enfermedades crónicas, aumenta el compromiso del enfermo. La información vuelve más exigente al paciente, y tampoco es malo que exija -afirma el doctor Carlos Alberto Díaz, director de la Especialización en Economía y Gestión de Servicios de Salud del Instituto Universitario Fundación Isalud-. El problema se suscita si demanda, por ejemplo, que el médico le cure el cáncer porque vio que «salió una droga nueva» y cuando el profesional busca en la bibliografía advierte que esa droga prolonga la vida tres meses... La información no debería llegar con datos tendenciosos, influidos por el complejo industrial-médico."

Para el doctor Alberto Alves de Lima, director de Capacitación del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), "la información es beneficiosa, pero hay que tener en cuenta de qué fuente proviene (en Internet hay mucha «basura») y cómo se la usa, si para enriquecer el vínculo con el médico y conocer más o buscando, por ejemplo, judicializar la práctica médica. Si el médico basa sus decisiones en procedimientos actualizados y validados no debería existir problema".

Para Hugo Mercer, titular de Sociología de la Salud de la UBA e investigador de la Organización Mundial de la Salud, hay dos tendencias que promueven mayor simetría en la relación médico-paciente. "Una, los cambios demográficos y epidemiológicos: poblaciones más añosas con mayor prevalencia de enfermedades crónicas que conviven muchos años con su enfermedad y saben mucho acerca de ella, no sólo como patologías, sino como vivencia personal."

La segunda fuente de nivelación proviene de un acceso bastante generalizado a la información científica, "que hace que la distancia cognitiva entre profesionales y pacientes se acorte".

El doctor Enrique Soriano, jefe de Información Hospitalaria del Hospital Italiano de Buenos Aires, dice que en ese establecimiento se busca y facilita que los pacientes reciban información, y que el derecho de opinar debe ser ejercido "en principio sin límites, ya que las decisiones médicas se toman sobre el paciente y su cuerpo".

Para Juan Tonelli, director ejecutivo de la Cámara de Laboratorios Productores de Medicamentos de Venta Libre (Capemvel), "en 2002 la Asociación Médica Mundial hizo un estudio sobre cómo se consideraba al médico. El 80% lo veía como un consejero, un asesor, un par. Sólo el 20%, como una figura «eminente, autoritaria». Seguramente hace 20 años era al revés. Parece que la era de la información hace que la gente perciba al médico como un socio y quiera tomar más decisiones. Esto pasa en los países más desarrollados. Y la Argentina va por el mismo camino".

¿Un modelo en crisis?

Eduardo Menéndez, un antropólogo argentino radicado en México, definió hace años el Modelo Médico Hegemónico, para caracterizar la medicina vigente en la década del 60, especialmente en los EE.UU., y le asignó algunos de estos atributos: biologismo, concepción evolucionista-positivista, ahistoricidad, individualismo y asocialidad, eficacia pragmática, orientación curativa y de eliminación del síntoma, concepción del paciente como portador de un saber equivocado, subordinado social y técnicamente al médico.

"El Modelo Médico Hegemónico sigue vigente -afirma Alves de Lima-. Se profundiza en sectores de menor instrucción, pero también en aquellos en quienes la figura del médico genera una imagen de «potestad», independientemente del grado de instrucción."

Jorge Galperin añade que los cambios son difíciles, pero "por suerte el Modelo Médico Hegemónico está en crisis. No se enferma sólo una glándula, sino una persona que además de dimensión biológica tiene aspectos sociales, psicológicos, ecológicos".

Por su parte, el doctor Carlos Niccolini, del Instituto de Estudios e Investigaciones de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, señala que "el Modelo Médico Hegemónico sigue vigente porque el médico representa factores de poder: la medicina se basa en una relación entre el médico y el paciente, como si el problema de salud fuera individual, no ocurriera en una sociedad histórica concreta, y tuviera que ser resuelto sólo entre el profesional y el paciente... También esto es expresión del modelo neoliberal".

En una investigación del Instituto Universitario de la Fundación Isalud sobre usuarios de hospitales públicos, obras sociales y prepagas de varias zonas del país, la mayoría de las respuestas se concentra en expresiones como "quiero que el médico me informe, me dé un buen tratamiento, que no se quede mudo mientras me ausculta...".

En ese mismo trabajo, Margot Romano Yalour, Rubén Torres, Daniela Alvarez y Yael Grunhut indican que el 85% de los encuestados "considera que el vínculo con su médico no descansa solamente en los aspectos técnicos y académicos, sino también en la capacidad afectiva, la predisposición para escucharlo, informarlo y tranquilizarlo, y la necesidad de que le explique con palabras entendibles sobre su enfermedad y tratamiento".

Pero, ¿cuánto "escucha" el médico? "El 50% de los pacientes salen de la consulta sin haber resuelto los problemas que los llevaron a consultar -dice Alves de Lima- y un porcentaje similar, al salir, no tiene claro cuáles fueron las indicaciones. Además, los médicos interrumpen mucho: la primera interrupción sucede a los 18 segundos, en promedio. En cambio, cuando al paciente se le permite hablar, se llega a mejores diagnósticos, se gasta menos en estudios y mejora su adherencia, algo central para un vínculo intenso y sostenido."

Por Gabriela Navarra De la Redacción de LA NACION

Juicios por mala praxis

(Télam).- Uno de cada cinco médicos afronta demandas por mala praxis en la Argentina por un monto de 3000 millones de pesos, señala la Asociación Civil de Actividades Médicas Integradas. La mayoría de estos 21.000 médicos enfrenta la acusación junto con la clínica o el hospital que lo empleó, y pese a que el 94% de esos juicios termina con el profesional absuelto, éste y el centro asistencial afrontan el 50% de las costas. Esto obligó a que el 65% de los médicos contrate seguros particulares. Las especialidades con más demandas son Obstetricia, 26%, Cirugía (25), Traumatología (14), Pediatría (10), Clínica Médica (9) y Anestesiología e Infectología (8%).

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