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Se acentúa el descenso de la natalidad

La Argentina envejece: cada año se registran menos nacimientos

Información general

Los argentinos cada vez tienen menos hijos. En los últimos 25 años el país aumentó su ritmo de envejecimiento: durante este período, el promedio de hijos por mujer disminuyó de 3,15 a 2,65 (un 16 por ciento) sin que bajara proporcionalmente la tasa de mortalidad y trepando la cantidad de personas mayores de 65 años trepó al 57 por ciento.

Ya en 1970, los argentinos ingresaron en la categoría de población envejecida, cuando sus habitantes mayores de 65 años cruzaron la barrera del 7 por ciento; pero la tendencia demográfica se fortalece por la creciente baja en los nacimientos en el país, consecuencia directa del nuevo modelo de patrón familiar.

El menor número de matrimonios, el mayor empleo de métodos anticonceptivos, la crisis económica acentuada por la desocupación y una cultura del bienestar contra la que atenta una larga descendencia confluyeron para determinar el marcado descenso en la tasa nacional de fecundidad (cantidad de hijos por mujer en su vida fértil).

No obstante, el valor permanece por encima de la tasa de reemplazo generacional estipulada en 2,1 hijos por pareja, aunque puede traspasar el umbral en pocas décadas, según estimaciones efectuadas sobre los datos actuales del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec).

Consecuencias negativas

"Estamos sufriendo la transición demográfica que los países desarrollados ya protagonizaron. En 1960, la tasa de fecundidad en el Primer Mundo era de 2,7, magnitud similar a la actual. Para 1990, ya se ubicó en 1,6, y así se invirtió trágicamente la pirámide poblacional", señaló Luis Vedoya, delegado argentino en las conferencias internacionales de Población y Desarrollo, de El Cairo, y de La Mujer, de Pekín.

Según explicó el abogado especialista en demografía, esta inversión -originada en el envejecimiento de la sociedad- "genera la crisis del sistema previsional porque una poco numerosa clase activa de jóvenes debe soportar el peso de las demandas de una aumentada clase pasiva".

El letrado Jorge Scala, autor de la publicación Instituto para la Planificación Familiar, coincidió en la evaluación de los riesgos implícitos en la interacción del descenso de la tasa de fecundidad con el aumento de la edad promedio, otro fenómeno registrado en nuestro país.

En la década del ´50, la edad mediana de la población argentina se ubicaba en los 25,7 años, mientras que en nuestros días alcanzó los 28,4 y se proyecta que para el 2025 rondará los 32,6 años. En ese momento, el 15 por ciento de los argentinos tendrá más de 60 años.

"El sector económicamente activo va decayendo. Si a esto sumamos el problema de la desocupación, el quiebre del sistema jubilatorio no podrá evitarse", consideró Scala.

Esperanza de vida

Otro paso dado en el camino al envejecimiento fue el aumento de 5 años, registrado durante los últimos cinco lustros, en la expectativa de vida que un argentino tiene al nacer, de 67,3 años en 1970 a 72 años para la segunda mitad de los ´90.

Tanto por los niveles actuales de natalidad y mortalidad como por la evolución histórica de éstos, la Argentina "forma parte del grupo de países latinoamericanos que se ubica en etapas muy avanzadas de la transición demográfica y se acerca a la etapa postransicional, caracterizada por el bajo crecimiento de la población", sentenció hace ya cuatro años el Informe Nacional sobre Población.

"La tasa de fecundidad nacional es muy baja comparada con el contexto latinoamericano. Para el subcontinente, el promedio de hijos por mujer se ubica en 3,2, el valor que la Argentina dejó atrás hace 25 años. Sólo en Uruguay, Chile y Cuba, la tasa es inferior a la de 2,65 de nuestro país", reforzó Vedoya.

El indicador varía de acuerdo con la dinámica de los grupos regionales. La Capital Federal se ubica por debajo del guarismo, con 2,2 hijos por mujer; Jujuy, por ejemplo, supera los 5,1 vástagos por madre.

Distribución de la natalidad

La baja del 16 por ciento en la tasa de fecundidad tuvo su correlato en una disminución de la misma magnitud en la tasa global de natalidad, que igualmente registra movimientos según la distribución geográfica.

Para 1970, el indicador adoptó el valor de 23,4 por mil y descendió hasta los actuales 19,8 por mil. Según las regiones, oscila desde el 33,3 por mil en Tierra del Fuego hasta el 15,2 en la Capital. Córdoba se lleva uno de los registros más bajos, con un 20,4; mientras Jujuy se ubica cerca del extremo opuesto, con 30,7 nacimientos cada mil habitantes.

"El proceso de disminución de las tasas de fecundidad y de natalidad, que en Europa tardó 200 años, sólo tomó 20 en la Argentina. Copiamos un modelo, pero a ritmo acelerado", describió Rita Barros Uriburu, asesora en temas de familia de la Cámara de Diputados.

Controversia por la ley de procreación responsable

Desacuerdo: los seguidores del proyecto dicen que el Estado debe tener en cuenta a las familias pobres; para sus detractores, tiene raíces racistas.

Ante el descenso de la tasa de fecundidad en el país, varios especialistas consideraron inapropiada la instrumentación de políticas estatales de promoción del control de la natalidad, en clara referencia a la ley de procreación responsable, que cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados.

La norma, que espera desde fines de 1995 la aprobación del Senado, prevé que los centros asistenciales del sistema público de salud puedan brindar asesoramiento sobre los métodos anticonceptivos disponibles, prescribirlos y suministrarlos.

Los detractores de la ley coincidieron en que deriva del "apostolado de la anticoncepción" que llevan adelante los centros de poder mundial para perpetuar el dominio de los países más ricos sobre los más pobres.

Apocalípticos

Luis Vedoya, delegado argentino en las conferencias internacionales de Población y Desarrollo, de El Cairo, y de La Mujer, de Pekín, afirmó que la promoción de la anticoncepción "tiene raíces en la ideología racista puesta de manifiesto en su momento por el Informe Kissinger. Los organismos internacionales se arrogan la ingeniería demográfica del mundo".

El abogado definió a la ley de procreación responsable como "una deformación de la política liberal. El Gobierno no puede unilateralmente imponer obligaciones sin responder a los derechos reproductivos".

Integrados

En tal sentido, reconoció que para las familias pobres la manutención de varios hijos puede ser un problema: "Precisamente, el Estado debe asegurar alimentación, salud y educación a la población".

Mónica Rosenfeld, de Unicef, aclaró que "las mujeres más perjudicadas por la maternidad múltiple son las de escasos recursos económicos".

Por su parte, Carlos Gurucharri, presidente de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires, también rechazó las objeciones a la sanción de esta norma. "La libertad individual de planificar una familia y de llevar adelante un embarazo no son compatibles con las estadísticas demográficas.

"Cada vez son más las patologías femeninas asociadas a la reproducción. Algunas se dan por no haber podido acceder a un anticonceptivo. Este es el hecho concreto; no se puede discursear sobre números", concluyó el especialista.

Más trabajo, menos tiempo

Aunque ignoran el contenido de las estadísticas, las familias Rensner y Vázquez reflejan en la realidad que los argentinos eligieron un patrón de familia con pocos hijos. En la opción influyó principalmente la necesidad del matrimonio de mantener la actividad laboral fuera del hogar, que atentó contra la disponibilidad de tiempo para dedicar a los chicos y ocuparse seriamente de su crecimiento.

"Cuando nos casamos, pensábamos tener dos hijos; finalmente, sólo nació Eliana. Tardó siete años en llegar y, para ese entonces, yo ya tenía 34 años. Primero decidimos esperar un tiempo para que la nena creciera antes de encargar el segundo", relató Elsa de Rensner, una traductora pública de 42 años.

Mientras tanto, ella aumentó sus horas de trabajo y, paralelamente, el empleo en una fábrica metalúrgica siguió demandando largas jornadas a su marido, Hugo, de 45 años.

"Mi madre no podía tomar la responsabilidad de cuidar a otro nieto, mi suegra había fallecido y para mí era imposible dejar de trabajar. Además ya estaba bastante grande. Entonces, descartamos la idea de tener otro chico. Elegimos concentrar nuestro tiempo libre en la nena, que hoy tiene 8 años", describió Elsa.

Algo parecido sucedió con el matrimonio de Walter y Beatriz Vázquez, un abogado de 39 años y una contadora de 38 que se unieron hace 15. Tienen dos hijos y desistieron de concebir un tercero.

"Los chicos ya crecieron y se valen por sus propios medios. Ximena es una señorita de 13 años y Federico ya cumplió 10. Nos costaría encargarnos de las tareas que implica la crianza de un recién nacido", contó Beatriz.

Los integrantes de la pareja confesaron: "Como los dos somos hijos únicos, nuestra idea original era tener tres chicos".

Sin embargo, las circunstancias los guiaron a cerrar la fábrica: "Con un bebe en la casa, yo debería reformular mis horarios y, por ende, dejar algunos clientes, con lo cual se restringirían los ingresos. Eso nos obligaría a cortar gastos que nos interesa mantener", concluyó la contadora . .

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