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Jueves 21 de julio de 2005 | Publicado en edición impresa

El terror clase B, según Romero

 
 
 

"Tierra de los muertos" ("Land of the Dead", Estados Unidos-Canadá/2005). Guión y dirección: George A. Romero. Con Simon Baker, John Leguizamo, Dennis Hopper, Asia Argento, Robert Joy, Eugene Clark y Tony Nappo. Fotografía: Miroslaw Baszak. Música: Reinhold Heil y Johnny Klimek. Edición: Michael Doherty. Diseño de producción: Arvinder Grewal. Presentada por UIP. Hablada en inglés. Duración: 93 minutos. Para mayores de 13 años con reservas.

A los 65 años, George A. Romero, uno de los grandes maestros del cine de terror clase B, regresa en excelente forma con esta cuarta entrega de la saga que inició en 1968 con ese mítico y fundacional film de ínfimo presupuesto y grandes ideas (narrativas, visuales y políticas) que fue "La noche de los muertos vivos".

Tras continuar con esas historias de zombies en "El amanecer de los muertos" (1978) y en "Día de los muertos" (1985), el director de "Creepshow" y "La mitad siniestra" aprovecha ahora todas las posibilidades en terrenos como el maquillaje, los "animatronics" (muñecos animados) y las imágenes generadas por computación para concebir en "Tierra de los muertos" un notable exponente del cine de terror lleno de acción, tensión, humor negro y suspenso, que al mismo tiempo logra mantener y potenciar la alegoría política al ofrecer una inquietante y apocalíptica mirada sobre el futuro de la sociedad de consumo tan propia de ese anarquista indoblegable que es Romero.

En un futuro cercano tan desolado como devastado por las pestes y las guerras, los zombies (o muertos vivos) se han multiplicado y apoderado de casi todos los territorios. Los pocos humanos sobrevivientes se han refugiado en ciudades amuralladas donde las diferencias sociales se han agudizado hasta niveles insostenibles. Mientras el pueblo vive en condiciones más que precarias en un submundo en el que abundan la violencia, las drogas, el tráfico de armas, el juego clandestino y la prostitución, los ricos se mantienen aislados en lujosos edificios rigurosamente custodiados.

Las fuerzas de seguridad y algunos mercenarios dispuestos a todo se encargan de impedir el avance de los muertos vivos y de saquear el mundo exterior a bordo de camiones blindados pletóricos de armas como el Dead Reckoning. En los suburbios, se sabe, no hay reglas y las matanzas de zombies se han convertido, casi, en un divertimento.

Pero mientras los humanos intentan "entretener" a sus contrincantes con, por ejemplo, festivales de fuegos artificiales e involucionan con otras prácticas cada vez más sádicas, los zombies -en cambio- evolucionan en una suerte de darwinismo de los marginados y desposeídos. Así, no tardan en surgir un líder (negro) como Big Daddy (Eugene Clark) y luego un ejército que -en una lograda parodia de "2001, odisea del espacio"- empieza a descubrir, además de sus predilecciones canibalistas, sus poderes comunicativos, sus fuerzas y, finalmente, las armas que están a su alcance. Todo queda servido, entonces, para un movimiento revolucionario de impredecibles alcances, en una película que también remite claramente a la iconografía del western y a largometrajes del contestatario John Carpenter (a su vez, un director con influencia romeriana), como "Asalto al precinto 13", "Escape de Nueva York", "Sobreviven", "El pueblo de los malditos", "Vampiros", "Fuga de Los Angeles" y "Los fantasmas de Marte".

En medio de esta lucha de clases hay, por supuesto, un grupo de (anti)héroes enviados a cumplir misiones imposibles: Riley (el australiano Simon Baker), la prostituta Slack (Asia Argento) y el tuerto Charlie (Robert Joy) se convierten en los protagonistas de la película, mientras el ambicioso mercenario latino Cholo (un hilarante John Leguizamo) y el tiránico magnate Kaufman (Dennis Hopper), una suerte de Donald Trump desquiciado, terminan siendo tanto o más amenazantes y despiadados que los propios zombies insurgentes.

Con ingenio, creatividad y su acostumbrada predilección por la estética "gore" (exhibición de vísceras, cuerpos desmembrados, baños de sangre) y el aporte de un equipo técnico muy solvente liderado por el director de fotografía Miroslaw Baszak, Romero saca el máximo provecho de los escasos (para los parámetros hollywoodenses) 18 millones de dólares que dispuso para esta muy recomendable producción independiente. Un regreso muy esperado que no defraudará a los seguidores del género. .

Diego Batlle
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