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Lunes 06.10.2008 (actualizado hace 1168 días)
Residencia de verano

Casa: tradicional y contemporánea

En Salta, Juan Gils diseñó la vivienda para sus padres conjugando principios del movimiento moderno con características constructivas locales. Volúmenes, galerías y patio
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Miércoles 27 de julio de 2005 | Publicado en edición impresa 

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En Salta, Juan Gils diseñó la vivienda para sus padres conjugando principios del movimiento moderno con características constructivas locales. Volúmenes, galerías y patio Foto: Gentileza Juan Gils

"¿Debo diseñar en un estilo que no sea contemporáneo?" Esta es la pregunta que se hizo el arquitecto Juan Gils al encarar su primer proyecto, la vivienda de veraneo para sus padres sobre la ladera de un cerro salteño, con vista a valles y quebradas multicolores. La única condición era que fuese una casa colonial, un tema del que Gils dice: "Lo viví en carne propia durante toda mi infancia y adolescencia, en veranos eternos pasados en la provincia", pero que su formación universitaria a favor de la arquitectura moderna le impedía cumplir.

Igual que muchos otros profesionales ante un pedido similar, el joven arquitecto creyó que les haría un bien a sus clientes si evitaba los techos inclinados de tejas, molduras y demás elementos decorativos tradicionales. Sin embargo, entendió que había que mantener patios, galerías y muros blancos y anchos que, además de compatibilizar con la estética del movimiento moderno, generan reparos para la lluvia y sombras, obligados por el clima del Norte. "Tomé los libros. Consulté y estudié al gran arquitecto tucumano Eduardo Sacriste (1905-1999), que me sirvió para aprender su uso de los materiales. Debo reconocer también mi admiración por el portugués Alvaro Siza, que durante el proceso de diseño de la casa ha tenido una gran influencia, sobre todo en el manejo volumétrico y formal", aclara.

Abierta al valle

En el Valle de Lerma (a 45 km de la capital y 12 de Chicoana), el acceso a la finca está en el punto más bajo del terreno, con pendiente del 55 por ciento. Un camino serpenteante y cerrado por el follaje desemboca en un patio rodeado por un muro de contención de piedra y por dos volúmenes rotados con pequeñas ventanas. La superficie cubierta es de 170 m2 y la semicubierta, de 42 m2.

En el punto de articulación entre los prismas se produce el ingreso al hall, y gracias a un enorme ventanal las visuales se abren completamente al paisaje. Desde aquí se puede acceder tanto al living-comedor con estar en doble altura como a los dormitorios, todos con visuales al valle, como al área de servicios (dependencia, baños, cocina) que mira al patio de acceso.

"Entre los varios temas que he tenido en cuenta al diseñar la casa están la topografía y el paisaje salteños. Ese constante subir y bajar sin esfuerzo y casi sin darnos cuenta intenté recrearlo en la continuidad espacial interior-exterior por medio de una terraza a la que se accede desde adentro de la casa por un medio tramo de escalera, para salir de la misma por un puente que nos conecta con el cerro. La casa en sí misma no es el tema de la composición, sino el paisaje, que intenté encuadrarlo y crear situaciones de recorrido procesional, a la manera de los griegos", concluye.

Federico Prack

Con el espíritu de antaño

"De la casa colonial salteña recuperé el patio, la galería (lugar de encuentro y un espacio muy necesario por la gran cantidad de precipitaciones en enero y febrero) y algunos materiales empleados desde hace 150 años. En este caso, la galería no tiene techos inclinados, sino que se forma debajo de una terraza mirador. Se usó madera quina (rojiza y semidura) y baldosones rojos horneados, que combinados con los volúmenes blancos y macizos son el punto más cercano de encuentro entre la arquitectura colonial y la presente", concluye Juan Gils.

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