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Malvinas y sus dolorosas secuelas

Espectáculos

"Locos de la bandera" (Argentina/2004). Dirección: Julio Cardoso. Con Piero Anselmi, Bicolás Guix, Marcos Castillo. Guión: Julio Cardoso. Fotografía: Ada Frontini. Música: Nicolás Varchausky, con la participación de Chango Spasiuk. Edición: Miguel Schverdfinger. Presentada por el Incaa y la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas. Hablada en español. Duración: 95 minutos. Calificación: para todo público.

"Locos de la bandera" aborda la nunca suficientemente debatida cuestión de la guerra de Malvinas, pero no para revisar los errores de la conducción política y militar del conflicto (y mucho menos para analizar con ojo crítico su raíz y su razón de ser), sino apuntando sobre todo al drama humano de quienes se vieron directa e irreparablemente damnificados por él.

Producida por la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur y por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, la película se nutre de los testimonios de quienes padecieron la muerte de seres queridos en las islas y de algunos de los sobrevivientes de aquella contienda, para hacer hincapié, en especial, en el doloroso proceso de duelo que ellos han vivido en estos largos veinte años en que tropezaron con el silencio, la sordera y el desinterés de una sociedad que pareció, como lo ha hecho frente a otros casos, ceñirse al chivo expiatorio y soslayar un debate crítico y racional.

Entretejidas en un marco de ficción, se suceden declaraciones, anécdotas y confesiones; se leen fragmentos de cartas, se revisan fotos, recuerdos, reliquias, habitaciones conservadas como santuarios. Frente a una cámara que visitó varias provincias en busca de este material, padres, viudas, hermanos expresan sus sentimientos, evocan a las víctimas y rememoran la pesadumbre de los días en que a la ausencia se sumaba la falta de información; muchos hablan de la fe que los sostuvo en esos momentos de angustiosa incertidumbre y, después, en el desconsuelo del luto. Y una buena porción del film se consagra a reconstruir la empeñosa lucha contra el olvido que los familiares emprendieron desde los orígenes de la comisión hasta lograr superar los obstáculos diplomáticos y concretar viajes al cementerio de Darwin, donde finalmente pudieron levantar un monumento en memoria de los caídos.

Todo este tramo de la película transmite una carga emotiva surgida -más que de la buscada apelación a cierto patriotismo que supone (o más bien exige) la unanimidad- de la sinceridad de las palabras de los familiares, de sus rostros mismos, de las imágenes que conservan. En la primera parte -probablemente la más lograda-, la guerra no se ve (apenas aparecen sus vestigios en los terrenos donde se libró la acción), pero está presente. Después, sobre todo hacia el final, aumentan los minutos de ficción que reconstruyen episodios de la lucha, quizá destinados a ilustrar los testimonios de ex combatientes sobre grandezas y miserias que se revelan en el campo de batalla o simplemente a exaltar su heroísmo. Una elección que poco beneficia al film, ya debilitado por su falta de mirada crítica.

Menos lo hace que esta visión del drama humano haya sido montada en una estructura de ficción que, como los testimonios seleccionados, responde a una interpretación única de la cuestión de Malvinas: la recuperación de un territorio sin el cual la nación estaría incompleta y que por sí misma abriría para el país una nueva etapa de plena realización de su nacionalidad. Postura que parece no admitir discrepancias y que, como escribió no hace mucho Luis Alberto Romero, es consecuencia "de más de un siglo de educación en un nacionalismo integrista que sacralizó el territorio", pero sin duda exige una revisión crítica y equilibrada. .

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