
Karl Von Clausewitz llamaba Schwerpunkt al punto decisivo, al centro de gravedad donde se decide una batalla. La provincia de Buenos Aires, con su inmenso peso demográfico, vuelve a convertirse en el Schwerpunkt de la campaña electoral de 2005. Quien gane el 23 de octubre en la provincia decidirá en su favor, otra vez, la batalla nacional. No es casual por ello que el peronismo haya destinado a Buenos Aires sus dos primeras damas, en aparente pugna entre ellas.
Los votantes kirchneristas apoyarán a la señora de Kirchner, y los votantes duhaldistas, a la señora de Duhalde. Un tercer segmento de los votantes bonaerenses, en cambio, está en la duda: es el electorado no peronista. Es un segmento estratégico, no sólo por su propio peso específico, sino también porque inclinará el fiel de la balanza entre las dos damas peronistas. Según el electorado no peronista vote mayoritariamente por el kirchnerismo, por el duhaldismo o por el candidato no peronista con más posibilidades, sea López Murphy o algún otro, así resultarán las cifras finales de Buenos Aires. El electorado no peronista de la provincia promete ser así el Schwerpunkt del Schwerpunkt en la batalla que se avecina.
Cuando logra unirse, el electorado no peronista tiene un potencial formidable. En 1997, Graciela Fernández Meijide derrotó a la señora de Duhalde en Buenos Aires. En 1999, De la Rúa derrotó a Duhalde en el orden nacional. Cuando el electorado no peronista queda perplejo o dividido, en cambio, no es rival para el peronismo. ¿Cómo le irá entonces al peronismo en 2005? Dependerá del no peronismo.
El no peronismo resultó derrotado en la elección presidencial de 2003. Pero ello no se debió a una victoria frontal del peronismo, como en 1989 y 1995 con Menem, sino a una brillante maniobra envolvente del ajedrecista Eduardo Duhalde. Al día siguiente de su derrota en 1999, Duhalde se propuso superar el desafío del no peronismo. Empezó por desestabilizar con éxito al débil De la Rúa. Obtuvo gracias a ello la presidencia provisional a comienzos de 2002. Ideó después una estrategia para evitar tanto el regreso de Menem como el regreso del no peronismo.
Buen lector de encuestas, Duhalde sabía que tres de cada cuatro argentinos habían anticipado que no votarían de ningún modo por Menem. ¿Qué hizo entonces? Permitió la triplicación de las candidaturas presidenciales del peronismo sin dar cumplimiento a la ley de internas abiertas que él mismo había promulgado. De los tres candidatos peronistas -Kirchner, Rodríguez Saá, Menem- que llegaron a la elección final, la candidatura crucial para Duhalde era la de Menem. Si el ex presidente llegaba a ocupar alguno de los dos primeros lugares en la primera vuelta, se aseguraría su participación en la segunda vuelta. Dado el alto índice de rechazo a su candidatura, si Kirchner, el candidato de Duhalde, también llegaba a la segunda vuelta, tendría asegurada la presidencia.
Controlado el peligro de Menem, el peligro que le quedaba por conjurar a Duhalde era que algún candidato no peronista se filtrara en la segunda vuelta. López Murphy estuvo cerca de conseguirlo. Pero en los últimos días de la campaña una feroz propaganda negativa de origen oficial lo alojó finalmente en el tercer lugar. De este modo, Duhalde, después de haber bloqueado a Menem, bloqueó al no peronismo y le allanó el paso a Kirchner, quien habría obtenido el 75 por ciento de los votos en la segunda vuelta si Menem no lo hubiera dejado con su magro 22 por ciento inicial al retirarse de ella.
La maniobra duhaldista de 2003 resultó así uno de los mayores ejemplos de destreza política (si bien inescrupulosa, al margen de la ley) que conoce la historia argentina.
Kirchner y DuhaldeSe presume que una alta proporción de los no peronistas es, también, no kirchnerista. Esta cifra quizá decisiva de votantes ¿a quién debería apoyar en Buenos Aires? ¿A la señora de Duhalde, porque es la presunta rival de la señora de Kirchner, o al candidato no peronista mejor ubicado, sea López Murphy o algún otro?
Es razonable pensar que, si la ruptura de Kirchner y Duhalde fuera definitiva, los votantes no peronistas tendrían una poderosa motivación para votar por la señora de Duhalde, con el fin de asegurarle una buena elección contra la señora de Kirchner. Pero recién se enterarán de si esa ruptura es definitiva a partir del 24 de octubre, porque sólo entonces se sabrá si, pasadas las asperezas de la campaña, el duhaldismo y el kirchnerismo hacen las paces.
De esta manera, los votantes no peronistas y no kirchneristas se encontrarán frente al dilema de decidir entre las dos variantes que hoy se les presentan sin saber de antemano si la ruptura entre Kirchner y Duhalde es ficticia o es real. Tendrán que emitir su voto en el presente a cuenta de un futuro que, en el momento de votar, no conocerán.
Ya que no podrán hacerlo con certeza por carecer de un dato esencial del futuro; tendrán que moverse, entonces, por conjeturas. Lo mejor para el no peronismo sería que su decisión, en un sentido o en el otro, fuera monolítica, para evitar una división que lo debilitaría. Como no podemos darle esa certeza de la que carecerá hasta el día después de los comicios, sólo le quedará al no peronismo intentar un cálculo de probabilidades.
¿Se repetirá la historia?La pregunta decisiva en este sentido es la siguiente: ¿repetirá o no repetirá Duhalde en 2005 la estrategia de 2003? Hace dos años, Duhalde digitó a Kirchner como su sucesor mediante el método que ya conocemos. Después, desde 2003 hasta hace un par de semanas, cuando comenzó la campaña electoral, siguió apoyando invariablemente al presidente Kirchner en el Congreso, tanto en sus proyectos de leyes como en sus propuestas de jueces para la Corte Suprema, entre ellos el polémico Zaffaroni. Convenció, asimismo, varias veces al vital ministro Lavagna para que siguiera en el cargo pese a los reiterados desplantes de su sucesor.
Lo que más impresiona en esta continuidad del apoyo de Duhalde a Kirchner es que, cuando llegó el momento de la designación de los candidatos para esta campaña, repitió puntualmente la maniobra de 2003 para que el no peronismo se viera inducido a escoger otra vez entre esas dos variantes del peronismo que son las señoras de Duhalde y de Kirchner, porque volvió a ignorar la ley de las internas abiertas. Si Duhalde mantiene la coherencia con lo que hizo en 2003, resulta predecible que use la aparente división del peronismo para aumentar significativamente sus bancas legislativas, ya sean duhaldistas o kirchneristas, sumándolas de nuevo al día siguiente de la elección. Hay quienes suponen que esta convergencia, que recién se anunciaría el 24 de octubre, ya ha sido acordada con Kirchner.
Dividiéndose en tres, el peronismo bloqueó el camino al no peronismo hace dos años. Ante el buen resultado que logró entonces, ¿por qué habría de actuar de otra manera ahora, dividiéndose no ya en tres sino en dos?
Si éste va a ser el escenario más probable, los votantes no peronistas que se inclinen de ahora en más por la señora de Duhalde para contener a la señora de Kirchner se verán nuevamente defraudados de aquí a 85 días, cuando Duhalde y Kirchner se reconcilien, haciendo por segunda vez el papel del novicio frente al consumado ajedrecista.
Por Mariano Grondona