Entrevista: Robert Rodriguez y Frank Miller
La ciudad sin límites
Pasado mañana se estrenará el film "La ciudad del pecado", basado en la serie de novelas gráficas de Frank Miller, en el que Quentin Tarantino participó como director invitado
CANNES.- Robert Rodriguez y Frank Miller llegan al legendario hotel Martinez de Cannes sorteando a una multitud de curiosos que les ofrecen un tratamiento de estrellas. En este festival -se sabe- el glamour convive naturalmente con la cinefilia y los directores son recibidos con el mismo o mayor fervor que los actores más conocidos.
A pocos metros, otra legión -esta vez de periodistas- los espera para múltiples entrevistas pautadas por la agencia DDA con el equipo de "La ciudad del pecado" ("Sin City"), la versión cinematográfica del aclamado cómic de Miller que recupera el submundo del film-noir: antihéroes trágicos, policías vendidos, mujeres fatales, asesinos seriales, matones de poca monta, políticos y clérigos corruptos. Acción, violencia, sangre, erotismo, traiciones y algunos toques de sadismo y perversión se combinan para un largometraje que -de manera sorpresiva y no sin acaloradas polémicas- llegó a la competencia de Cannes. Más allá de los indudables valores estéticos del film, seguramente la presencia de un elenco multiestelar encabezado por Bruce Willis, Mickey Rourke, Benicio del Toro, Elijah Wood, Jessica Alba, Rosario Dawson, Carla Gugino, Michael Madsen, Brittany Murphy, Clive Owen, Nick Stahl, Josh Hartnett y Rutger Hauer fue demasiado tentadora como para que los programadores del festival se dieran el lujo de soslayarlo.
Con su inconfundible sombrero de cowboy, que no se saca ni por un instante, el texano Rodriguez llega bromeando con su compinche Miller a la entrevista con LA NACION. Para el prolífico director (10 largometrajes en poco más de una década, además de cortos, trabajos para televisión, videojuegos y publicidades), de 37 años y 1,90 metros de altura, la presencia, primero en el set de filmación y ahora en la Croisette, del célebre guionista y dibujante de historietas es, como él mismo admite, "un lujo impagable, un sueño cumplido", producto de la admiración que alcanza por momentos a la veneración que siente por el trabajo de quien ha creado no sólo la saga de "Sin City", sino que ha participado también en la renovación de clásicas tiras como "X-Men", "Batman" o "El Hombre Araña".
-¿Cómo llegaron a filmar juntos "La ciudad del pecado"?
Frank Miller: -Yo había tenido experiencias muy desafortunadas en Hollywood, así que había decidido no vender los derechos de "Sin City" a ningún precio. Era una promesa que me había hecho porque es la obra de mi vida. No quería verla bastardeada en pantalla y arrepentirme luego por haberme dejado tentar por un buen cheque.
Robert Rodriguez: -Yo traté de convencerlo diciéndole que íbamos a trabajar juntos, que soy un fanático de su obra y que iba a respetar todos sus deseos. No hubo caso. Entonces decidí filmar la primera escena con Josh Hartnett y Marley Shelton con mi propio dinero, hacer los efectos especiales en mi estudio, montarla y llevársela a Frank. “Acá tenés el comienzo de la película –le dije–; si no te gusta, quedate con un corto para mostrárselo a tus amigos. Menos mal que le gustó...” (risas).
–¿Cómo armaron la producción y cuáles fueron las principales ideas para esta transposición?
Rodriguez: –Para mí, “La ciudad del pecado” no es una transposición porque nos planteamos un objetivo mucho más concreto y al mismo tiempo bastante más complicado: trasladar el cómic a la pantalla, filmar directamente la historieta, no adaptarla. Usamos los cuadritos como storyboards. No hubo guión porque el guión eran los propios libros de Frank. El tiene una concepción narrativa y visual tan impecable que no hacía falta agregar nada: los libros de “Sin City” eran hasta entonces la mejor película jamás filmada. Por eso, para mí ésta es una película de Frank Miller y no tanto mía, aunque yo le haya podido agregar todos mis conocimientos sobre el rodaje con cámaras de alta definición (HD) y pantalla verde de fondo para luego incorporar todos los efectos por computadora, experiencias que ya había acumulado durante la saga de “Miniespías”. También cumplí un viejo deseo: hacer un film-noir, un relato propio de la pulp fiction, pero con un look mucho más moderno, no un simple ejercicio de estilo y de nostalgia. Lo concreto es que nadie en Hollywood, salvo nuestros amigos los hermanos Weinstein, habría producido un film en blanco y negro con tantos personajes y con esta propuesta estética.
–Tuvieron un elenco que muy pocos directores pueden reunir.
Rodriguez: –Sí, pero eso es porque los Weinstein, Quentin [Tarantino] y yo tenemos cierto poder y prestigio dentro de la industria y nos hemos hecho de muchos amigos que aceptan trabajar por un salario simbólico. Muchos venían un par de días al set, como Mickey Rourke y Elijah Wood.
–¿El hecho de manejar un presupuesto acotado fue importante para hacer el film de esta manera?
Rodriguez: –Absolutamente. Nosotros gastamos 45 millones de dólares cuando cualquier otro director habría necesitado por lo menos 100 o 150. El hecho de filmar rápido y barato me da una libertad absoluta. Por contrato, retengo siempre el corte final y el control sobre todas las etapas de producción, incluido el marketing. Si uno gasta poco dinero tiene menos presiones por parte de los estudios y arriesga menos el futuro de su carrera, porque no necesita recaudar tanto. Yo filmo en Austin, mi ciudad, siempre con un equipo reducido de notables y eficientes colaboradores, y hago la posproducción y la edición en mi propio estudio, que está enfrente de mi casa. Yo aprendí todo de mi amigo George Lucas y hoy filmo con dos cámaras HD iguales a las que él usó en “Star Wars”. Mientras hacía “La ciudad del pecado” filmaba simultáneamente “Las aventuras del Niño Tiburón y la Niña de Fuego 3D” y pienso seguir trabajando así, en múltiples proyectos. El año que viene arrancaremos con la segunda parte de “La ciudad del pecado”.
–¿Cuál fue el aporte de Tarantino, que aparece como “director invitado”?
Rodriguez: –Vino varias veces al set para familiarizarse con la técnica de la alta definición y quiso participar del proyecto. Somos amigos y compinches. Yo dirigí partes de “Tiempos violentos”, por ejemplo. El rodó una escena entre Benicio del Toro y Clive Owen en un auto y le incorporó muchos cambios y su mirada personal a ese fragmento. Además, cumplió con una promesa. Cobró un dólar por ese trabajo y me devolvió el dólar que yo le había cobrado por hacerle la música de “Kill Bill” [risas]. Nosotros trabajamos así, sin prejuicios ni ataduras. Por eso, porque no nos permitían incluir a Tarantino y a Frank Miller en los créditos, renunciamos todos al Directors Guild of America (DGA), el penoso sindicato de los directores norteamericanos.
–La violencia en el film es muy gráfica y explícita, ¿tuvieron algún problema con la censura en su país?
Rodriguez: –No, porque justamente la estilización de esa violencia la hace mucho menos sórdida y realista. Apostamos al artificio del film-noir.
Miller: –La idea de que la violencia extrema puede inducir al público a trasladar esa carga a la vida real es un absurdo, un facilismo, una muestra más del sensacionalismo periodístico. Los comportamientos no se reproducen de manera automática. El problema no es el cine. En Japón tienen el cómic y las películas más violentas del mundo y la tasa de criminalidad es mucho más baja que en la mayoría de las sociedades. Igual, siempre tuvimos en claro que “La ciudad del pecado” no es una película para chicos, sino para jóvenes y adultos. .
Por Diego BatllePara LA NACION
