Un viaje fílmico por la nueva Rusia
"Caminos a Koktebel" ("Koktebel", Rusia/2003). Guión y dirección: Boris Khlebnikov y Alexei Popogrebsky. Con Gleb Puskepalis, Igor Chernevich, Vladimir Kucherenko y Agrippina Steklova. Fotografía: Shandor Berkeshi. Edición: Ivan Lebedev. Diseño de producción: Gennadiy Popov. Producción hablada en ruso con subtítulos en castellano y presentada por Eurocine. Duración: 105 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: Muy buena
Diseñada con enorme paciencia durante más de un lustro y concebida finalmente con absoluto rigor y convicción, esta opera prima de los treintañeros Boris Khlebnikov y Alexei Popogrebsky es una muestra más del resurgimiento del nuevo cine ruso. Con varios aspectos estéticos, narrativos y dramáticos que la vinculan con "El regreso" -el exitoso film de Andrei Zvyagintsev que ganó el Festival de Venecia en 2003-, aunque bastante más contenida, austera y menos trágica, "Caminos a Koktebel" es una road-movie minimalista y existencial que narra el viaje de un ingeniero viudo y desempleado con su hijo de 11 años desde Moscú hasta la casa de su hermana ubicada en la ciudad del título, en la península de Crimea, junto al Mar Negro. Una odisea concretada a pie, a dedo o viajando clandestinamente en trenes de carga, a lo largo de 2000 kilómetros por las inabarcables, por momentos imponentes y fantasmagóricas geografías de Rusia y Ucrania, en busca de un destino mejor, de un sueño de recuperación, de una nueva vida.
El film está concentrado en los vaivenes de esa relación padre-hijo: las lealtades y los reproches, el orgullo y la culpa, la autoridad y la rebeldía, la responsabilidad y la confianza, los sobreentendidos y las complicidades implícitas entre dos seres golpeados, pero no definitivamente derrotados. En ese largo periplo empiezan a aflorar las heridas más profundas, a develarse los misterios más íntimos. Contenida y despojada, esta progresión dramática desemboca en un desenlace de gran emotividad que los dos directores trabajan con ductilidad, sutileza y sensibilidad, sin caer jamás en el sentimentalismo ni el golpe bajo.
Pinceladas de humor
Los realizadores y guionistas aciertan también en los pocos encuentros que padre e hijo mantienen durante la travesía: sobreviven con "changas" como arreglar el techo de la casa de un viejo con rasgos psicopáticos que les ofrecerá trabajo, hospedaje y más de un susto, o se topan con una atractiva doctora que atravesará la coraza emocional del hombre.
Con sus pinceladas de humor, con su rica espiritualidad, con su lirismo jamás subrayado, con el gran trabajo del fotógrafo Shandor Berkeshi para transformar la inmensidad de los imponentes parajes en un personaje más, "Caminos a Koktebel" encuentra además a dos notables protagonistas. Si la película opta por priorizar el punto de vista de un niño tan querible como inteligente y sensible, por suerte esa mirada está completamente alejada de la demagogia y la edulcoración tan usual en el cine contemporáneo.
Con reminiscencias del cine de Andrei Tarkovsky, especialmente de "El espejo", estos debutantes (de insólita madurez artística) concretan un pequeño gran film destinado a ese segmento de público que apuesta al riesgo y al cine que lo desafía, a un espectador dispuesto a pensar y sentir por sí mismo. En este sentido, "Koktebel" deja suficiente sedimento como para seguir indagando y reflexionando cuando se prenden las luces. .
Diego Batlle