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Con genio y con talento

Qué hacen algunos chicos superdotados un sábado a la tarde

Viernes 12 de agosto de 2005

Aunque le insistan, Lucca no quiere pedir nada para él: mejor, una herramienta para su padre (y no les llama la atención a los que saben que para Navidad pidió una florcita). Joan prefiere pensar en inventos que salven al mundo. Ezequiel sería feliz con un buen libro de física y Santino suspira por una enciclopedia que le enseñe más sobre Egipto. Está claro que en el Día del Niño los pedidos de regalo pueden ser de lo más heterogéneos. Todavía más si los agasajados son especialmente talentosos, superdotados o, directamente, genios.

En la Fundación para la Evolución del Talento y la Creatividad (fetc@fibertel.com.ar) el ruido es ensordecedor. "Es que los adolescentes están esperando que llegue Juani, el profesor de música", explica con infinita paciencia María del Carmen Maggio, directora de la entidad desde 1990, y también delegada del World Council for Gifted and Talent Children (Consejo Mundial para Chicos Dotados y Talentosos) en la Argentina.

Mientras tanto, en una de las salas contiguas están los más chicos, supervisados por Laura Milisenda, psicóloga y coordinadora del Taller de Enriquecimiento. Ella explica: "Acá no trabajamos como en la escuela tradicional. Los chicos vienen y hacen aquello que les gusta: pueden pintar, tocar un instrumento, hacer ejercicios de física, química o matemática. Sólo depende de ellos, nosotros los ayudamos".

En el grupo se destaca Lucca Piancatelli, que tiene 4 años y deletrea a la vez que ordena con firmeza: "Que escriban mi nombre con doble c porque es de origen italiano".

El chico es todo un prodigio: "Al año y dos meses comenzó a aprender el abecedario. A los dos, me preguntó: ¿Qué es eso? Y le dije: El número siete. Que no me pregunten cómo hizo, pero antes de cumplir los 3 sabía el resto de los números y además había aprendido solo a leer", explica Rubén, padre del inquieto Lucca. "Que a pesar de estar en jardín de infantes está listo para pasar por lo menos a segundo grado", agrega su padre con una mezcla de orgullo y algo de incertidumbre.

A unos metros, Ezequiel Goyehenespe y Joan Rojas, de 9 años, trabajan en equipo, y lo que más los entusiasma son los proyectos relacionados con la robótica y la física. Con materiales reciclados, arman la maqueta de una lancha inteligente que, según dice un poco cada uno, "transformará primero el agua en gas y después el gas en energía eléctrica". Igual, aclaran: "Es sólo un proyecto".

Los 18 niños y adolescentes que participan de los talleres del FETC trabajan según sus aptitudes e inclinaciones naturales tras ser evaluados por un equipo de psicólogos y docentes. Se reúnen todos los sábados, a la tarde, en Paseo Colón 533, en un espacio cedido por la Universidad Católica de Salta.

"El chico talentoso es el que se destaca en un área del conocimiento humano. El superdotado lo hace en varias de ellas. Y el genio trata de modificar la realidad con ideas revolucionarias, como Albert Einstein", explica Maggio.

Como para no aburrirse

En el grupo de los adolescentes, Santiago Palma, de 13 años, con remera de Joey Ramone, deja de rasguear la guitarra, se acomoda un mechón de pelo rubio detrás de la oreja y cuenta que lo suyo es la informática, actividad a la que le dedica cantidad de tiempo desde... los 3 años. "Pero no es que me interesaban los jueguitos. Yo quería saber qué había detrás de eso, y así empecé." Desde los 4, Palma puede programar en Java, HTM y HTML. Así, a los 6 empezó a participar de foros de Internet especializados en el tema. "Ahí aprendí la mayoría de los lenguajes que actualmente conozco."

En la escuela, en cambio, se aburría. Como la mayoría de sus compañeros. "A estos chicos les es difícil aceptar normas, y mucho menos cuando no son justas", dice Jaquelin Rojas, madre de Joan. Y sigue Maggio: "En muchos casos se trata de chicos que tienen pensamiento metafísico a los 3 o 4 años. ¿Cómo le explica uno entonces ésta es la regla para aprender las tablas?"

Ya es hora de irse. Pero antes, Federico Calise, de 8 años, corre a mostrar el sistema planetario que inventó (basándose en datos reales) y que bautizó Rarus Solar. Lucca y Santino Cantisano, de 5 años, tratan de meter mano en la solución química que generaron entre todos.

Sólo en caso de que se aburran en casa en el Día del Niño llevarán de tarea algunos problemas de ingenio. Para la próxima reunión deberán crear una ciudad diferente, con sistema político incluido. Y descifrar cómo se hace para subir a la bañera, en el caso de medir apenas tres centímetros. Ellos, seguro, lo resolverán.

María Ezcurra

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