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Ampliará las salas de exhibición el Museo de Arte Decorativo

El despacho que ocupaba el director será renovado para mostrar colecciones

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LA NACION
Viernes 12 de agosto de 2005

Hacía más de 20 años que el Museo Nacional de Arte Decorativo-desde 1965 restringido por una acuciante falta de espacio- no sumaba superficie para la exhibición permanente de su acervo, integrado por 4300 piezas que representan un alto testimonio de las artes decorativas europeas desde los siglos XVI hasta el XX.

A fines de octubre próximo, cuando concluyan las obras de restauración y puesta a punto del dormitorio y la antecámara que alguna vez ocupó Matías Errázuriz (h.) en el primer piso del palacio proyectado por el francés René Sergent (el mismo que diseñó la actual residencia del embajador de EE.UU. y el palacio Sans Souci, en San Fernando), otra será la historia.

La colección Imperio, de estructura lineal y maciza, ornamentada con bronces cincelados, es "única en los acervos públicos de nuestro país" y su incorporación al guión del museo permite "continuar la secuencia estilística y didáctica de las decoraciones dedicadas a los estilos Renacimiento francés, Luis XIV, Regencia, Luis XV, Luis XVI y Directorio que exhibe el museo", señaló a LA NACION su director, Alberto Bellucci.

La colección Imperio comprende piezas de estilo francés
La colección Imperio comprende piezas de estilo francés. Foto: Soledad Aznarez

La ambientación mostrará las nueve piezas del juego de dormitorio estilo Imperio, que la familia Ocampo le donó al museo cuando se creó, en 1937, luego de que el Estado nacional le comprara a la familia Errázuriz la residencia de estilo academicista francés, parcialmente inspirada en el palacio de Versailles.

En total, se exhibirán 40 piezas, con algunos ejemplos de estilo precedente, el Directorio, incorporadas en diversas donaciones a lo largo de los años.

El estreno de la sala, que antes servía de despacho al director, fue posible gracias al mecenazgo de un joven arquitecto, Andrés Rosarios, de 32 años, que se entusiasmó con el proyecto y financió en su totalidad las obras, con un costo de US$ 25.000. Bellucci destacó su férreo compromiso y asesoramiento profesional en la ejecución del proyecto.

"Es loable y meritorio lo que este joven ha hecho. Puso el dinero, nos ayuda en la supervisión de las obras y la contratación del personal especializado y, además, atrajo nuevos donantes, que aportaron materiales y piezas para la nueva sala", afirmó el director.

Según contó Hugo Pontoriero, jefe del Departamento de Museología del museo, de donde surgió en 2000 del proyecto de la sala Imperio, hacía tiempo que querían llevar adelante esta obra. "Pero no encontrábamos quién la solventara. La Asociación Amigos del museo financió el traslado y equipamiento de las antiguas oficinas del personal y del director a la mansarda del edificio y Rosarios no dudó en apoyarnos", dijo.

Pasar la antorcha

En diálogo con LA NACION, el joven arquitecto confió que su intención es instar a "que otros argentinos asuman la responsabilidad de contribuir con el país y su gente, alentando el crecimiento de las instituciones culturales mediante el entendimiento de que para dar no es necesario ser una empresa multinacional o ser millonario". Y agregó: "Yo no lo soy y preferí hacerlo en vez de comprarme un auto importado, por satisfacción personal y profesional. Y porque creo que hay que honrar a toda una generación de donantes que desinteresadamente nos legaron sus posesiones y apostaron al país. Ahora nos toca esa antorcha".

Las obras en curso comprenden la puesta en valor edilicia de los dormitorios (80 m2), con la supresión de las intervenciones que Ignacio Pirovano -el primero de los cuatro directores que ha tenido el museo en su historia- realizó en los años 40; la restauración del mobiliario, algo deteriorado por las condiciones extremas de humedad y temperatura que tiene la mansarda, donde por 40 años descansaron las piezas; la colocación de una chimenea de carrara estilo Imperio, junto con la restauración de todos los herrajes de los ambientes y la colocación de entelados en moirée color oro y sedas francesas verde agua para los cortinados, que prometen una decoración deslumbrante.

Desde 1960 no se expone en el museo el juego Imperio, realizado en madera de roble enchapada en tejo y caoba, con aplicaciones de bronce cincelado. La primera propietaria del mobiliario fue Adela O. de Heimendahl, tía abuela de Victoria y Silvina Ocampo, quien lo adquirió en los anticuarios franceses Lamary, Seligmann y Cambray, en París, hacia 1880.

Bellucci apuesta a que una vez concretada la mudanza del Museo de Arte Oriental, que conserva embaladas desde hace dos años en el primer piso de la mansión las 3200 piezas de su patrimonio, el museo pueda finalmente expandirse.

"Nuestro gran anhelo es poder armar los dormitorios de Josefina de Alvear de Errázuriz y de su hija, con el mobiliario Luis XVI, y poder ambientar por etapas esas habitaciones para que el público pueda recorrerlas", comentó Bellucci, consciente de que su proyecto depende de una definición política de la suerte del Museo de Arte Oriental, cuya incertidumbre le resta metros de exhibición al Museo de Arte Decorativo.

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