El análisis
El cuerpo, un campo para probar los límites
Por Graciela Peyrú
Para LA NACION
Los adolescentes actúan con la finalidad de no sentirse excesivamente controlados por los adultos y necesitan eventualmente llegar a desarrollar sus propios controles autónomos.
En el proceso de separarse de sus padres, y de tratar de lograr reconocimiento como individuos, realizan diversos actos de rebeldía que expresan tanto las búsquedas de independencia como la necesidad de dependencia.
Numerosas conductas impulsivas de los adolescentes, como drogarse, realizarse tatuajes, piercing, consumir alcohol, expresan sus contradicciones. Por un lado, su necesidad de seguir vinculados de modo dependiente a los padres y a otros adultos significativos de su familia.
Y por el otro, su independencia y la necesidad de desarrollo de una identidad individual.
Los conflictos que surgen entre estas dos tendencias constituyen la trama misma del desarrollo adolescente y explican parte de la confusión que ante ellos sienten los adultos.
En general, los tatuajes y el piercing se caracterizan por ser la expresión de impulsos no totalmente aceptados por los propios adolescentes, de montos de ansiedad altos. Este tipo de conducta se expresa en la celeridad de la acciones, que se realizan sin meditar los riesgos que se corren.
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En muchas ocasiones, debido a estos distintos componentes, estos actos incluyen aspectos destructivos y autopunitivos. En la adolescencia, la puesta a prueba de los límites y las conductas rebeldes son fenómenos psíquicos normales y deben ser considerados con flexibilidad por los adultos, ya que son parte del desarrollo de los procesos de separación/individuación de la etapa.
Tanto los padres como los hijos encuentran difícil realizar las tareas del desprendimiento mutuo.
En ocasiones, la necesidad de dependencia se expresa en los aspectos llamativos y detonantes de acciones que implican riesgo o desfiguración definitiva, como el tatuaje o el piercing, en las que los jóvenes parecen estar preguntando: "¿Me vas a cuidar y proteger de manera que yo sienta que te importo y te intereso tanto como para poner un límite a mis actividades destructivas?"
Es en esta etapa de la vida que los padres necesitan aprender a ejercer su autoridad legítima de protección, sin violentar las necesidades de independencia que se expresan en esa misma conducta.
Llegar a acuerdos consensuados sobre las conductas que incluyen daño potencial significa, de parte de los padres, poner límites, al tiempo que afirman: "Podemos estar de acuerdo en tu cuidado y tener una relación afectuosa y significativa, más allá de que sigas desarrollando tus propios gustos, tus criterios y tu propia identidad". .
La autora es psiquiatra y directora de la Fundación para la Salud Mental.