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Seis personajes en busca del mar

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"El viaje hacia el mar" (Uruguay- Argentina/2003). Dirección: Guillermo Casanova. Guión: Guillermo Casanova, Julio César Castro, basado en un cuento de J. J. Morosoli. Con Hugo Arana, Julio César Castro, Julio Calcagno, Diego Delgrossi, Héctor Guido, César Troncoso, Aquino. Fotografía: Bárbara Alvarez. Edición: Santiago Svirsky. Música: Jaime Ross. Presentada por Cinemagroup. Hablada en español. Duración: 80 minutos. Calificación: apta para todo público.
Nuestra opinión: Muy buena

Minas, un pequeño pueblo uruguayo del interior, un feriado patrio, a principios de la década del 60. Bullicio, fiesta, un barrendero que simula tocar el tambor, un viejo que vende billetes de lotería, un funeral, un enterrador que se queja de la tierra, resistente a su pala. Una mañana soleada, un bar, un forastero trajeado y con un maletín, que llega en micro no se sabe de dónde y confía en seguir viaje apenas pueda. Una mesa, un vaso de caña, diálogos de rutina. En la misma mesa se sientan uno tras otro Rataplan, Quintana, Siete y Tres Diez y su perro Aquino. Ellos esperan a Rodríguez, al Vasco, y al viejo camioncito rojo, que los llevará a conocer el mar por primera vez. También subirá, invitado por el trío aquel hombre del que ni siquiera conocen su nombre, ni a qué se dedica, ni cuál es su destino, sólo que les cayó simpático porque amablemente los convidó con caña y lleva consigo dos botellas de repuesto.

De pronto aparece el camión de Rodríguez, un hombre que está convencido de emocionar a sus amigos, como nunca antes, al llegar a ese lugar mítico. Sin embargo, lo importante no parece ser el mar, sino lo que representa viajar a un lugar soñado, deseado. Así de simple, así de profundo, como mirar el horizonte con la esperanza de alcanzarlo. Un imposible.

Un cuento memorable

Guillermo Casanovas debuta como director de largometrajes con "El viaje hacia el mar", todo un acontecimiento para un uruguayo que creció viendo el cine que se hacía en todo el mundo menos en su país y no imaginaba que a cien años del invento de los hermanos Lumière, comenzarían a surgir películas con identidad propia.

El resultado es sorprendente. En primer lugar por la elección del relato publicado en 1952 por Juan José Morosoli, un baluarte de la literatura uruguaya de la conocida como Generación del 30, oriundo precisamente de Minas, que publicó numerosos trabajos periodísticos y literarios en diarios y revistas de su pueblo y en Montevideo, rescatado hacia fines del siglo XX. En segundo lugar, por la acertada adaptación de Casanova con el aporte del recordado Julio César Castro (Juceca), el escritor también uruguayo creador del personaje Don Verídico y que por un cuarto de siglo libretó a Luis Landriscina (murió a poco de terminada esta producción) capaz de transmitir mucho a partir de unos pocos trazos, los suficientes como para describir a personajes entrañables. Más acertado todavía resulta que sea el mismo Castro el intérprete de Siete y Tres Diez, un viejo con respuestas irónicas para todo, de esos que se encuentran en cada pueblo, en cada barrio, siempre acompañado por su perrito Aquino.

La elección del resto del elenco también es impecable. Hugo Arana aporta su larga experiencia delante de las cámaras para componer sin necesidad de dar demasiadas vueltas a la sintética descripción de Morosoli, a ese camionero respetado que lleva a su gente a descubrir qué es lo que realmente se esconde, allá lejos, en esa inmensidad donde cielo y agua se tocan. Lo mismo ocurre con el veterano Julio Calcagno (que hace más de una década forma parte de la Comedia Nacional), el también humorista Diego Delrossi, con César Troncoso como el enigmático hombre de la ciudad que se suma a la aventura y Héctor Guido, como el vasco.

En el camino

"El viaje hacia el mar" es una película uruguaya "del camino", tan rigurosa y austera como genuinamente artesanal, pura e inocente, en sintonía con el público, en especial el rioplatense. Aquí se descubren el paisaje rural con sus colores familiares, los verdes intensos, los dorados, los amaneceres y los crepúsculos, fotografiados con prolijidad por Bárbara Alvarez.

Otro aporte fundamental es el de la música: tres temas de Jaime Ross, que supieron captar la esencia de Morosoli y la belleza, también simple, del paisaje rural de la vecina orilla, "Mimosa", "Te quería decir" y muy especialmente "Domingo de mañana".

Dicen que Morosoli vivía aferrado a Minas, pero siempre soñaba con viajar, alguna vez, a Europa, del otro lado del mar. Cuando estuvo a punto de hacerlo murió, mientras dormía, el amanecer del 29 de diciembre de 1957. Con su opera prima, Casanova logra sacarlo definitivamente de aquel pueblo de Lavalleja, y así multiplicarlo en muchas pantallas, dentro y fuera del Uruguay, con toda su poesía, como esperaba desde hace casi medio siglo. .

Claudio D. Minghetti
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