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Sabores y saberes en una fábula griega

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LA NACION
Jueves 01 de septiembre de 2005
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"La sal de la vida" ("Politiki Kouzina"/"A Touch of Spice", Grecia/2003, color; hablada en griego e inglés). Dirección: Tassos Boulmetis. Con George Corraface, Tassos Bandis, Basak Köklükaya, Ieroklis Michailidis, Renia Louizidou, Stelios Mainas, Markos Osse, Thodoros Exarchos. Guión: Tassos Boulmetis. Fotografía: Takis Zervolulakos. Música: Evanthia Reboutsika. Edición: George Mavropsaridis. Presentada por Distribution Company. 108 minutos. Apta para todo público. Nuestra opinión: buena

Memorias de infancia y juventud, un poco de realismo mágico, bastante color local, algún toque romántico, personajes pintorescos y queribles, un cambiante marco histórico que incide en sus vidas o les tuerce el rumbo y, por sobre todo, una antigua tradición culinaria que se transmite de generación en generación e incluye o traduce el sabio conocimiento de la vida.

Como todas las recetas, la de este film que obtuvo gran éxito en Grecia y fue aspirante al Oscar también está hecha para complacer. No hay otros secretos en la hechura de esta fábula que la hábil combinación de los ingredientes, el indispensable cuidado en la presentación y el propósito -estimable, claro- de proporcionar un rato de entretenimiento razonable con moderadas dosis de nostalgia, emoción y humor.

Cautivante atmósfera de cuento oriental, con sesgo gastronómico
Cautivante atmósfera de cuento oriental, con sesgo gastronómico.

Tassos Boulmetis se inspira aquí en su propia biografía y recupera historias vividas por su familia, perteneciente a la colonia griega de Estambul, pero esa voluntad de expresión personal no lo ofusca: se lo percibe muy atento al efecto que cada elemento de su film puede causar en el espectador y esa actitud lisonjera, sumada a cierta gravedad más o menos velada, restan al cuento algo de espontaneidad y ligereza.

Entre Turquía y Grecia

La vida de Fanis, el protagonista y álter ego del realizador, ha sido decisivamente marcada por la personalidad y la sencilla filosofía de su abuelo, el hombre que lo familiarizó con los grandes misterios del universo y los pequeños secretos del arte culinario. No es por azar, solía señalarle, que la palabra gastronomía contiene la palabra astronomía, con lo que sugería misteriosas conexiones entre ambos campos del conocimiento: la preparación de un plato -y en especial las especias que realzan su sabor- pueden contener verdaderas lecciones de vida.

Fanis, hoy adulto, transmite su sapiencia sobre las estrellas como profesor universitario, pero conserva habilidades para la cocina que desarrolló desde chico. Está, como desde que su padre fue expulsado de Turquía en tiempos de los graves enfrentamientos por Chipre, en Grecia; ha vivido a caballo entre los dos mundos: "Dejamos Turquía como griegos y fuimos recibidos aquí como turcos", evoca. En Estambul quedaron el abuelo y sus lecciones, la noviecita de la infancia, buena parte de sus recuerdos. Quizás ahora, cuando la largamente esperada visita del anciano ha vuelto a frustrarse, sea hora de regresar al antiguo hogar. Ese regreso abre el camino a los flashbacks que recrean la historia y permite a Boulmetis exteriorizar el ánimo fraternal que guía su relación con las dos patrias.

Encanto amable

Más allá de su fragmentación, sus localismos (las referencias históricas exigen algún conocimiento del turbulento conflicto por Chipre) y sus apelaciones a lo emotivo, "La sal de la vida" conserva cierto encanto amable y ligeramente tristón.

Tiene además el seductor marco de los escenarios de Estambul donde transcurre buena parte de la acción, una luz tenue y tamizada que busca transmitir la cautivante atmósfera de un cuento oriental y el atractivo exótico de la cocina regional.

No hace falta aclarar que dentro de lo que podría denominarse "cine gastronómico" -hasta su desarrollo narrativo está organizado como un menú-, está por cierto mucho más cerca del "realismo mágico" y colorido de "Como agua para chocolate" que de las sutileza metafórica de "La fiesta de Babette".

George Corraface, el casi olvidado Cristóbal Colón de una de las grandes producciones que celebraron el Quinto Centenario, presta su cartel internacional y su estampa de galán romántico al personaje protagónico.

El resto del elenco muestra igual solvencia.

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