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Recuperación de nuestro patrimonio cultural

Vientos de esperanza en las ruinas jesuíticas

Información general

Con la iniciativa pública y el apoyo de entidades internacionales, las misiones ahora comienzan a ser revalorizadas

SAN IGNACIO.- Una buena noticia recorre las olvidadas ruinas de San Ignacio: después de medio siglo de abandono, la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos emprenderá la restauración del portal del templo mayor de la reducción -valioso testimonio de la labor jesuítica en nuestro país durante los siglos XVII y XVIII-, gracias a un subsidio recibido del exterior.

A partir de una solicitud que la Comisión de Museos envió a la World Monuments Fund (Fundación de Monumentos del Mundo), un organismo privado sin fines de lucro, San Ignacio Miní resultó seleccionada, junto con otros 20 lugares históricos de todo el planeta, para recibir 50.000 dólares, otorgados por American Express. Esta compañía entregó a la fundación, en los últimos 5 años, un total de 5 millones de dólares para la realización del proyecto mundial.

La donación para San Ignacio Miní se inscribe en el programa World Monuments Watch de la fundación, que brinda apoyo técnico y financiero a los lugares históricos en emergencia por su grado de deterioro.

"La entrega del primer tramo del subsidio, 20.000 dólares que American Express entregó a la Secretaría de Cultura de laNación, coincidió con el comienzo de estudios realizados por la Comisión de Museos para la restauración de las reducciones de San Ignacio, Santa Ana, Loreto y Santa María la Mayor", explicó a La Nación la presidenta de la Comisión, Magdalena Faillace.

De Misiones al mundo

Además de dinero, San Ignacio Miní recibió otro valioso aporte en la lucha contra la erosión del viento y de la falta de memoria: desde el año último integra una lista que incluye los 100 lugares históricos en mayor riesgo de desaparición. En el catálogo, publicado por la World Monuments Fund, la fotografía de la reducción se codea con imágenes del Taj Mahal, la Alhambra de Granada, el Palacio de Nerón en Roma y las sinagogas de Fez en Marruecos.

Los 100 monumentos promocionados fueron seleccionados entre 253 solicitudes, llegadas de 70 países, incluida Mongolia. El trabajo realizado por la Comisión de Museos fue arduo.

"En nuestra solicitud para ser incluidos en la lista y para recibir apoyo financiero debimos efectuar un diagnóstico técnico exhaustivo de los sectores por reparar y de los lugares en los que se invertiría el dinero", dijo a La Nación Martha de Mena, una de las autoras del proyecto argentino. Valió la pena.

La aparición en esa lista implica una toma de conciencia internacional capaz de despertar el interés de empresas privadas, deseosas de mejorar su presencia por medio de obras benéficas.

Huellas de la negligencia

Las misiones fueron abandonadas con la expulsión de los jesuitas de los dominios de la monarquía española en 1767, por orden Carlos III, receloso de su poder y su organización. "Desde entonces han sufrido las guerras de la independencia y el ataque de los bandeirantes", explicó a La Nación Carlos Pernaut, presidente de la filial argentina de la Comisión Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos), que depende de la Unesco, e impulsor del proyecto de restauración.

En 1940, el arquitecto Mario Buschiazzo reconstruyó las ruinas de San Ignacio Miní. Colocó las piedras caídas en su sitio original y reforzó los muros. A partir de entonces no hubo trabajos de conservación, más allá de las "tareas de emergencia". Ahora, la comisión seleccionó un "paredón piloto" del templo mayor de San Ignacio, en el que se estudiará la estabilidad de la piedra antes de poner manos a la obra. El propósito no es agregar materiales, sino revalorizar la construcción original.

El visitante que desafía la selva misionera se interna en un mundo misterioso que muda de aroma y color cien veces entre el amanecer y la noche. Enrojecido por el desaire de la invasión, el lomo de la tierra se hincha para ocultar las astillas de piedra que, hace cuatro siglos, le clavaron obstinados jesuitas llegados de ultramar.

Todavía parecen oírse, entre los muros de las misiones, pasos de indios que corren a la oración y voces pacientes que traducen el misterio de la resurrección al sonido de ave del idioma guaraní. Aún subsisten, a pesar de una negligencia de décadas que enterró ecos y paredes, los restos de una historia que los libros por sí solos no lograrían tornar creíble.

Revivir el contexto

Al sur de San Ignacio, la misión de Nuestra Señora de Loreto es la que más rápido se ahoga en el abrazo de la selva. No fue tocada desde el siglo XVII, cuando era el centro espiritual de la región, lugar elegido para morir por los principales jesuitas. Allí se abre, abandonada por la falta de fondos, una excavación y preciosas vasijas esparcidas de cara al cielo. A pocos metros, se apaga la fogata de un asado de fin de semana. Hay un cuidador, habitante solitario del flamante, pero vacío, Centro de Interpretación de las ruinas, inaugurado con fines científicos y turísticos.

No muy lejos, Santa Ana se derrumba de a poco. Al igual que en Loreto, la Comisión de Museos planea conservar "lo que se ve, sin agregar nada", y revivir el contexto de la época. Se cultivarán huertas en los lugares originales, y se colocarán carteles que permitan a la imaginación recrear lo que se robó el tiempo.

En la introducción de la lista de la World Monuments Fund, se indica que los monumentos elegidos "están en grave peligro, pero todavía pueden ser salvados... Algunos están amenazados por el desarrollo de proyectos incompatibles entre sí. Otros necesitan soluciones de ingeniería más caras y complejas. Muchos, simplemente, han caído en la negligencia durante demasiado tiempo".

En busca de la memoria perdida

Nuevas obras: en las misiones de Loreto, Santa María la Mayor y Santa Ana se inauguraron centros de apoyo cultural y turístico.

Las misiones jesuítico-guaraníes que comenzaron a fundarse en 1609 en las cuencas del Alto Paraná, río Uruguay, Guayra, Tape e Itatines, en torno de los ríos Paraná yUruguay, están siendo recuperadas y revalorizadas.

Se han inaugurado tres centros de apoyo turístico, cultural y científico cercanos a las ruinas de Nuestra Señora de Loreto, Santa María la Mayor y Santa Ana, ubicadas en la provincia de Misiones. La construcción fue aprobada por la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos cuando la presidía el doctor Jorge Carlos Mitre.

Las obras realizadas en lo más espeso del bosque tropical estuvieron a cargo de la Dirección Nacional de Arquitectura de la Secretaría de Obras Públicas y Transporte y buscan facilitar la visita de turistas y científicos.

Las tres ruinas

Las ruinas de Nuestra Señora de Loreto, misión fundada hacia 1626, están ubicadas entre las localidades de Santa Ana y San Ignacio, sobre la ruta nacional número 12. En su momento, fue uno de los pueblos más importantes del período jesuítico por la producción de lienzos y yerba mate, y por haber tenido la primera imprenta de la época.

Los restos más evidentes del casco urbano marcan un sector de 25 hectáreas donde se calcularon magnitudes del orden de los 33.000 m2 en edificios, 8000 metros de calles y 44 tiras de viviendas que podían albergar a aproximadamente 1800 habitantes. Las ruinas de Santa María la Mayor, cercana a la margen derecha del río Uruguay, están a 115 km de Posadas por la ruta provincial 201, con pocos elementos que puedan evaluarse para determinar la presencia de los jesuitas en el área.

La misión de Santa Ana, establecida en 1633 a orillas del río Igay, emigró hasta refugiarse, en 1660, en su sitio definitivo, donde prosperó hasta su destrucción, en 1817. Actualmente, las ruinas se encuentran ubicadas a 54 km de Posadas, sobre la ruta nacional número 12.

A pesar del avance de la naturaleza en que fue construida, en Santa Ana se pueden observar hoy el templo, la plaza, las residencias, los talleres y el cementerio jesuítico, que luego fue utilizado por los primeros pobladores de la localidad. También se descubre allí la estructura productiva de los habitantes, las aguadas, el huerto y el sistema de riego escalonado.

La Unesco, en 1984, incluyó las misiones jesuíticas en la lista del patrimonio cultural de la humanidad.

Se espera que la incorporación de los centros de apoyo cercanos a las ruinas favorezca la afluencia de visitantes y aporte una gran ayuda para conservar un patrimonio cultural siempre amenazado por problemas de microorganismos y factores de riesgo humano, por emprendimientos hidroeléctricos y actos de vandalismo.

La instalación de los centros incluye 1000 m2 de construcciones, con playas de estacionamiento, confiterías, depósitos, salas de exposiciones, instalaciones sanitarias, gabinetes científicos y viviendas, que aseguran la infraestructura mínima para atender a turistas y científicos. Pero falta equiparlos para que estén en pleno funcionamiento.

La idea es que en Loreto funcione un centro de investigación sobre la síntesis del medio ambiente con la cultura; en Santa María, un centro de arqueología, y en Santa Ana, otro arquitectónico. Se busca analizar la evolución urbanística de las reducciones y reconstruir el espacio ambiental de la época mediante el relevamiento del medio existente en la actualidad y la investigación documental.

Inversión

Se encuentra en estado avanzado el estudio de preinversión para conseguir un crédito de 12 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destinado a revalorizar las ruinas jesuítico-guaraníes en la Argentina, según adelantó ayer a La Nación Magdalena Faillace. El gobierno argentino solicitó el crédito y el gobernador de Misiones, Ramón Puerta, respalda esta iniciativa de Cultura. .

Clara Zapiola
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