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Palabras
Hace más de dos siglos, en 1784, Kant observó que el planeta que habitamos es esférico, y consideró con detenimiento las consecuencias de ese hecho banal: como todos nos movemos sobre la esfera, señaló Kant, no tenemos otro lugar donde ir y estamos por lo tanto obligados a vivir para siempre en compañía de otros. Mantener distancia entre unos y otros es a la larga imposible porque al movernos alrededor de una superficie esférica terminaríamos por acortar la distancia que en un principio pretendíamos agrandar. Por lo tanto, la unificación de la especie humana en una ciudadanía común es el destino que la naturaleza eligió para nosotros al ponernos sobre la superficie de un planeta esférico. La unidad de la raza humana es el horizonte absoluto de nuestra historia universal, un horizonte que nosotros, seres humanos movidos y guiados por la razón y el instinto de supervivencia, estamos obligados a perseguir y alcanzar. Tarde o temprano, advierte Kant, no habrá ni un rincón libre para aquellos de nosotros que se encuentren con que los lugares ya ocupados están demasiado colmados para brindar refugio y abrigo. Y ésa es la manera como la naturaleza nos ordena aceptar la hospitalidad recíproca como precepto supremo que debemos abrazar como medio de dar fin a la larga cadena de ensayos y errores, a las catástrofes causadas por los errores y a la devastación que las catástrofes van dejando a su paso.
Zygmunt Bauman nació en Poznan, Polonia, en 1925. Es sociólogo y un analista crítico del mundo posmoderno. Publicamos un fragmento de Amor líquido, su último libro, donde estudia el amor y el temor al compromiso de la sociedad actual. .
