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Un palacio para la danza digital

La instalación, que combina video y danza, abrió la sección Proyecto Cruce
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12 de septiembre de 2005  

Parece que en el piso de arriba hay una fiesta. Los vecinos, gigantes, sacan la cabeza por las ventanas. Quieren colarse. Por eso trepan, proyectados, sobre la pared. Los invitados, en cambio, son bailarines reales, que se mueven ante un público valiente. Es la propuesta inaugural de Proyecto Cruce, nueva sección del V Festival Internacional de Buenos Aires que cuenta con espectáculos -en espacios públicos de la ciudad- que entrelazan teatro, danza, música y artes visuales. Y "Pizzurno pixelado", de Margarita Bali, coreógrafa y realizadora de videodanza, convirtió por una noche al edificio del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología en escenario y pantalla gigante. Desde la avenida Callao se veía su fachada iluminada, muy diferente de la de todos los días. Allí se plasmó una videoinstalación que no podría ubicarse en ningún otro lugar: la propuesta fue diseñada durante siete meses, para coincidir milimétricamente con esta pared sobre el pasaje Pizzurno, donde cada saliente y hendidura, cada ventana y hasta sus balcones, fueron intervenidos por secuencias animadas, personajes digitales y protagonistas de carne y hueso, integrantes de la Compañía de Danza del Departamento de Artes del Movimiento María Ruanova.

Tecnología e inspiración

Ojos bien abiertos, que miran y son observados. Cuerpos que flotan y se elevan, sin arneses, pero con enormes manos que los amarran virtualmente al muro. Un juego de ilusión, más conceptual que argumental, es lo que propone Bali, que utiliza recursos tecnológicos -como en sus espectáculos coreográficos multimedia y otros proyectos- esta vez para crear, editar y adaptar con precisión las proyecciones a cada espacio del edificio. Imágenes que interactúan o se fragmentan en veintitrés ventanas (dos de ellas con video de alta definición) dejan ver o imaginar el interior, que puede ser una pecera, un hermoso palacio habitado como tal o una caja de sorpresas, que se abre cuando las dos dimensiones de la proyección pura se transforman en tres, con el cuerpo de bailarines en escena.

Una catarata virtual limpia los vidrios. Una mujer deja salir, a través de su pollera de varios metros, a bailarines que en el balcón del segundo piso parecen nadar sincronizadamente. Arriba, un símil titiritero deja lugar a un juego de sombras, entre cortinas que luego podrían ser sábanas, y nuevamente cortinas. Entonces comienza la fiesta, entre ritmos de salsa y rock & roll de los 60 que interrumpen, sólo al final, la música de Jorge Sad, que conformó junto con Bali y otros artistas el Colectivo Multidisciplinario de Artistas Petronila. El grupo fue creado especialmente para esta propuesta y su nombre homenajea a Petronila Rodríguez, quien financió, en 1882, la construcción del Palacio Pizzurno, para ser usado como una escuela de señoritas que, finalmente, no logró concretarse.

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