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El mundo, a bordo de un tractor

Marcin Obalek, un insólito viajero que recorre los caminos más lejanos con Ursus, su polaco, como él

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LA NACION
Domingo 18 de septiembre de 2005

Fue una vaca. Es decir, lo sedujo una vaca argentina, que fue lo primero que vio cuando llegó y que lo sumergió en la aventura. La miró y pensó: "¿Será todo así de abundante en este país?" El animal rumió una y otra vez, mientras él seguía lucubrando: "Buen lugar para traer a Ursus".

Claro que todo esto fue pensado en polaco. Y polaco es nuestro personaje, viajero insólito, Marcin Obalek, un metro ochenta de saludable altura, 28 años, ojos claros, vestimenta de Rambo, rubio pelilargo y una simpatía infinita, comenzando por el saludo: tres besos.

¿Otras señas particulares? Marcin se dedica a recorrer el mundo a bordo de un tractor de fabricación polaca, el tal Ursus, y ya hay quienes lo conocen como el loco del tractor, que nada tiene que ver con el mote que suele ponerse a los asesinos seriales vernáculos: no sólo parece más bueno que Lassie, sino que cuida el planeta como integrante de la fundación Mundo Puro, una ONG de Varsovia preocupada por el medio ambiente.

Su aventura, Traktoriada Archeo 2005, con trabajos arqueológicos
Su aventura, Traktoriada Archeo 2005, con trabajos arqueológicos.

Y fue así, nomás. Vino, vio que la vaca se multiplicaba por mil, vio el campo sin límites y la amabilidad de los argentinos -dice, y vamos a creerle-, y decidió que esta patria sería la suya por un rato, especialmente "porque las mujeres son muy lindas".

La historia de por qué decidió andar en tractor es curiosa. "Me fui a recorrer la India, Nepal y Paquistán -dice Marcin, en un español esquivo, mientras come asado en el club polaco de Burzaco, donde sus amigos le dieron la bienvenida-, y en pleno desierto paquistaní, donde no había un alma, vi a un señor con turbante, un hombre de ahí, un musulmán, manejando un tractor Ursus. Y me dije, ¿por qué no?"

Logró que la empresa polaca Ursus le diera un tractor y con él cruzó el océano -en barco, ciertamente- hasta América del Sur, porque su meta era conocer la Argentina.

Y vino en 2002. Llegó a Montevideo, le robaron casi todo lo que tenía y de ahí cruzó el charco. Su idea era pasear por todo el país, un país políticamente en llamas por entonces, pero en imágenes para él, porque no hablaba una sola palabra en español, de modo que vio el desmán, pero no pudo saber entonces cuál era el origen. Ahora, en cambio, hasta utiliza el lunfardo y le sale perfecta la entonación porteña.

Y, decíamos, allí partió Marcin, puro músculo, por los caminos de Córdoba, Tucumán, Jujuy, por la ruta 40 hasta llegar a La Paz, Bolivia, donde Ursus palmó. Lleva acumulados cientos de miles de kilómetros, que no se pueden cuantificar porque debe reparar a Ursus de vez en vez.

"Hay paisajes que no se repiten en ningún lugar del mundo y situaciones extrañas. Por ejemplo, en la ruta 40, en medio de la nada, había un tractor que casi se caía por el barranco. Lo ayudamos a salir. Entre tractoristas nos entendemos", guiña.

Pasó varias semanas reparando el motor y volvió a Polonia con una meta nueva, porque Bolivia lo había subyugado, a pesar de haber estado en ese país en días aciagos de casi guerra civil. "Vi en Reyes (ciudad pequeña de Bolivia) un museo con piezas antropomórficas increíbles, hablé con antropólogos y arqueólogos bolivianos, y me fui a mi país a contactarme con la Universidad Nicolás Copérnico para hacer excavaciones."

Volvió el año último, esta vez con un arqueólogo, Andrzej Karwowski, ojos claros bonitos, 26 años, con el que se trasladó, en parte a bordo de Ursus, hasta El Beni. "Encontramos un cementerio -dice Karwowski- y un asentamiento precolombino."

Sí, encontraron restos de los tacana -que datarían de hace 1000 años, calculan-, vasijas y dos piezas mínimas de plata que llevaron a Polonia para procesarlas mediante el carbono 14 para establecer la edad, y también para exponerlas, condición que puso el gobierno de Bolivia para dejar salir las piezas del país.

Marcin está costeando una nueva expedición: Traktoriada Archeo 2005, con Ursus a la cabeza, y con destino temporario a El Beni. Y pide que se destaque la participación de la Akademia Wychowania Fizycznego en Poznan, la Universidad de Nicolaus Copernicus en Torun y el Museo Arqueológico de Poznan.

Sin embargo, el polaco admite que necesitaría algún patrocinador para seguir con las excavaciones porque "ponemos mucha plata de nuestro bolsillo".

Y como no es un hombre improvisado, esta vez agregó a su grupo de exploradores extraños y particulares a un artista plástico polaco, Rafal Konieczny, 51 años, ojos profundos y manía de agregar a los tres besos que salen solos, otro en las manos femeninas. Rafal será el encargado de dibujar todo lo que encuentren en El Beni y de diseñar el yacimiento arqueológico durante dos meses.

¿Y después? Marcin piensa continuar su derrotero como representante de Mundo Puro y agregando a sus aventuras en tractor a aquellos que pretendan ser viajeros diferentes.

Encuentro cercano en El Beni

Uno de los momentos más memorables del viaje fue cuando encontraron en plena selva de El Beni el esqueleto de un hombre con las piernas cruzadas y en posición fetal. Marcin se entusiasma y dice que es el primero en su tipo.

Su compañero de ruta cuenta que las condiciones climáticas para hacer las excavaciones son horrendas para ellos, que vienen del frío: 40 grados y bichitos.

"Ahora, antes de llegar a Bolivia, vamos a pasar a buscar a Ursus por Jujuy, donde lo dejamos el año último. Mi ilusión es seguir a la India desde Estados Unidos, pero eso sale mucho dinero."

Los tres polacos tienen un sentido del humor agradable. Apenas hablan de las momias de Bolivia, Marcin comenta que tiene una amiga muy querida que se parece mucho a la momia que vio hace poco. El tiene ganas de volver a ver a Ursus: "Hice tramos muy largos por este país sin compañía, andando a lo que daba el motor. Sé de mecánica, de modo que no me preocupo si algo anda mal. Lo que me gustaría es llegar a Ushuaia con el tractor. ¡Bah!, lo voy a hacer pronto", finaliza.

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