Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

El resultado más incómodo para quien asuma el liderazgo

Lunes 19 de septiembre de 2005

BERLIN (De una enviada especial).- El de anoche puede ser el resultado más incómodo para una Alemania necesitada de dar respuesta a graves problemas y de poner otra vez en marcha a la potencia considerada la locomotora europea. Crea, además, un vacío de poder nunca visto en el país.

Los dos partidos mayoritarios neutralizaron mutuamente sus fuerzas de tal modo que el resultado distribuye para ambos similar debilidad para ejercer un liderazgo. Más allá de las formas y de lo que dijera su lenguaje corporal, ni la más incómoda Angela Merkel ni el exultante Gerhard Schröder parecían en condiciones de poseerlo.

El mismo deterioro alcanza a la necesidad de reforma. Lo que las urnas dijeron es que los alemanes no las quieren, que no están dispuestos a digerirlas. Y ambos partidos saben que son necesarias, si bien los democristianos lo proclaman más fuerte. En una Alemania que no crece, que tiene cinco millones de desempleados y déficit y deuda en alza, las anunciadas reformas resultaron tan golpeadas como la posibilidad de liderazgo para llevarlas a cabo.

Sea cual fuere el final de esta situación incierta, el escenario que refleja -liderazgo y programas de gobierno erosionados- difícilmente serene la inquietante percepción que se tenía fronteras afuera antes de los comicios.

El segundo dato es cómo se llega a esta situación. En ese sentido, es curiosa la respuesta recogida en la cúpula del Partido Social Demócrata (SPD), donde se celebraba un repunte que parecía como el regreso de la muerte.

"Lo que pasó es que los votantes no quisieron a Merkel", se le escapó al secretario del partido, Klaus Benneter.

-¿Eso significa que el vuelco final fue por elegir el mal menor?

-No. Bueno..., yo no diría eso -intentó recular el dirigente.

Pero lo cierto es que, además de neutralizarse mutuamente, las dos grandes fuerzas políticas de este país sufrieron pérdida de votos en las urnas respecto de las últimas elecciones, en 2002. Y además, nunca en la historia lograron tan poca adhesión entre el electorado. "Eso es un deterioro compartido en el nivel de confianza", coincidían anoche analistas locales.

Sumaba a ello el hecho de que el gran vuelco se hubiese producido en las últimas horas, al decantarse el 25 por ciento de indecisos que permanecían en tal condición al abrirse las urnas.

La tercera paradoja es que los ganadores "morales" de la contienda -las fuerzas minoritarias ubicadas más a la derecha y a la izquierda de los dos grandes partidos de centro- se ven expuestas, de algún modo, a un fenómeno similar: crecieron de tal modo, que se neutralizan mutuamente.

El Partido Liberal (FDP) exhibe un resultado comparable al obtenido por los neocomunistas que integran el llamado Partido de Izquierda (PDS). Liderada por el carismático Oskar Lafontaine -un "desencantado" de la socialdemocracia- esta fuerza se ha convertido en la expresión de izquierda más fuerte en Alemania, superando a los Verdes, del canciller Joschka Fischer, cuyo protagonismo parece haber retrocedido.

El cuarto dato tiene que ver con réditos personales. Queda claro que el arrollador repunte de Schröder y su SPD capitalizaron en votos el miedo a recortes sociales más duros con un gobierno demócrata liberal, como el que anunciaba Merkel. Pero no parece que eso vaya a bastarle, aun en el caso de que consiga retener el poder.

Aunque con escaso margen, ganadora en votos hasta el cierre de esta edición, Merkel parecía, sin embargo, cargar con todas las desgracias. Y, entre ellas, el enorme peso de haber diluido en tres semanas los 20 puntos porcentuales de ventaja que le deban las encuestas y reducirlos a nada más que uno.

Siempre tuvo nula posibilidad de doblegar la arrolladora simpatía popular de Schröder. Pero en el clima de funeral que se vivía anoche en su partido, las razones de lo ocurrido no apuntaban tanto a características personales sino a la elección como posible ministro de Hacienda del catedrático de Heidelberg Paul Kirchhof. El cuadro de reformas fiscales e impositivas que anunció este teórico de la economía fue letal, a tal punto que lo convirtieron en todo un modelo del "espantavotos".

Nadie tenía en claro anoche cómo ni cuándo aclararía el panorama. Lo cierto es que la negociación comienza con jugadores con capacidad para neutralizarse mutuamente y para erosionar, en medio, la reforma que -en el fondo ambos juzgan necesaria. El voto popular instaló la incertidumbre.

Te puede interesar