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La misión de los Cascos Azules

El hospital argentino en Haití, un reflejo de los dramas cotidianos

El Mundo

Atendió a 10.900 personas en un año

PUERTO PRINCIPE.- En el Hospital Reubicable de la Fuerza Aérea Argentina, ubicado cerca del aeropuerto internacional de esta ciudad, hoy no se ven escenas tan dramáticas como las que se vieron en septiembre de 2004, cuando el huracán Jeanne arrasó Gonaïves, la tercera ciudad haitiana, y, en medio de una gran catástrofe humanitaria, debió atender nada menos que a 2500 personas en una semana.

Sin embargo, las arriesgadas tareas de patrullaje que emprenden los Cascos Azules de la Misión Internacional de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah) y las enormes carencias de los haitianos en materia de salud determinan que siempre haya mucho para hacer.

El hospital -en rigor un puñado de contenedores interconectados- fue instalado aquí hace un año, inmediatamente después del paso de Jeanne, que dejó 2000 muertos en este pequeño país caribeño. Antes había sido utilizado en Kosovo y en Mozambique y estuvo a punto de ser destinado a Afganistán, justo antes de que el desastre provocado por el huracán fijara su emplazamiento en Haití.

Si bien se encuentra en un barrio relativamente tranquilo de esta capital, a unos escasos tres kilómetros comienzan las zonas marginales de la ciudad: Cité Militaire, Delmás 2 y, sobre todo, Bel Air, famosa por su industria del secuestro y sus crímenes, que mermaron sensiblemente por la presencia de los soldados brasileños del contingente de la Minustah.

En junio pasado, el personal del hospital argentino salvó la vida a un teniente brasileño herido de bala en el barrio de Bel Air que llegó después de haber perdido tres litros de sangre. Hace unos pocos días, la de un soldado peruano, al que le habían disparado en Cité Soleil, el barrio más problemático de la ciudad.

Estos meses, sin embargo, fueron relativamente tranquilos en comparación con lo que sucedió en marzo, cuando el hospital atendió a 20 heridos de bala, contra cuatro de agosto y septiembre. Cabe aclarar que la mayoría de las veces las balas no son de calibres pequeños: en algunos barrios haitianos peligrosos los delincuentes pueden tener en su poder armas de gran calibre, como los fusiles de asalto AK-47.

Pero no sólo se recibe a los soldados de la Minustah, sino también a los propios haitianos, los que más lo necesitan. "En este país existe un bache muy grande en materia de salud. Nosotros logramos cubrir apenas un pequeño hueco", admitió a LA NACION el comodoro Julio César Astesana, que está a cargo del hospital.

Todos los días visita el sanatorio argentino una quincena de haitianos que, por lo general, se lastiman en accidentes de tránsito, tienen enfermedades congénitas o de larga data, tumores, malnutrición o infecciones. Se les realizan las primeras curas, con medicamentos aportados por el Estado argentino, y luego se los deriva a los hospitales públicos.

Para hacer frente a tanta demanda de atención médica, el sanatorio argentino dispone de 50 camas, un quirófano y una unidad de terapia intensiva. Su personal, actualmente de 57 personas, entre médicos, enfermeros y empleados, aumentará a 68 personas para las elecciones de noviembre, cuando podría recrudecer el antagonismo entre los sectores sociales.

Sorpresas

El hospital, que se mantiene abierto las 24 horas, cuenta con generadores que le permiten disponer de electricidad todo el día, maquinaria para potabilizar el agua y realizó 10.900 atenciones médicas desde su instalación, hace un año. Sin embargo, su accionar sigue deparando sorpresas. A principios de este año debió atender a Yvon Neptune, el ex premier del gobierno del anterior presidente de Haití Jean-Bertrand Aristide. Llevaba tres semanas de huelga de hambre para protestar contra su encarcelamiento, al que organismos de derechos humanos consideran "político", y llegó al hospital argentino muy deteriorado, con 48 kilos.

Aceptó ir porque no confiaba en los médicos de la prisión y se retiró estabilizado, luego de 43 días de tratamiento, con seis kilos más. Aún hoy, Neptune, que habla perfectamente castellano, convoca a los médicos argentinos cuando sufre alguna dolencia en prisión.

Los actos humanitarios no concluyen aquí. El hospital argentino reparte asiduamente alimentos en los hogares de huérfanos de Puerto Príncipe. .

Por Leandro Uría Enviado especial
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