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Abarcador, meduloso, y reflexivo

LA TELEVISION CRIOLLA Por Mirta Varela-(Edhasa)-301 páginas-($ 32)

Domingo 02 de octubre de 2005
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LA NACION

De aquella vieja utopía de la transmisión de imágenes a distancia a medio de comunicación de masas con una función y una forma social específica. De la ceremonia ritual de los primeros tiempos al flujo de imágenes permanente que se entrevera con las rutinas domésticas. Del alcance limitado de las primeras emisiones públicas a la condición influyente que adquirió con los años tanto en el habla, las costumbres y las modas como en la visión de los acontecimientos históricos o de la actualidad política. Son algunos de los recorridos que ilustran el proceso de transformación vivido por nuestra televisión a lo largo de sus dos primeras décadas, exactamente desde la televisación del acto del 17 de octubre de 1951 hasta la transmisión satelital de la llegada del hombre a la Luna. Tal es el período que Varela analiza desde perspectivas diversas, en el contexto de la modernización, a la luz de la cambiante situación social, económica y política y en relación con otras manifestaciones de la cultura y la comunicación, en este trabajo abarcador, meduloso, reflexivo y generoso en información.

No se propone aquí una reconstrucción cronológica, pero prácticamente no hay ángulo que Varela deje de considerar: las primeras transmisiones regulares y sus antecedentes aquí y en el mundo, la relación con una audiencia en constante crecimiento, la expansión del mercado, la publicidad, los factores económicos que intervienen en el desarrollo de la televisión, el papel que ésta cumple en el proceso de modernización, la experimentación sobre el lenguaje en la precaria etapa en que sólo había un canal y las que se ensayan después, con la llegada de las emisoras privadas; el lento descubrimiento de un idioma específico del medio y de sus posibilidades; el discurso crítico que corre paralelo con su crecimiento y transformación; la manera en que se la percibe desde otros ámbitos; el papel central que llega a ganar con su "prepotencia expansiva".

Al principio, dice Varela, la televisión parecía abrirse a tres posibilidades: la difusión del arte, la "pedagogización" de las masas y la continuidad de una industria cultural que había conocido tiempos más prósperos y acusaba cierta declinación. Se la concebía como un transmisor de contenidos prefijados (el teatro, la música, el ballet, el deporte, el cine en menor medida), sin advertir que la TV impondría una lógica, un lenguaje y exigencias propias. Dos acontecimientos en los que la presencia (y la instantaneidad) de la TV es decisiva -el Cordobazo y la llegada a la Luna- merecen un demorado examen, tan inteligente y esclarecedor como los que se dedican, por ejemplo, a los trabajos de David Stivel, paradigma de las más intrépidas búsquedas estéticas; a la relación con el teatro, y en general a la tensión entre la TV y otros ámbitos del arte y la cultura.

La investigación de Mirta Varela, doctora en letras, profesora universitaria e investigadora adjunta del Conicet, ha debido ser laboriosa y tenaz en un medio, como la TV, particularmente pobre en materia de archivos. Pero su indagación apunta también a otras direcciones: de la prensa a los escritos académicos y de la publicidad a la historieta, sin descartar la consulta directa con gente vinculada al medio. La variedad y el número de fuentes consultadas demuestran ese empeño. La televisión criolla será desde ahora libro de consulta obligada para estudiosos e interesados en el tema.

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