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¿Para qué sirve la OMS?

Opinión

Por Richard Wagner
Para LA NACION

 
 

WASHINGTON

Acaba de cumplirse en Washington la 57a. sesión del comité regional para las Américas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), auspiciada por la Organización Panamericana de la Salud, para establecer estrategias para combatir las preocupaciones sanitarias que los participantes consideran prioritarias. Sin embargo, mientras enfermedades como el HIV/sida y la malaria continúan en aumento, ¿cuáles son las prioridades de la OMS?

En un mundo en que la esperanza de vida aumenta en función de la riqueza personal, la OMS debería concentrar su limitado presupuesto en las enfermedades que cruzan fronteras y que presentan una mayor amenaza para la salud mundial. Esas incluyen no sólo las plagas como la gripe aviar, sino también el sida y el paludismo, enfermedades que afectan especialmente a los pobres.

Pero en lugar de estos objetivos encomiables, un análisis del presupuesto de la OMS del próximo año confirma que esas enfermedades son relegadas a un segundo plano en Ginebra. El presupuesto 2006/7 muestra que la OMS se ha transformado en una niñera internacional que brinda sermones principalmente a los países ricos sobre todo tipo de preocupaciones sanitarias, mientras sus gastos burocráticos se salen de control.

Por ejemplo, un 59% del presupuesto de 3200 millones de dólares se gastará el próximo año en combatir enfermedades no contagiosas, como la hipertensión y la salud psiquiátrica. Una tercera parte de estos fondos se gastará en la sede de Ginebra, donde los salarios libres de impuestos son altos y el nivel de vida es suntuoso. El 41% restante se dedica, con mayor justificación, a enfermedades contagiosas como el sida, el paludismo o la tuberculosis. Nuevamente, un cuarto de esto se queda en Ginebra.

¿Por qué la OMS privilegia las enfermedades de los ricos sobre las de los pobres? Cinco países desarrollados contribuyen más de la mitad de las donaciones totales. Por lo tanto, la OMS no responde a los más desdichados, sino a la clase política de los países ricos y, en consecuencia, a necesidades políticas más que médicas.

Esta clase política y las burocracias sanitarias de los países desarrollados viven bajo el encanto de los grupos de presión, con sus exigencias políticamente correctas como la regulación de la leche en polvo, la reducción de la sal en los alimentos, y la prohibición de la publicidad del tabaco en el deporte. Es así como pueden existir iniciativas de la OMS para promover "una nutrición sana" mientras millones de niños africanos no tienen qué comer.

Aún cuando la OMS interviene en contra de las enfermedades contagiosas, muchas veces fracasa. Con siete años de recorrido, su programa "Hacer retroceder el paludismo" es testigo de un incremento en los casos de la enfermedad, sobre todo porque se ha plegado a las demandas de los ecologistas para limitar el uso del DDT, a pesar que este insecticida es sumamente efectivo contra la malaria.

Es imprescindible una nueva constitución para la OMS que limite sus actividades a combatir enfermedades contagiosas, las verdaderas amenazas a la salud mundial. .

El autor es catedrático de economía en George Mason University y autor del estudio OMS: Tiempo de Re-constitución , publicado por la International Policy Network.
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