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Martes 14.10.2008 (actualizado hace 1098 días)

Confirmado: el Homo sapiens tuvo un primo lejano en Indonesia

Medía tan sólo un metro y su cerebro era como el de un chimpancé
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Miércoles 12 de octubre de 2005 | Publicado en edición impresa 

Todo hace suponer que el llamado hombre de Flores se ha ganado un lugar en la historia de la evolución de los homínidos. El análisis de nuevos ejemplares fósiles hallados en la misma caverna de la isla de Flores, Indonesia, en donde años atrás fue descubierto el esqueleto rotulado LB1, confirma que éste no perteneció a un Homo sapiens enano, sino a una especie desconocida -el Homo floresiensis- que se extinguió hace tan sólo 12.000 años.

"Con el hallazgo de nueve nuevos esqueletos, de los que el más alto mide sólo 106 centímetros, hemos demostrado claramente que LB1 no pertenecía a un individuo enfermo, sino que formaba parte de una población que compartía características suficientemente distintivas como para ser considerada una nueva especie de homínido", dijo a LA NACION por medio del correo electrónico el profesor Michael Morwood, de la Universidad de Nueva Inglaterra, Australia, principal autor del estudio que publicará mañana la revista Nature.

La descripción de los nuevos esqueletos hallados en la caverna Liang Bua aportan firmes evidencias en contra de los que creen que la reducida estatura del hombre de Flores se debe, en realidad, a que LB1 era un sapiens que padeció alguna enfermedad causante de enanismo.

"Los fósiles son todos similarmente pequeños, lo que refuta la idea de que el esqueleto LB1 era simplemente un espécimen enfermo muy enano -escribió el doctor Daniel Lieberman, de la Universidad de Harvard, en un comentario al estudio de Morwood que publicará la revista Nature-. Es más, un análisis tridimensional del cráneo de LB1 muestra que su cerebro no se asemeja al de un microcefálico", como señalaron semanas atrás varios antropólogos.

¿El hijo no reconocido de Lucy?

Con su escaso metro de estatura, el cerebro del tamaño del de un chimpancé, los brazos muy largos y una particular mandíbula sin pera, este primo lejano del hombre apodado el "hobbit", por su parecido con los diminutos personajes de "El señor de los anillos", de J. R. R. Tolkien, vivió en un mundo poblado de dragones de Komodo, ratas gigantes y elefantes en miniatura.

Ese mundo perdido, se cree, fue el resultado del aislamiento establecido por las aguas que rodean la isla de Flores. "Suele ocurrir en las islas que cuando quedan libres de la presión de otros predadores, pero se encuentran ante recursos limitados, los animales grandes tienden a volverse más pequeños y los pequeños más grandes", explica Lieberman en Nature.

Para Peter Brown, colega de Morwood en la Universidad de Nueva Inglaterra y coautor de los hallazgos en la caverna de Liang Bua, "es probable que hayan llegado a Flores ya con sus cerebros y sus cuerpos pequeños". Un dato a favor de esta hipótesis es que los nueve esqueletos hallados tienen entre 95.000 y 12.000 años de antigüedad y ninguno supera los 106 centímetros de estatura. "No hemos encontrado antecesores de huesos largos en la isla", dijo Brown a LA NACION por medio del correo electrónico.

Ahora, la pregunta por responder es: ¿quiénes fueron sus antecesores? En su primera descripción de LB1, Morwood sugirió que el hombre de Flores podría ser el hijo del Homo erectus, que se estima llegó a la isla hace 800.000 años. Pero el análisis de los nuevos esqueletos muestra que sus proporciones corporales se asemejan más a las de homínidos aún más primitivos como Lucy, la Australopithecus afarensis de tres millones de años hallada en Etiopía.

"La combinación de atributos que comparten los esqueletos y los dientes del hombre de Flores no se encuentran en ningún humano moderno -dijo Brown-. Muchas de esas características se encuentran en homínidos anteriores, como el H. erectus o el A. afarensis."

Pero, ¿quién es entonces el padre (y la madre) del hobbit? "Los hallazgos de Liang Bua no sólo son sorprendentes; son también excitantes por las preguntas que suscitan -escribió Lieberman-. Nuevos estudios que aportarán respuestas están en camino."

Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION

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