La hora crítica - LA NACION
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La hora crítica

Cuando llega el atardecer, la necesidad de comer algo es imperiosa. ¿Qué hacer en esos momentos cruciales? ¿Cómo evitar ingerir lo primero que se encuentra? Una nutricionista da las claves para no caer en la tentación
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23 de octubre de 2005  

1. Al inicio del día, organizar las comidas en número y horario. No saltearse ninguna de ellas. Es indispensable entender que cada una actúa como freno para la siguiente y así se evitan los futuros picoteos. Al hacer las cuatro comidas habituales (desayuno, almuerzo, merienda y cena) el cuerpo no desarrolla una necesidad fisiológica de comer entre horas.

2. Diferenciar si se llega a estos diez minutos por apetito o por ansiedad. Cuestionarse el porqué. Esto favorecerá los cambios de hábito.

3. En los momentos en que la comida se vuelve una obsesión, una buena forma de distraerse es realizar actividades que no tengan que ver con el tema hasta que la ansiedad se calme.

4. Si, a pesar del esfuerzo, las ganas de comer continúan, se deben tener en cuenta algunos consejos. Para no consumir siempre galletitas o pan, es útil organizar un "botiquín" de alimentos para los momentos en que el hambre apremia. Evaluar las opciones y preferir las que menos valor calórico aportan: yogures descremados, postres dulces light, gelatinas bajas calorías y trozos de frutas.

5. Las frutas también pueden ingerirse en licuados, ya sea con agua o con leche. Muchas veces, la segunda opción quita el apetito y retarda más su reaparición. Eso sí, no extralimitarse en las cantidades. Además, es preferible consumir las de estación porque estarán más frescas.

6. Elegir colaciones que representen más volumen que valor calórico. Por ejemplo, los cereales inflados.

7. Optar por snacks que se terminen en el momento, como las obleas rellenas. Así se evita abrir un paquete de galletitas: nadie se conforma con sólo tres de ellas.

8. Un buen recurso son las barritas de cereal, que aportan gran cantidad de energía para seguir trabajando. Buscar las que tienen menos grasa y no comer más de una. Se las puede reemplazar por turrones de maní.

9. Ingerir un helado de agua en palito para refrescarse es otro recurso. Es mejor esto que comprar un pote.

10. Evitar tener comida cerca para no tentarse.

11. En la oficina, es mucho mejor optar por las tostadas dietéticas.

12. Otro ejemplo: 22 cuadraditos de avena equivalen a dos rodajas de pan integral. Sacar la cantidad que se debe comer y guardar el paquete para no tentarse.

14. Los líquidos son una buena opción para engañar el estómago. Agua, infusiones, caldos o sopas de verduras aportan sensación de saciedad y no contienen un gran valor calórico. Si el paladar pide algo dulce, se puede recurrir a jugos o gaseosas dietéticas. Tener precaución con la ingesta de cafeína, porque genera ansiedad.

15. El mate es un aliado para estos momentos. No sólo porque quita el hambre, sino porque el ritual para tomarlo también distrae.

16. El té de hierbas (tilo o melisa, entre otros) tendría efecto positivo a la hora de calmar la ansiedad.

17. Comer rico y sano en el almuerzo para evitar llegar a estos momentos.

18. Por último, y como prevención, la actividad física es el mejor antídoto contra la ansiedad.

Agradecemos la colaboración de Marcia Onzari, nutricionista del Cemic.

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