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Crímenes de un pensador

El escritor José Pablo Feinmann habla de las relaciones entre el poder y los intelectuales y de su nueva novela, La sombra de Heidegger (Seix Barral), en la que evoca al autor de Ser y tiempo

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LA NACION
Domingo 23 de octubre de 2005

¿Pudo el filósofo quizá más influyente del siglo XX haber provisto la coartada teórica para la justificación de crímenes masivos? Y sobre todo, ¿pudo haber adherido al régimen que los cometió? Se trata de arduas preguntas que remiten de manera singular y exacerbada a la figura de Martin Heidegger y que José Pablo Feinmann (Buenos Aires, 1943) aborda en su nueva novela, La sombra de Heidegger (Seix Barral). El libro se inscribe en un proyecto novelístico más amplio que Feinmann viene desplegando desde hace varios años. "Mi idea es que esta novela complete una trilogía", explica el autor. La astucia de razón (1990) y La crítica de las armas (2003) serían las otras dos piezas de la serie.

Con largos pasajes de entonación ensayística, La sombra de Heidegger procura recrear las discusiones intelectuales y la atmósfera viciada de los primeros años del nazismo a partir de la figura de Dieter Müller, un apocado discípulo de Martin Heidegger exiliado después de la caída de Alemania, que termina trágicamente sus días en Buenos Aires. Construida alrededor de la carta que, hacia 1948, Dieter le escribe a su hijo Martin, la novela se demora en el discurso que Heidegger pronunció al asumir el rectorado de la Universidad de Friburgo en 1933, momento de la máxima cercanía entre el filósofo y el nazismo y que decidió la afiliación del protagonista al Partido Nacionalsocialista. El libro se cierra con el relato que el hijo hace de una visita a Heidegger ya en la década de 1960. Entre la ficción y el dato cierto, se introducen imprevistas alusiones y citas que van desde las películas Cabaret y Juicio en Nuremberg hasta textos de Enrique Santos Discépolo y de Paul Celan.

Desencantado y dispuesto a escapar de Alemania, Dieter acepta dictar unos cursos de filosofía en Francia. Allí descubre con admiración e incomodidad La náusea de Jean-Paul Sartre. Lo deslumbra sobre todo el final: "Mañana lloverá en Bouville". El texto de Sartre despierta en el personaje una dormida vocación de escritor: "Ojalá escriba una novela como La náusea", anota. "Ojalá su frase final sea: Mañana lloverá en Friburgo". Y así, también, concluye Feinmann su novela.

José Pablo Feinmann combinó en su novela la trama casi policial con la ideología
José Pablo Feinmann combinó en su novela la trama casi policial con la ideología. Foto: Pablo Betancourt

-¿La sombra de Heidegger es la novela que quiso escribir Dieter Müller?

-Sí, es la novela que escribe Dieter Müller. Y además Dieter Müller mismo es la sombra de Heidegger. Creo que hay tres sombras de Heidegger en la novela. Una es justamente la de Dieter, discípulo aventajado pero a la vez muy consciente de su infinita inferioridad frente al maestro. Por otro lado, está el aspecto sombrío del propio Heidegger, su adhesión al nacionalsocialismo. Y por último, yo mencionaría también la sombra de Heidegger en la filosofía occidental, que se extiende desde el existencialismo hasta el estructuralismo, el posestructuralismo y todo el giro lingüístico. Es una sombra poderosísima.

-¿La filosofía de Heidegger quedó vinculada al nazismo porque había elementos constitutivos que la hacían asimilable o bien por el dato biográfico de que Heidegger fue rector de la Universidad de Friburgo en los inicios del régimen?

-Ese es uno de los grandes temas de discusión. La novela opta por encontrar en la obra de Heidegger, y en particular en Ser y Tiempo, elementos que estaban destinados a ser vinculados al nazismo. Claro, Ser y Tiempo es de 1927. Cuando Heidegger lo escribió no tenía ni remotamente la idea de unirse al nazismo. Sin embargo, los últimos pasajes del libro, aquellos dedicados a la historicidad en los que habla del ser-ahí comunitario, son manipulados después por Heidegger para adecuarlos al nazismo. Lo que ocurre es que el nazismo expresa la unidad tardía de Alemania, que fue uno de los últimos países europeos en constituirse como tal. Por lo tanto, llegó tarde al reparto imperialista del mundo y entonces lo tuvo que rediscutir. Las dos guerras mundiales se produjeron precisamente por ese espacio vital. Pero la verdadera tragedia es que el hombre que se hizo nacionalsocialista era un gran filósofo, un espíritu de una enorme sensibilidad. ¿Cómo fue posible? Ahí está el núcleo de la tragedia. La novela tiene un punto en el que refuta a Heidegger, pero no en el punto habitual. Heidegger dice: ¿ante quién me voy a disculpar? ¿Ante los norteamericanos que hicieron Hiroshima y Nagasaki, antes los rusos que hicieron gulag, ante Churchill que hizo Dresden? La respuesta del protagonista de la novela es: ante una víctima. La clave es elegir una única víctima.

-¿En qué momento empezó a revisarse la adhesión de Heidegger al nazismo?

-Hubo pequeños atisbos: un número de Les Temps Modernes y un hermoso artículo de Jürgen Habermas de 1953 en el que dice que los alumnos de Heidegger se habían transformado en oficiales. Después la cosa quedó en el olvido. Sobre todo de parte de los franceses. La verdad es que nadie -ni Sartre, ni Foucault- quiso tratar ese tema porque se apoyaban en Heidegger. El asunto tuvo un miniestallido con la biografía de Heidegger que escribió Hugo Ott, donde se ponen en primer plano sus relaciones con el nazismo. Pero sin duda el estallido definitivo se produjo en 1989 con la publicación del libro de Víctor Farías, que incluye una documentación abrumadora. Entonces el tema se tornó insoslayable. Pero a Farías lo pierde el odio que siente por Heidegger. No se puede escribir filosofía desde el odio.

-¿La importancia de Heidegger en el siglo XX es comparable a la de Hegel en el siglo XIX?

-Heidegger es el filósofo más importante del siglo XX, el más influyente, el más decisivo de toda la filosofía occidental contemporánea. Ahora bien, yo creo que Sartre es el más grande. Es al que más le creo, el que más me conmueve. Me conmueve mucho su militancia. Eso le da una grandeza singular. Ese personaje, que se equivocaba y que salía a la calle, me atrae más que cualquier profesor académico.

-¿Abrió Heidegger el camino a una izquierda no marxista?

-Cuando uno mira a la distancia, trata de comprender que los filósofos estaban obligados a eludir el marxismo. El marxismo se estaba cayendo, estaba empobrecido. El último gran marxista había sido Sartre, que había mezclado el marxismo con la fenomenología. Al intentar salir de la dialéctica, Michel Foucault y Gilles Deleuze recurren a Friedrich Nietzsche y a la lectura que Heidegger hace de Nietzsche. Así se crea un heideggerianismo de izquierda. El giro lingüístico parte de la Carta sobre el humanismo. Cuando Heidegger dice "la morada del ser es el lenguaje y el hombre su pastor" está marcando el giro lingüístico.

-¿La filosofía debe implicarse en la historia?

-La filosofía está siempre implicada en la historia. Y La sombra de Heidegger aborda sobre todo la relación entre los intelectuales y el poder. Se trata de un caso extremo de un gran intelectual que quiere ser el ideólogo de un gran movimiento nacional. Por supuesto, termina mal porque los jefes políticos siempre quieren ser también los ideólogos.

-¿Qué motivos lo decidieron a darle un tratamiento ficcional a la relación de Heidegger con el nazismo?

-El tema como ensayo me parecía agotado. Pensé, en cambio, que la cuestión de Heidegger era suficientemente delicada para merecer que lo tratara la narrativa. La narrativa tiene un acercamiento al objeto más lateral, más sutil, que permite distintas miradas. La novela puede ser totalizadora e incluir elementos ensayísticos. Esa es una de las razones por las que escribo más novelas que ensayos. Por otro lado, yo quería que fuera una novela argentina. Dieter viene a la Argentina y Martín, su hijo, cuando se presenta ante Heidegger, se presenta como argentino.

-La novela tiene una primera parte inscripta en el género epistolar, la carta de Dieter Müller, y una segunda construida enteramente por el relato del hijo. ¿Por qué eligió esa estrategia narrativa?

-La primera idea era que la novela la narrara Heidegger. Pero eso me pareció muy complicado porque no podía tener a Heidegger hablando doscientas páginas y, por otro lado, no quería que ocupara la centralidad protagónica absoluta del relato. Entonces imaginé narrarlo desde un discípulo y creé a Dieter Müller, un hombre inteligente y muy humilde. Quise mostrar que un hombre mucho menos dotado para la filosofía puede tomar una decisión drástica frente al problema del Holocausto. El relato del hijo es totalmente distinto a la carta del padre. Es una situación teatral, un monólogo que el hijo le dirige a Heidegger. Yo acababa de escribir cuatro monólogos para una obra de teatro y estaba con esa idea. Entonces quedó un monólogo del hijo de Dieter Müller, y Heidegger, que no contesta, revela su silencio. El elemento dramático es la pistola Luger. Es una novela que transcurre con una Luger sobre dos escritorios. Cuando esa pistola desaparece, termina la novela. Y termina con un homenaje a La náusea de Sartre en la frase "Mañana lloverá en Friburgo". De La náusea queda también el gesto de hacer una novela filosófica.

-¿Usted diría que La sombra de Heidegger es una novela filosófica?

-Creo que sí, porque plantea problemas filosóficos como la relación del intelectual con el poder, con la muerte masiva y con el suicidio. Y es además una novela de filósofos.

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