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Un inglés en Buenos Aires

El músico inglés será la figura central del festival Bue Mix Edition, que se realizará este viernes y sábado

Martes 25 de octubre de 2005
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LA NACION

Todos los grupos y solistas extranjeros que tocarán este fin de semana en los distintos escenarios del festival Bue Mix Edition, en el Club Ciudad de Buenos Aires estarán dando su primer show en la Argentina. Los neoyorquinos The Strokes, el trío Morcheeba, la española Bebe que les puso cortina a las duras historias de "Mujeres asesinas" y la oriental M.I.A. y su historia de desarraigo, guerrillas y fundamentalismos exorcizados con la música.

Pero lo más sorprendente es que éste sea el tan retrasado y esperado debut de Elvis Costello en el país. No sólo porque el cantautor inglés lleva casi treinta años de carrera y cerca de treinta discos, sino porque ya desde sus primeros lanzamientos fue conocido aquí. Y él tempranamente se ha mostrado atento al país o, por lo menos, más que la mayoría de los músicos. Esto no sólo significa que en alguna entrevista para un medio local hace ya varios años haya citado a Carlos Gardel, Piazzolla y Fito Páez (con el que dijo que le gustaría trabajar), sino porque en 1986 ya puso Buenos Aires, Argentina y las Malvinas en la letra del tema "Tokio Storm Warning".

Malvinas parece haber sido, claro, lo que despertó su interés. El conflicto de 1982 no dejó indiferente a este músico que en sus letras siempre mostró interés en lo que sucede y en lo que puede suceder. "Shipbuilding" de 1983, habla de ese sombrío conflicto y de la maníaca construcción de barcos para ser enviados a la guerra. La canción sirve también para entender por qué siempre ha costado encasillar a Costello. Porque allí, para el solo que sonaba en su mente, buscó y encontró a Chet Baker, y su trompeta fue el toque justo para la melancolía de esa visión.

Cuando apareció su primer trabajo, "My Aim is True", Costello fue rápidamente ubicado dentro del incipiente movimiento punk. Es cierto: la urgencia de esas canciones, la rapidez con que fue grabado, su amor por el rock minimalista y que fue el tan fundacional año 1977 lo acercan a aquel movimiento. Pero rápidamente se ocupó de desmarcarse. Ya en "This Years Model", su segundo trabajo, daba una pista. En la tapa, Costello, con traje, corbata, pelo corto y anteojos, apuntaba con una cámara fotográfica. Como una inversión de la prueba, éramos nosotros y no él los que estábamos siendo observados, atento a nuestras reacciones frente a su música. Apenas un poco después, eligió como lado B de uno de los simples "My Funny Valentine", versión Chet Baker, claro.

Es sólo el comienzo. O fue antes, porque Costello -Declan McManus, tal su verdadero nombre- estuvo expuesto a la amplitud musical desde un comienzo. Su padre era trompetista de un grupo de jazz, su madre trabajaba en una disquería y él creció escuchando Beatles, discos de Motown y mucho jazz. Para completar (y entender su aspecto de nerd) trabajó como operador de computadoras en Liverpool donde se había mudado con su madre desde Londres.

Si su voz nasal no lo podría haber convertido nunca en un cantante de primera línea, hizo lo que correspondía: componer. Tampoco es un gran guitarrista, pero sí lo justo para pensar la música de otra manera, tener la mente abierta y escribir letras que siempre han estado un paso más adelanto del promedio. Los temas que lo inquietan están allí desde un principio: los medios y su omnisciencia (ya en la inaugural y reggeada "Watching the Detectives") el fascismo político y mental ("Less Than Zero", que de paso le dio nombre a la novela de Bret Easton Ellis, y no es el único caso, suyo también es el "High Fidelity" que tomó prestado Nick Hornby), el amor torturado ("Alison") y la cultura pop ("Radio, Radio").

Su curiosidad, su odio a las categorías lo llevan a transitar por distintos géneros y estilos. Su amor por la música country se selló con el disco "Almost Blue", una colección de clásicos del género grabados en la mismísima Nashville y que presentó en 1982 en Londres con su banda, The Attractions, y 92 músicos de la Royal Philharmonic Orchestra.

La enumeración de sus distintas búsquedas y colaboraciones es larga. Grabó con el Brodksy Quartet el álbum "The Juliet Letters", sobre unas supuestas cartas enviadas a la Julieta shakespeareana (por ese tiempo, principios de los noventa, descubrió que había que dejarse de dar vueltas con que no valía la pena escribir música y se puso a estudiar); junto a la mezzosoprano Anne Sofie von Otter grabó canciones de los Beatles, Tom Waits, Brian Wilson y propias, entre otros; hace poco más de un año preparó la música para ballet "Il Sogno" que grabó con la Sinfónica de Londres, dirigida por Michael Tylson Thomas; tiene un disco con Burt Bacharach y, antes, su trabajo con Paul McCartney produjo un álbum y el exitoso tema "Verónica"; también fue convocado por la banda de Charles Mingus y le puso letra a músicas del genial bajista.

Otro tema, en este caso de Charles Aznavour, y grabado por encargo para la película "Un lugar llamado Notting Hill" lo puso de nuevo en todas las radios. Claro "She", una canción de buen amor a años luz de aquel canto a la frustración amorosa y a los deseos homicidas que fue "Alison". Es que el amor tuvo vueltas en su vida también y el último vuelco fue reciente y bastante resonante, cuando dejó a Cait O´Riordan, ex integrante de los Pogues, con quien estuvo casado más de 15 años, para armar nueva historia con la pianista y cantante de jazz canadiense Diana Krall.

"Ya mientras hacía los álbumes «Trust» e «Imperial Bedroom», cuando tendría que haber estado atento a ver qué otros discos de pop o rock salían, yo prefería escuchar Debussy o «Round About Midnight»", le dijo a la revista Jazz Times, sin modestia.

Eran tiempos de desmarque que ahora no parece necesitar. Ya no es aquel tipo antipático y de sets cortos, que hasta hizo saltar a todos cuando dijo de Ray Charles que era un negro ciego e ignorante. Con el tiempo aclaró que tal era su naturaleza, como la del escorpión que no puede evitar picar a quien lo ayuda a cruzar el río, que sólo quería decir cosas para pelear. De todas maneras, cantó en 2002, que "era más fácil cuando era cruel".

Ahora, por fin, llega a Buenos Aires -para presentar su último disco, "The Delivery Man"- con the Impostors, integrado por Steve Nieve en teclados y Pete Thomas en batería. Compañeros perfectos: ambos integrantes de los Attractions con los que grabó sus diez primeros discos.

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