Un cuarteto original y genuino
Presentación del disco "Cuartoelemento" , por Cuartoelemento, con el Mono Izarrualde en flautas, Néstor Gómez en guitarra, Matías González en bajo acústico y contrabajo y Horacio López en batería. En el Teatro Presidente Alvear.
Nuestra opinión: Muy bueno
Cuartoelemento desarrolló en su presentación de anteanoche, en el Teatro Alvear, de su disco "Cuartoelemento", un encuentro con la creatividad colectiva, con una de las formas más interesantes de la improvisación, grupal, inspirada y con una audacia alegre, fraterna. Un grupo que hizo del equilibrio una forma estética; una cálida manera de exponer una mirada rejuvenecida sobre materiales de la música popular de la cual se alejaron para sobrevolarla, quitarle sus límites y desde allí recrearla. El paso posterior fue devolverla como la habían comenzado, íntegra.
Hicieron un repertorio abierto en lo estilístico. Un tango, una chacarera, un bolero o alguna pieza de Charlie Haden; nada les es especialmente ajeno. Suenan personales y han podido desarrollar en esta propuesta algo tan serio como una genuina aproximación a una música que tiene atmósferas rioplatenses, locales, ciudadanas.
Están sentados en una misma línea, que comienza a la izquierda con Horacio López, baterista y percusionista de una llamativa ubicuidad, rico en la construcción de climas y timbres; luego el Mono Izarrualde, melodista inspirado y de una variedad de ideas que conquistó al auditorio; a su lado, Néstor Gómez, un músico que mantiene viva la fuerza y la alegría que tiene la música en su esencia, y, en el extremo opuesto, Matías González, un bajista que sabe manejarse tanto en el mundo del ritmo como en el de la improvisación.
Comenzaron con "First Song", una balada a medio tiempo en la que la riqueza de Izarrualde se conjuga con el genio de Gómez y consiguen imprimirle a este tema un andar localista.
A poco del inicio, un vals agitado que Gómez rebautizó "Te quiero negra" o una chacarera de Fortunato Juárez se volvieron material propicio para que el grupo trabajara sobre texturas que suenan modernas, sin oropel, despojadas de innecesarios circunloquios. Sonaron directos, como en la exquisita versión de "Oblivion", de Piazzolla, en la que reunieron sentimiento con elevación.
Un cuarteto que mostró que desde formas de interpretación conocidas se puede desarrollar el espíritu de la originalidad. .
César Pradines