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Premios a emprendedores sociales

Domingo 30 de octubre de 2005

Cada vez más se desarrolla en el mundo el concepto de "emprendedor social", que comprende a los miembros de una sociedad cuyas ideas innovadoras para solucionar temas tan fundamentales como la desnutrición, el cuidado del medio ambiente, la educación o la niñez desamparada han sido sistematizadas en programas e ideologías que les permitieron avanzar en proyectos para la creación de valores sociales como su objetivo principal, de manera de lograr una sociedad más justa, equitativa y pacífica.

En la Argentina este concepto se ha desarrollado también con notable éxito en los últimos años y ya suma varios nombres. Es por todo esto que corresponde destacar la entrega reciente de dos importantes premios destinados a emprendedores sociales argentinos, hecho que refrenda incontrastablemente la importancia que estos sujetos sociales tienen aquí y en el exterior.

Organizado por la Fundación Schwab, en conjunto con el diario El Cronista, se entregó por primera vez el Premio al Emprendedor Social del Año, luego de cinco meses de estudios y exhaustivos análisis de cada una de las presentaciones. Se seleccionaron siete finalistas -Carlos Tramutola (Fundación Cimientos, Buenos Aires), Mónica Pescarmona (Fundación Grameen, Mendoza), Jorge Gronda (Cegin, Jujuy), Beatriz Pellizzari (La Usina, Buenos Aires), Patricia Merkin (Hecho En Buenos Aires, Buenos Aires), Fabián Ferraro (Defensores del Chaco, Moreno, Buenos Aires) y Ernesto Leonoff (AMOI, Buenos Aires)-; finalmente, el galardonado fue el doctor Gronda, que representará a la Argentina en foros internacionales como el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, en enero de 2006.

Casi contemporáneamente, la empresa financiera suiza UBS, en alianza con la Organización Internacional Ashoka, otorgó el premio Reconocimiento UBS al Emprendedor Social, también por primera vez aquí, a Fabián Ferraro, de la Fundación Defensores del Chaco en Moreno, provincia de Buenos Aires, que recibió 20.000 pesos; hubo además tres finalistas: Abel Albino, de la Fundación Conin (Mendoza); Marcelo Caldano de la Cooperativa Educacional Olga Cossettini (Capilla del Monte, Córdoba) y Gustavo Gennuso, de la Fundación Gente Nueva (Bariloche, Río Negro), que recibieron 5000 pesos cada uno.

En el caso del médico ginecólogo jujeño Jorge Gronda, fundador de Cegin en 1988 -una empresa de salud autosuficiente y lucrativa con alto impacto social-, se trata de alguien que decidió decir que no al hecho de que las mujeres y los niños de su provincia que vivían en zonas alejadas se conformaran con una atención de salud precaria, y también admitió que quienes brindan salud deben poder vivir de su profesión. Desde que comenzó a operar, hace 17 años, Cegin ha tratado a 40.000 mujeres; actualmente, el centro de salud recibe a 130 pacientes diarios, realiza 650 pruebas de cáncer de ovario mensuales y brinda tratamiento a 500 mujeres cada mes. Entre las muchas fortalezas de este emprendimiento, se destaca la posibilidad de que el proyecto sea repetido en otros lugares e integrado con otros servicios sociales.

Por su parte, la Fundación Defensores del Chaco, creada en 1994 por Fabián Ferraro, utiliza el fútbol y las artes para dar contención a una comunidad de bajos recursos como es Moreno, en la provincia de Buenos Aires, donde este emprendedor social nació hace 34 años. Este modelo, que ha sido reproducido en toda la Argentina y en seis países de América latina, opera en una serie de programas complementarios que incluyen becas destinadas a la participación en encuentros culturales y deportivos, diseñados con el fin de fortalecer a las comunidades locales y su paulatina inserción en el sistema institucional. En la fundación trabajan con 1450 jóvenes e inciden indirectamente sobre 250.000 personas; se ha creado una liga de fútbol callejero en la que participan 20 organizaciones sociales y, en el nivel internacional, la red del fútbol por la paz. También cuenta con un centro jurídico de atención gratuita a la población.

Estos premios concedidos a estos emprendedores sociales, además de recompensar y hacer conocer una labor fundamental y poco común, los ayudan también a dejar las tareas que realizan habitualmente para sustentarse para dedicarse de manera integral al desarrollo de sus proyectos de impacto social y llegar así a los sectores más desprotegidos de la sociedad.

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