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Televisión: "La noche del 10"

Maradona y el show de la despedida

Espectáculos

Fue anteanoche y volverá el año próximo por el 13

Por   | LA NACION

Parecía que las metáforas habían alcanzado su límite. Que después de tanto hablar de Maradona como Dios y de sus seguidores como si de fieles se tratara, finalmente, para el último programa de "La noche del 10" el ciclo de Canal 13 se convirtió en procesión pagana. Y el Luna Park en su templo.

Anteanoche, desde las 20, la calle Bouchard era un hervidero de gente. Parecía la noche del recital de la banda favorita de todos. Una velada de gala en la que el uniforme de rigor de las más de 5000 personas presentes eran las camisetas de la selección argentina con el 10 en la espalda, las de Boca Juniors y cualquier remera que hiciera referencia al protagonista de la reunión.

Y allí entraban con el corazón latiendo fuerte, conscientes de su privilegio. Porque ya no tenían que mirar todo el show desde su casa. Ahora, como en los tiempos en que Diego transitaba las canchas de fútbol, iban a estar al borde del césped mirando cada jugada de cerca.

Lo primero que se veía, cuando todavía faltaba más de media hora para el comienzo, era a la familia Maradona en pleno saludando desde el atrio. Mientras Dalma y Giannina charlaban con sus conocidos y sus desconocidos se desesperaban por charlar con ellas, el cuerpo de baile ensayaba y la pantalla gigante que dominaba el escenario central mostraba una señal de ajuste gigante y dividida en tres. La compuerta central por la que pronto aparecería Maradona de blanco y dorado, subía y bajaba practicando su papel destacado en "La noche del 10".

"Olé, olé, olé, Diego, Diego", cantaba la hinchada mientras esperaba ansiosa, cámaras de foto en mano y celulares en las orejas. A las 21, llegó el momento de la verdad y el "estudio más grande de Sudamérica" se apretó de emoción.

Con los brazos en alto como los campeones que pasaron por ese mismo escenario cuando tenía forma de ring, Maradona miraba extasiado a su público saltando en las tribunas. Y cantando un canto bien futbolero: "Brasilero, brasilero que amargado se te ve". Clara referencia a Pelé y a la pelea eterna que los enfrenta en el Olimpo del fútbol.

Con todos los ojos puestos en el novel conductor parado frente a un Luna Park lleno -una tarea que a más de un experto hubiera espantado-, pocos notaron que sobre sus cabezas tres de las bandas más populares de la Argentina esperaban turno para rendirle pleitesía. La Bersuit, Los Ratones Paranoicos y Los Piojos jugaron a la guerra de las canciones en honor al ídolo.

La Bersuit tocó dos canciones y cerró con Diego, en pijama, bailando con ellos. Para hacerlo tuvo que correr a cambiarse y luego acelerar el paso para subir hasta el escenario elevado. Lo mismo haría cuando Los Ratones Paranoicos tocaron su canción, "Para siempre". Los traslados del conductor de un lado al otro multiplicaban la adrenalina de los presentes ya bastante alta de por sí. Manos estiradas para tocarlo, ojos enormes para mirarlo de cerca y cámaras prontas para inmortalizar ese momento.

Con cada flash que se disparaba, se sumaba una imagen que tal vez aparezca en la próxima temporada del ciclo (su vuelta es casi una certeza para todos los involucrados), enviada por algunas de las 5 mil personas que relatará su experiencia en el Luna Park como única e irrepetible.

Feliz conducción

En los cortes Diego charlaba con Sergio Goycochea, su compinche, y con Pablo Codevilla, su guía en el laberinto de cámaras, productores y locura que caracterizó al gran despliegue de "La noche del 10" y que anteanoche creció. Mucho. Los productores, tan sincronizados como el cuerpo de baile, se movían con la tranquilidad del capitán del barco, Maradona.

"Qué lindo hubiese sido hacer los 13 programas con este público", dijo Diego demostrando que cuanta más atención cariñosa recibe mejor le sale todo. Para demostrarlo bastó con el relato del gol a los ingleses, uno de los segmentos más inspirados de todo el ciclo, que generó entre el público un caso de argentinismo agudo, como si aquel Mundial todavía estuviese en juego.

A diferencia de los 12 programas anteriores en el final casi no hubo invitados, más allá de las bandas nacionales y de la visita de Enrique Iglesias, más promocional que musical. Y de los reportajes a Fidel Castro y Mike Tyson, por supuesto. El primero, esta vez subtitulado, cerró la semana política del ídolo mientras que el segundo fue tan memorable para los fanáticos del deporte como para los fans exclusivos de Diego. Es que Tyson, con Maradona en brazos, representó las ganas de muchos de los presentes en el Luna Park. Abrazar a Diego en un apretón interminable. No se pudo. Aunque fue poco lo que les faltó por hacer o ver a los seguidores de Maradona para acercarse a su ídolo.

Y fue poco lo que Diego no hizo para ellos, y para él, claro. Bailó, cantó, jugó al fútbol-tenis preguntó lo que quería cuando quería y hasta retó a su público cuando algo no le gustó. Y ellos aceptaron todo lo que el ídolo les dio hasta el último minuto del programa, que Diego cerró de la misma manera en que había comenzado hace trece semanas: cantando "La mano de Dios", de Rodrigo. Al tiempo que en las tribunas más de uno demostró que cuando de Diego se trata los muchachos sí lloran.

Balance de la última noche

Lo mejor

  • La producción se destacó durante todo el ciclo, pero anteanoche se superó a sí misma con un despliegue enorme de recursos y una pantalla acorde.
  • La presencia de La Bersuit, Los Piojos y Los Ratones Paranoicos acompañaron el show sin opacar a la mayor atracción: Maradona.
  • Los reportajes a Fidel Castro y Mike Tyson podrían haber sido más incisivos, sin embargo, divirtieron más que muchos de los invitados al living de otras semanas.

Lo peor

  • Enrique Iglesias hizo un playback tan poco convincente que parecía un amateur en un karaoke. La despedida de "La noche del 10" se merecía algo mejor.
  • El fútbol-tenis reunió a Maradona y Juan Sebastián Verón, sin embargo, contra lo esperado no mencionaron a la selección nacional. Es más, ni siquiera hablaron.
  • Tantas coreografías distintas alargaron los bloques innecesariamente y le quitaron ritmo a una emisión que no debía dar respiro.
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