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El ataque a la mutual judía: investigación de los fiscales, la SIDE y el FBI

Identificaron al terrorista suicida que voló la AMIA

Información general

Es Ibrahim Hussein Berro, un libanés de 21 años que pertenecía al Hezbollah; una testigo lo reconoció

Algo regordete, con barba y bigotes, de 21 años, cejas tupidas y mirada desafiante. Así era el libanés Ibrahim Hussein Berro, el joven terrorista suicida que el 18 de julio de 1994 se inmoló al estrellar una camioneta cargada de explosivos contra la sede de la mutual judía, la AMIA. A 11 años del atentado, el más grave en la historia argentina y en el que murieron 85 personas, los fiscales Alberto Nisman y Marcelo Martínez Burgos informaron que el conductor suicida había podido ser identificado. Exhibieron dos fotografías suyas y dijeron que pertenecía al Hezbollah, lo que fue corroborado por sus hermanos, que declararon ante la justicia de Detroit (Estados Unidos), donde viven en la actualidad.

Además, Berro fue reconocido en fotografías que le mostraron a la testigo Nicolasa Romero, que había visto al conductor suicida manejando la Trafic en la esquina de la AMIA. La imagen coincide con el identikit que realizó la Policía Federal.

El anuncio fue realizado ayer en la Unidad Fiscal Federal de Investigación de la causa AMIA después de que el presidente Néstor Kirchner recibiera en la Casa Rosada a las autoridades del Congreso Judío Mundial, ante las que ratificó su compromiso para que se esclarezcan los atentados contra la AMIA y la embajada de Israel, al tiempo que respaldó la labor de Nisman.

En 2003, la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), con la colaboración del FBI, el Mossad (servicio secreto israelí) y otros servicios europeos elaboró un informe donde decía que el autor del ataque era un ciudadano apellidado Berro, Brru o Borro, que ingresó en el país desde la Triple Frontera junto con Ahmed Saad.

A partir de este nombre y con la colaboración del FBI comenzó la tarea para identificarlo plenamente y transformar ese dato de inteligencia en pruebas judiciales.

El 9 de septiembre de 1994, dos meses después del ataque que dejó 85 muertos, radio Nur del Líbano dijo que Berro había muerto en un combate contra el ejército israelí, pero nunca le mostraron el cadáver a su familia. Además se estableció que ese ataque ocurrió un día antes, el 7 de septiembre, en Tallusa, donde no murió ningún libanés, sino un soldado israelí. Allí fue atacado con misiles y bombas un convoy del Ejército israelí por combatientes del Hezbollah.

La SIDE comenzó a trabajar y localizó, con ayuda del FBI, a dos hermanos de Berro, que viven en Detroit, Estado de Michigan, en los Estados Unidos.

Uno de ellos es Hassan Berro, de 42 años, que emigró desde el Líbano en 1985 y actualmente tiene 6 hijos. Trabaja como mecánico, al igual que lo hacía en su país. Su hermano Abbas, de 27 años, llegó a Detroit a los 18 años, en 1996, y es mecánico dental.

En abril pasado, agentes del FBI y uno de la SIDE se entrevistaron con los Berro y obtuvieron una foto de Ibrahim Hussein, pero esa información de inteligencia, clasificada como confidencial, debía convertirse en prueba judicial válida.

En secreto, los fiscales Nisman y Martínez Burgos viajaron el 18 y 19 de septiembre a Detroit donde interrogaron a los hermanos Berro, a través de la fiscal de la Unidad de Contraterrorismo de la Fiscalía de Michigan Bárbara Mc. Quade.

Por separado dijeron que el padre era militante de Al Fattah y que su hermano Assad, que no sólo militaba en el Hezbollah, sino que era un sheij, que se inmoló en un ataque contra israelíes en el sur del Líbano en una operación de la que participaron integrantes del clan Thormos. Justamente esa familia está sospechada de haber escondido en la Triple Frontera a Ibrahim Hussein Berro, antes de entrar a la Argentina para el ataque contra la AMIA. Tras su muerte, su esposa recibió un subsidio mensual de 300 dólares del Hezbollah.

Otro hermano, Mohamed, falleció en 1995 en un enfrentamiento armados y su inhumación fue patrocinada por el Hezbollah. Los hermanos aportaron también tres números de celulares del Líbano que usaba Berro en 1994, cuyos números están siendo verificados en una base de datos de 300 millones de llamadas realizadas entre 1991 y después del atentado.

Cambio de vida

Con respecto a Ibrahim Hussein Berro, sus hermanos dijeron que en 1989 cambió su forma de vida y costumbres. Dejó la escuela y a sus amigos y comenzó a desaparecer por varios días. Tras la muerte de su hermano se acercó así al Hezbollah y comenzó a concurrir a campos de entrenamiento militar en el sur del Líbano. Lo hizo amparado por su hermano Alí, militante activo del Hezbollah y enfermero en un hospital de campaña. Luego viajó a Irán.

La familia siempre sospechó que el comunicado sobre su muerte en septiembre de 1994 era falso, aunque declararon que si lo decía el Hezbollah no se discutía. "Cuando Hezbollah afirma algo. Esto es así. No se discute ni se averigua", dijeron.

Los fiscales dijeron que la idea de darlo como fallecido era encubrir su participación en el ataque contra la AMIA. Al funeral de Ibrahim Hussein, sin cadáver, concurrieron altos funcionarios del Hezbollah, su secretario general Hassan Nasrallah y su vicepresidente Nahim Qassem. Nasrallah pronunció un discurso y felicitó a los padres del joven al que estaban velando, Ibrahim "porque lo que había hecho era algo bueno".

La madre de Ibrahim, que vive en el pueblo libanés de Al Oazi, trató de evitar que su hijo terminara mal y le tramitó una visa para que se fuera a Detroit, pero el gobierno norteamericano rechazó su pedido porque era menor de edad. Sus temores se cumplieron, porque según los fiscales, su hijo se inmoló en la AMIA. .

Por Hernán Cappiello De la Redacción de LA NACION
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