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El documento del Episcopado: malestar de Kirchner en El Calafate

Réplica del Gobierno a la Iglesia Católica

Política

EL CALAFATE.- El gobierno de Néstor Kirchner no pudo sostener ni un día su decisión de no responderle a la Iglesia. Tras comprobar las serias repercusiones del duro documento de la Conferencia Episcopal Argentina, emitido anteayer, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, transmitió el enojo del Presidente con los obispos y dijo desde esta ciudad que el pronunciamiento eclesial, que advierte sobre el crecimiento de la desigualdad social, "no se corresponde con la realidad".

Desde el jardín de la residencia privada de Kirchner, recién estrenada, Fernández habló por teléfono con una radio y señaló que "todos los datos demuestran cómo han bajado la pobreza y la indigencia en los últimos dos años, que nosotros estamos gobernando".

El jefe de Gabinete también acusó a los obispos de adscribir a "la teoría de los dos demonios", al condenar a la guerrilla que desató la violencia de los años 70.

"Tampoco me pareció feliz cierta recreación de la teoría de los dos demonios porque no hay nadie en la Argentina que haga una exaltación de la guerrilla, como dice el documento", afirmó Fernández en este aspecto.

A su vez, el funcionario defendió la política del Poder Ejecutivo en la materia, al afirmar que "parece importante recordar lo que el terrorismo de Estado hizo en la Argentina y que se llevó la vida de tantos inocentes".

No obstante, el funcionario aclaró que había considerado "con respeto" la inquietud social de la Iglesia.

En tanto, aquí continuaron ayer los análisis sobre el futuro gabinete entre Kirchner, Fernández y la primera dama Cristina Kirchner. Todo, en el más absoluto hermetismo, entre caminatas, paseos y charlas en la intimidad del enorme chalet (de lo que se informa por separado).

Kirchner masculló su bronca al leer el severo mensaje eclesial que contiene la pluma del arzobispo de Buenos Aires, cardenal primado de la Argentina y nuevo presidente de la CEA, Jorge Bergoglio.

Pero se mordió la lengua. Le ordenó al jefe de Gabinete que nadie del Gobierno le contestara en forma inmediata. "Esperemos a ver cómo sale en los diarios y qué impacto tiene", instruyó Kirchner a los suyos, según aseguraron a su lado.

Ausentismo

Ayer comprobaron que los diarios no traían buenas noticias y consignaban un ausentismo notorio de la versión del Gobierno respecto del documento de la Iglesia. "Salí a contestar", le indicó Kirchner a Fernández. Fue, en rigor, el único funcionario que habló ayer.

Otra vez más, el Presidente registró que su falta de respuesta inmediata podía dejar el escenario mediático libre a quienes considera sus adversarios.

Sólo ayer por la mañana, en declaraciones a Radio del Plata, el jefe de Gabinete señaló: "Sé que hay preocupación por el crecimiento de la desigualdad social, pero ello no se corresponde con la realidad".

El obispo auxiliar de Buenos Aires, Jorge Lozano, le replicó a su vez y dijo que era un documento "realista" (como se informa por separado).

Los obispos de la CEA habían advertido anteayer, al término de la asamblea plenaria del cuerpo, sobre el riesgo de posibles "manifestaciones violentas de sectores excluidos del mundo del trabajo, que podrían degenerar en peligrosos enfrentamientos sociales" en función del aumento de la marginalidad.

En el documento titulado "Una luz para reconstruir la Nación", denunciaron asimismo un "crecimiento escandaloso de la desigualdad".

El malestar y la preocupación de Kirchner se acentúan por el hecho de que el documento tiene el sello del cardenal Bergoglio, con quien mantiene un duro enfrentamiento originado en la agudeza del prelado al analizar la realidad nacional.

En el entorno de Kirchner aseguran que toda palabra que sale de la boca del prelado tiene un significado particular para el Presidente, por cuanto se trata de un obispo al que no puede acusar de conservador ni de autoritario.

De allí que el patagónico haya desairado a Bergoglio el 25 de mayo último y en lugar de asistir al tradicional tedéum en la catedral porteña se haya dirigido a Santiago del Estero.

Sin diálogo

El diálogo entre Bergoglio y el Gobierno está lisa y llanamente cortado. Ni Kirchner ni ningún funcionario relevante de la Casa Rosada habla con el cardenal.

El secretario de Culto, Guillermo Oliveri, nexo obligado con la Iglesia Católica, tampoco tiene ya un trato fluido con la autoridad eclesiástica, y menos aún con Bergoglio.

Es que la Iglesia comprobó que Oliveri -así como su jefe directo, el canciller Rafael Bielsa- no goza de llegada a la cima del poder y que los acuerdos que suscribe son desautorizados por el Presidente y su esposa.

Así ocurrió cuando el canciller del Vaticano, monseñor Giovanni Lajolo, arribó unos meses atrás para sellar un acuerdo con Oliveri y Bielsa por el conflicto sobre el obispo castrense Antonio Baseotto. Por decisión de Kirchner no hubo acuerdo y el Gobierno no le reconoció la investidura a Baseotto, mientras que Roma lo mantuvo en su cargo.

Ayer, ni Oliveri ni Alberto Fernández atendieron las llamadas que en forma insistente realizó LA NACION.

En tanto, el jefe de Gabinete criticó el documento episcopal y dijo que "desatendió datos de los que dan cuenta las estadísticas actuales".

Y agregó: "El documento tiene alguna serie de expresiones que se me hacen difíciles de compartir, pero son las opiniones de los obispos y así lo entiendo". Por último, Fernández negó un encuentro inmediato con Bergoglio: "No hay nada previsto en ese sentido", sentenció. .

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