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"Es difícil encontrar a alguien dispuesto a comprometerse"

Diego Levis

Domingo 20 de noviembre de 2005

La idea de escribir un libro sobre las relaciones afectivas a través de Internet se la dio una amiga pintora una fría y lluviosa tarde de 1999 en un bar de Palermo Viejo. "Vivía en Barcelona y viajé a Buenos Aires de vacaciones. En esa charla, le comenté los resultados de mis reflexiones e investigaciones sobre los navegantes del ciberespacio", recuerda Diego Levis, autor de Amores en red.

Levis nació en Buenos Aires y a mediados de los años 70 se radicó en Europa, donde dibujó, pintó, fabricó muñecas de trapo, fue cocinero y se doctoró en Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Volvió al país en 2000 y desde entonces es consultor y profesor en la Universidad de Buenos Aires.

"Empecé la investigación en 1995 en la Facultad de Sociología de la Universidad de Barcelona, cuando comenzaba el furor. Un día vi que, en el mismo salón, dos chicos por un lado y dos chicas por el otro, sin saberlo, terminaron chateando entre ellos. Cuando se dieron cuenta, se levantaron y rieron, pero no iniciaron una relación. El primer título que pensé para el libro fue El efecto del espejo de la bruja de Blancanieves", apunta.

–¿Por qué?

–La bruja (o la reina mala) pregunta siempre quién es la mujer más bella del reino, y el espejo, invariablemente, le responde que es ella. La cosa se complica cuando responde que la más bella es Blancanieves, entonces la reina apaga el espejo. Acepta sólo lo que quiere oír, y en Internet ocurre eso: iniciar un diálogo significa que me van a decir lo que quiero oír; si no, corto el diálogo.

–¿Recuerda un ejemplo?

–Un chico peruano y una chica de un país centroamericano estaban muy entusiasmados, hasta que él le confesó que era minusválido, entonces ella cortó la conexión. El no respondía a lo que ella había imaginado. Y recuerdo algo que dijo una alumna muy conflictuada: "Vamos hacia un mundo sin amor". La frase era tremenda, pero cada vez más, es difícil encontrar a alguien dispuesto a comprometerse, a formar una pareja para construir algo. Se entiende el amor como amor hacia uno mismo. "Necesito una compañía, alguien útil, pero sin distraerme de mi mundo." Algo como una dama de compañía, una secretaria.

–¿Cuál es su idea del amor?

–"Somos dos que son uno, uno doble, uno amado, uno único e irrepetible", le escribí a la mujer de mi vida en la dedicatoria de un libro. La mayor parte de nuestras vidas gira alrededor de la búsqueda del amor. Pero sin darnos cuenta, dedicamos nuestro esfuerzo a ganar dinero, a coleccionar amantes, a consumir compulsivamente o a buscar poder. Y cuando lo conseguimos creemos sentirnos satisfechos. Pero en el espejo vemos una cara casi desconocida, que intentamos ocultar con maquillaje.

–¿Un buen uso de Internet?

–Le oí contar a un campesino andaluz de 93 años que, en su juventud, antes de la Guerra Civil Española, estrechó en Madrid la mano de Carlos Gardel. Emocionado, decidió ccomprar un disco del cantor aunque no podría oírlo, pues en esa España rural sólo los ricos podían comprar un gramófono. Al final de la guerra, tras 15 años de cárcel, volvió a su casa, pero no encontró el disco. Mucho tiempo después, ya anciano y viviendo en un geriátrico, llamó a un programa de radio sobre tango y pidió que pasaran Te fuiste hermano, el tango. Al enterarse de que el oyente estaba en un geriátrico, el director del programa fue a verlo para explicarle que era imposible conseguir ese tema. El anciano respondió: "Antes de morir sin poder escucharlo, prefiero arder en el infierno". El director buscó en Internet y lo encontró. Así, el fin de semana siguiente, en el sur de España, aquel hombre de 93 años sintió una enorme y sencilla alegría.

Luis Aubele

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