Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Entre la música y el budismo

El cantante acaba de editar su primer CD, "Por el sendero", con temas folklóricos

SEGUIR
LA NACION
Jueves 24 de noviembre de 2005

Su primer acercamiento a la música folklórica lo tuvo durante su vivencia en Pergamino, que le transmitió ese rasgo sereno y esa tonada de pago chico. Tuvieron que pasar muchas cosas hasta que Ignacio Escribano, con 36 años, arribara a su primer disco solista de folklore, "Por el sendero", que acaba de editar Aqua Records. Se recibió de médico, ejerció como periodista, vendió todo lo que tenía y se exilió en Inglaterra con su guitarra como único equipaje, estudió budismo e hinduismo en Europa, viajó por la India, Londres, Alemania, Suecia y Nueva York, y conoció al que hoy sigue siendo su maestro espiritual, Sri Sri Ravi Shankar.

Escribano cuenta toda esa ráfaga de vida, que ahora lo ancla en un presente inesperado como cantor criollo, a la manera de un cronista que se detiene en los pequeños detalles y en las situaciones cotidianas de esos días en que se descubrió cantando algunos de los temas que después terminaron apareciendo en su primer disco solista, que hoy, a las 21, presenta en Clásica y Moderna, Callao 892.

-¿Cómo fue el proceso por el cual pasaste del periodismo a cantar folklore?

-En 2003, gané una beca para estudiar en la Universidad de Cambridge. Estaba mal con el país, estaba cansado de todo, renuncié al trabajo, vendí todo lo que tenía y me fui. Viajé por todos lados y me sentía como un huérfano en el mundo, porque no tenía adónde volver. Lo único que tenía era la guitarra y algunos libros de budismo y el I Ching. Pero en cada lugar que estaba me acordaba del folklore. Así que cuando finalmente volví lo único que quería era cantar esos temas que había aprendido de los discos de Mercedes.

En ese sendero de búsqueda personal, Ignacio se encontró con Raúl Peña -guitarrista, arreglador, maestro y consejero de esta etapa- y tomó la decisión de dedicarle tiempo completo a la música. "Al principio, mi familia no estaba muy contenta, pero le hice caso al corazón y, a partir de ahí, empezaron a suceder cosas espontáneamente. Yo ponía mi energía en estudiar y con Raúl aprendí una bestialidad de los ritmos argentinos. A la vez, fue mi soporte emocional; era la única razón de existir que tenía en ese momento acá."

El folklore, dice, le llegó como un perfume antiguo de su infancia o como algo que geográficamente lo ubicaba en un lugar. "Creo que me terminé quedando en la Argentina por la música; si no, me hubiera ido. Fue lo único que me dio una sensación de raíz y estabilidad. En los momentos más tristes, la música fue la última lucecita de refugio. Cuando estaba afuera me quedaba cantando folklore y bossa nova por las madrugadas."

La música corría en forma paralela a su profesión periodística, pero de un tiempo a esta parte, Escribano se fue perfeccionando, con la misma obsesión con la que dice que pule el comienzo de sus notas. "En los últimos cinco años, comencé a pensar la música como algo más serio, sin perder el sentido lúdico", cuenta con el mismo espíritu que tomó de los músicos populares brasileños a los que admira, como Caetano Veloso y Chico César, que también fue periodista y ahora es músico.

Así, sin proponérselo, llegaron las canciones que terminarían integrando su primer disco, casi como apuntes de un diario personal. "La zamba de Yupanqui «La arribeña» apareció cuando estaba viviendo en Boston. Apenas me recibí de médico, me fui a vivir allá con una norteamericana con la que me había enganchado. Un día que veía nevar por la ventana la zamba me vino a la mente."

En el repertorio de su flamante disco aparecen otras canciones y autores, como "Chayita del vidalero", de Ramón Navarro; "Doña Ubenza", de Chacho Echenique; "Qué bonito", de Alberto Rojo; "Agüita demorada", de los Hermanos Núñez; "Río de camalotes", de Mario Corradini; "Sueñero", de Jorge Fandermole, y "Ese arar en el mar", de Chabuca Granda, entre otras. "Creo que una gran influencia fue Mercedes Sosa. Muchas de las canciones que estoy cantando se las escuché a ella. Para mí es la artista más grande que tenemos."

Escribano dice que conoce de asados y vinos, pero hace tiempo que es vegetariano, practica yoga y la meditación, lo que parecería ir a contramano con el culto y la mística folklórica. "Por eso en el disco incluí un tema como «El obediente»; fue una manera de reírme de mí mismo. Es que de un día para el otro dejé de tomar alcohol y me volví vegetariano, a partir de conocer a Sri Sri Ravi Shankar. El es mi maestro espiritual y el disco está dedicado a él. Yo jamás pensé que iba a tener un gurú", confiesa.

El cantante medita todas las mañanas y sigue los consejos de Shankar. "Hice muchos años de psicoanálisis. Incluso cuando estudié medicina me interesaba la rama de la psiquiatría, porque nadie se ocupaba del dolor humano y existencial. Con este hombre encontré ese costado; pude profundizar en lo espiritual", se sincera. Mientras sigue presentando "Por el sendero", Ignacio Escribano tiene pensado viajar en febrero a la India para participar de otro evento de Sri Sri Ravi Shankar, persiguiendo esa misma revelación que le aparece cuando toma la guitarra y canta a sus otros maestros, los de la música.

PARA AGENDAR Ignacio Escribano presenta su álbum "Por el sendero". Clásica y Moderna , Callao 892 Hoy, a las 21. Entradas, 12 pesos.

Te puede interesar