La nueva etapa: entre la repercusión en el exterior y la estrategia callejera de los aliados del Presidente
Inquietud en Madrid por la inesperada salida de Lavagna
Piensan que no es una buena señal
Por Silvia Pisani | LA NACION
MADRID.- El cambio de gabinete y, en especial, la salida del ministro Roberto Lavagna, fueron recibidos con desconcierto e inquietud en España, país que ocupa el segundo lugar en el ranking por origen de la inversión extranjera en la Argentina y, de paso, uno de sus aliados más fuertes en el exterior.
Pero, a ese desconcierto y a esa inquietud se sumó la menor magnitud de esas reacciones y el ámbito restringido en que se produjeron; mucho más acotado que hasta hace un par de años, reflejo del retroceso de la posición relativa de la Argentina dentro del conjunto de intereses españoles en el exterior.
Con ese matiz, y como es habitual, el Palacio de la Moncloa, sede del gobierno español, no hizo comentarios sobre decisiones internas de terceros países; más allá de que su jefe, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, tiene excelente sintonía con Néstor Kirchner, por cuyo acierto ha hecho votos en reiteradas ocasiones.
Pero Zapatero también escucha a sus empresarios y a sus hombres de negocios. Y entre éstos, la impresión dominante tenía tres rasgos en común.
El primero, la idea de que, con Lavagna, partía un interlocutor de primer nivel y conectado con el mundo económico internacional. A eso se suma la incertidumbre sobre hasta qué punto Felisa Miceli es una opción definitiva y, en tercer lugar, la sospecha de que el cambio implica "una demora" en asuntos pendientes. Eso, sobre la incómoda sensación de que la inflación se escapa y de que la tentación de apelar a "mecanismos no ortodoxos" está a la vuelta de la esquina.
El que puso ese riesgo a flor de piel es uno de los economistas más escuchados en esta capital cuando se habla de América latina. "La historia muestra que lo único que sirve contra la inflación son los mecanismos que duelen; que todo lo demás es fracaso. La impresión es que, en su escenario electoral, Kirchner no quiere nada que duela y eso es más fácil que lo tenga con Miceli que con Lavagna. Es una pena, es el riesgo de perder una oportunidad", dijo el analista, en diálogo telefónico con LA NACION.
Pero no sólo es economía; también es política. "El cambio no es buena señal. Lavagna era el contrapeso ideal para los excesos de Kirchner. Y lo malo es que, además, su retiro implica un fortalecimiento del ministro Julio de Vido, cuyo diálogo con las empresas españolas es, por mucho que se proclame lo contrario, menos eficaz", dijo el economista Carlos Malamud, del Real Instituto Elcano.
Sólo dudas
Desde lo estrictamente financiero también hubo dudas. "El riesgo ahora es que el Gobierno ceda en materia inflacionaria, en política fiscal y en sus negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Y eso no es buena señal para inversores extranjeros, con la consecuente demora en la evaluación de nuevas inversiones", dijo Meritxell Soler, de la consultora Grupo Analistas.
Pero de todo esto se habló con sordina; muy lejos de grandes titulares. Por mucho que los discursos políticos digan otra cosa, lo cierto es que en estos años la Argentina retrocedió en forma estrepitosa en su posición relativa entre los negocios españoles en el exterior. En 2004, la Argentina representó menos del uno por ciento de la inversión española en el exterior, según datos de consultoras privadas.
Si bien la información apenas mereció títulos interiores, los enfoques fueron contundentes: "Kirchner destituye al artífice de la recuperación económica de la Argentina", dijo el influyente diario El País.
"Lavagna es destituido por Kirchner tras denunciar casos de corrupción", tituló El Mundo, en su sección Economía. El mismo enfoque le dio el diario ABC, que atribuye el desenlace a las denuncias del ex ministro que "salpicaron" al titular de Planificación, Julio De Vido, a quien presenta como "mano derecha" del Presidente. .
