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Atenas fue la elegida para los Juegos 2004

La capital griega ganó claramente; Buenos Aires quedó última; Menem pidió ya la postulación para el 2008.

Sábado 06 de septiembre de 1997

LAUSANA, Suiza (De nuestros enviados especiales).- Una sola palabra desmoronó la intención argentina de colocar a Buenos Aires como sede de los Juegos Olímpicos del 2004. La voz, casi sin emoción, de Juan Antonio Samaranch mencionó a Atenas y, con ese nombramiento oficializado por el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), terminó el suspenso iniciado en marzo último, cuando nuestra candidatura había sorteado el filtro clasificatorio. Que Atenas se impusiese a Roma por 66 votos contra 41 figuraba dentro de lo previsible, ya que se suponía que el sentimentalismo que genera la cuna de los Juegos podía vencer el favoritismo romano. Pero sí resultó llamativo que Buenos Aires quedase eliminada tras la primera rueda de votación. En esa circunstancia, la candidatura porteña igualó el último lugar con Ciudad de Cabo, con 16 votos. El desempate frenó la carrera de Buenos Aires al perder el ballotage por 62 a 44. Sucesivamente quedaron en el camino Estocolmo y la ciudad sudafricana.

Frente al traspié aparecieron dos actitudes en la delegación argentina, en la que hasta último momento se mantuvo la esperanza.

Por un lado, se habló de compromisos incumplidos. Muchos faltaron a su palabra, dijo Francisco Mayorga, secretario de Turismo de la Nación. Pero, enseguida, se fijó una posición en favor de otra postulación.

Felicito al pueblo y a las autoridades de Atenas, pero ya mismo daré instrucciones a Mayorga y a Porta (secretario de Deportes) para que comiencen a trabajar para la candidatura de los Juegos del 2008, comentó el presidente Carlos Menem, que, horas antes de la elección, habló ante los delegados del COI en busca de consolidar con su presencia a Buenos Aires.

También el jefe de Gobierno porteño, Fernando de la Rúa, fue tocado por la derrota.

Felicito a Atenas, pero me da pena no haber ganado, comentó el dirigente radical mientras sumaba y restaba todavía los votos que el Comité Olímpico Argentino daba como seguros.

Esa lista de adherentes que habían comprometido su apoyo y que en el secreto de la votación dieron la espalda aumentó la desazón de la delegación argentina.

Un sueño que se hizo trizas muy rápido

LAUSANA, Suiza.- A esta altura resulta abrumadora la evidencia de que un proyecto técnico es tan sólo una arista de la compleja telaraña de decisión olímpica. Buenos Aires puede rubricar tal concepto, luego de que una desilusionante eliminación en la primera vuelta electiva hizo añicos su sueño de acunar al mundo de anillos entrelazados. Porque, finalmente, regresarán a Europa esos Juegos del 2004 que pretendían los porteños. Atenas fue elegida sede y, así, a Buenos Aires el único consuelo que le quedó fue pensar en la experiencia ganada para el abordaje del 2008.

Perdidas quedaron las palabras del presidente Carlos Menem, con aquel vaticinio lindante con lo fantástico ("hay un 95 por ciento de posibilidades"). Buenos Aires logró sólo 16 votos en la primera elección y, como empató en el último lugar con Ciudad del Cabo, debió ir a un desempate inmediato con la candidata sudafricana. Allí, por una impresionante diferencia de 62 sufragios a 44, la postulación argentina vio cómo sus ilusiones se destrozaban en mil pedazos.

Atenas le ganó el mano a mano final a Roma, quedará escrito en las estadísticas. Con un abismal 66 a 41, la capital griega organizará los Juegos Olímpicos que también tenían a Estocolmo, Ciudad del Cabo y Buenos Aires como interesadas.

Antes, las cinco urbes que luchaban por los Juegos se habían presentado formalmente ante sus electores. La Argentina había ocupado el cuarto lugar en la cronología de los discursos, después de Estocolmo, Ciudad del Cabo y Atenas, y antes de Roma.

Tras unas palabras del coronel (RE) Antonio Rodríguez, Menem ensayó un golpe al corazón, De la Rúa trazó un panorama metropolitano, Mayorga dio pautas de la candidatura y Sabatini, de la mano de una niña, pidió los Juegos "para las generaciones del mañana". No alcanzó. Seguramente porque ya casi todo estaba juzgado.

Choque entre el Sur

Se necesitaban 54 votos para ganar. Si nadie los obtenía, la ciudad con menos adhesiones quedaba eliminada. Y así sucedió. Atenas sumó 32 sufragios; Roma, 23; Estocolmo, 20, y Ciudad del Cabo y Buenos Aires, 16. Al empatar en la última colocación, argentinos y sudafricanos debieron dirimir en un duelo. Y allí la estrategia europea (que habría apoyado a Ciudad del Cabo) dinamitó la esperanza sudamericana: los del continente negro ganaron por 62 a 44 (hubo un voto anulado).

Afuera Buenos Aires y de vuelta a empezar. Los integrantes del staff de los anillos se apoltronaron nuevamente y sufragaron por segunda vez. El procedimiento era el mismo.

Y otra vez no hubo un ganador. Atenas llegó a las 38 gentilezas; Roma, a 28; Ciudad del Cabo, con la ayuda sudamericana, a 22, y Estocolmo, a 19 (perdió una adhesión en la ruta).

Se fue la capital sueca, castigada por la serie de atentados que sufrió en las sedes olímpicas. Y se calcó la escena. Atenas se quedó con muchos de los votos de Estocolmo y arribó a los 52 (por 2 no ganó antes del mano a mano final); Roma, a los 35, y Ciudad del Cabo, a los 20 (se le escaparon dos).

El margen definitivo le dio una categórica victoria a los helénicos, con un 66 a 41 tan aplastante como para no dejar siquiera una duda.

Buenos Aires ya había abandonado. Muchísimo tiempo antes, el trabajo del Comité Pro Sede porteño se había perdido entre un mix de política, contactos, influencias y peso internacional, materias que quedarán para rendir dentro de cuatro años, cuando, como confirmó Menem, la Reina del Plata vuelva a la palestra.

Mirar hacia atrás resultará vital. Si bien el proyecto técnico se mostró irreprochable, decir que todo el trabajo fue bueno sería mentirse. No aceptar que muchos integrantes del Coprose no dan el target olímpico, también. Se enoje quien se enoje.

Ahora hay que pensar en el futuro con los errores del pasado anotados en un cuaderno de tapa dura. Buenos Aires puede ser olímpica. Pero necesita hacer de manera impecable todos los deberes. Por el momento, la realidad del movimiento de los anillos le demostró que le faltan varias asignaciones para recibirse de ciudad olímpica.

Por José Ignacio Lladós (Enviado especial)

La dama griega dio jaque mate

LAUSANA, Suiza (De nuestros enviados especiales).- Ex legisladora, millonaria, avasallante, de un carácter terrible, prefabricada facial y excesivamente personalista, la griega Gianna Angelopoulos-Daskalaki se erigió en la gran ganadora de la tarde olímpica.

Como presidenta del Comité Pro Sede helénico, Angelopoulos manejó la candidatura a piacere. Hizo y deshizo a su antojo y se convirtió en el referente obligado de Atenas 2004.

Casada con el patrón del acero de Grecia, Theodoros Angelopoulos, Gianna fue rebautizada con el apodo "La Dama de Hierro", por un obvio paralelismo de personalidades con Margaret Thatcher.

Su lobby asfixiante y su carácter soberbio, finalmente, le rindieron buenos frutos. Es que no dejó miembro COI sin atención ni durante dos minutos. En cuanto alguno de los olímpicos pasaba por su lado, ella estiraba los brazos, ponía una sonrisa de ocasión y lo estrechaba en un abrazo, acto fotocopiado tantas veces que más de un irónico la llamó "Mamá Pulpa".

"Ganó la nueva Grecia", consideró ella luego de congelarse con sonrisas que dejaban en evidencia el exceso de maquillaje. "Es el premio a un trabajo de muchos años", continuó.

No le faltaron razones a Gianna. Atenas mejoró una vida en infraestructura, construyó estadios, creció en casi todos los puntos. Pero también existieron otras verdades para el triunfo de Grecia que pueden sintetizarse en otros tres puntos:

El lobby. No sólo La Dama de Hierro asfixió a los votantes, sino que el rey Constantino -miembro honorario del COI-, desde su exilio, también colaboró con sus contactos. Algunos cuentan que el monarca destituido se movía en el avión privado de Gianna, quién si no. Y que, como pretendía regresar con gloria a su país, no escatimó esfuerzo para que Atenas consiguiera el objetivo.

El sentimentalismo. Se sabía que Atenas contaba con un elemento extra que la iba a ayudar. Y que finalmente se confirmó: el sentimiento de deuda que había con ella por no haberle dado los Juegos de 1996.

La rotación geográfica. El pensamiento de que los Juegos debían regresar a Europa después de 12 años también tuvo un papel de importancia. Y por eso la batalla se definió entre dos ciudades europeas.

Análisis : el tablero de votos se movió

Anonadado: a Mayorga lo sorprendió la fuga de adhesiones que creía aseguradas; no todos los americanos apoyaron a Buenos Aires.

LAUSANA, Suiza (De nuestros enviados especiales).- Había arreglos de todo tipo. Buenos Aires había cerrado con los latinoamericanos un trato que le movilizaba unos 14 votos (Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela, Guatemala, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba y dos de México).

A ellos debían sumárseles unos cuántos de Europa y Asia. Supuestamente, algunos miembros franceses y españoles tenían a la candidatura porteña como preferida. También había un alemán en las consideraciones. Y después se pensaba que la mitad de los sufragios asiáticos (son 17) y algún disidente de Africa podían sumarse a las huestes argentinas, sin dejar de lado a uno de Oceanía. Pero el tablero falló.

"Mucha gente faltó a su palabra; estoy desorientado. Hicieron todo para sacarnos en la primera vuelta; no hay dudas de que hubo una directiva de arriba hacia el triunfo de Atenas", dijo Francisco Mayorga, titular del Coprose, con los ojos enrojecidos por las lágrimas. Y sí. Hubo más de una traición en el atardecer suizo; a esta altura, de ello no quedan dudas.

El tema es develar de dónde surgieron los que fallaron. La primera acusación solapada miró hacia América. Con sólo 16 votos conseguidos, resultaba imposible creer que sólo se hubieran sumado 2 fuera del ambiente latino.

Pero, aparentemente, así fue. La mayoría de los miembros COI del continente le mostró su voto al coronel Rodríguez, con lo que queda desechada la idea de una conjura americana.

Pero también resulta imposible suponer que sólo dos de los votos extracontinentales apoyaron a Buenos Aires. Y hay motivos para elaborar esa teoría: España, Francia, Inglaterra y Alemania se preparaban para asaltar la ilusión del 2008. Para ello necesitaban una ganadora no europea.

No todos cumplieron

La conclusión es que no todos los americanos que habían prometido votar por Buenos Aires cumplieron. De hecho, off the record se dijo anoche que por lo menos dos de ellos habrían preferido a Atenas o a Roma.

¿Por qué Buenos Aires quedó afuera en la primera vuelta? "Habría que pensar que quizá no representó a toda América", lanzó por lo bajo un votante europeo, titular de una federación internacional de un deporte invernal.

¿Por qué Ciudad del Cabo no fue eliminada antes que Buenos Aires, si su candidatura era peor? "Nos dijeron que los Juegos resultaban fundamentales para la época post apartheid. Por eso tuvo más apoyo del esperado", respondió el mismo hombre. Y hay otro dato, acercado por otro miembro COI: "En el desempate, a los europeos les convenía sacarse a Buenos Aires de encima, porque si no podían peligrar sus candidaturas". Ergo, hubo una especie de estrategia antiporteña que conspiró contra las posibilidades argentinas .

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