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Una película de acción

Con su corto documental Faros, Ernesto van Peborgh registra la tarea de personas que, silenciosamente, trabajan en favor de una comunidad capaz de albergarnos a todos

Sábado 24 de diciembre de 2005

Dos años atrás, la vida profesional de Ernesto van Peborgh (44) estaba enteramente dedicada a la actividad financiera. Un impulso –que todavía no puede definir muy claramente– lo llevó a abandonar ese trabajo, empuñar una cámara de video y mirar hacia ese otro mundo que, ancho, diverso y contrastante, se extiende tan al otro lado de los fondos de inversión. Su primer documental fue Círculos de piedra, registro de la expedición hecha por un grupo de familiares y amigos del empresario Agostino Roc­ca, del periodista Germán Sopeña y de José Luis Fonrouge, director de Parques Nacionales, a un cerro de la provincia de Santa Cruz. Realizada a tres años del accidente en el que perdieron la vida, en 2001, la ascensión constituyó un sentido homenaje a esos hombres, conocidos por su pasión por las cumbres del Sur. "Círculos... fue filmada en forma amateur –comenta Van Peborgh–. Me impresionó ver cómo se emocionaba la gente que la veía. Me pregunté, entonces, qué pasaría si filmaba otras pasiones. Y decidí trabajar con la inclusión social."

Se vinculó con fundaciones internacionales que colaboran con proyectos de desarrollo social en América latina. Analizó centenares de iniciativas lideradas por los que él llama emprendedores sociales: "Personas que imaginan una nueva forma de hacer las cosas y la implementan en la sociedad –explica–. Dispersos por todo el mapa de la región, estos personajes anónimos han puesto en marcha estrategias de acción mediante las cuales han conformado pequeños pero poderosos faros capaces de iluminar y transformar la vida de miles de personas".

Crear valor social

Ernesto van Peborgh, de 44 años, cámara en mano
Ernesto van Peborgh, de 44 años, cámara en mano.

Justamente, Faros es el nombre de su segundo documental (que fue presentado en el coloquio de IDEA), en el que aparecen casos de la Argentina, Chile, Bolivia y Brasil. Para la dirección del film convocó al director Mariano Llinás (Balnearios); él se ocupó del guión y la producción. Al cabo de dos meses de trabajo, el producto estuvo listo: un corto documental en el que imágenes y voces se suceden al ritmo de un montaje dinámico y de una idea dominante: "La exclusión es un problema de todos".

¿Cuáles son las historias que este film busca sacar del anonimato? En principio, la del actor de teatro Bartolomé Silva, al frente de la escuela de artes circenses Circo del Mundo, de Santiago de Chile. Utilizando el gran potencial motivador del circo, Silva desarrolló un programa educativo destinado a niños y adolescentes en situación de riesgo. Allí los chicos adquieren nociones de equilibrio y autodisciplina, útiles tanto para la puesta de un espectáculo como para la vida en general.

Por su parte, el brasileño Rodrigo Baggio cuenta cómo funciona el Centro para la Democratización Informática (CDI), con base en Río de Janeiro. Este espacio integra una red de 596 escuelas de computación en Brasil que se ocupan de capacitar tecnológica y laboralmente a jóvenes de escasos recursos. El boliviano Rubén Darío Suárez Arana dirige el Coro y Orquesta de Urubichá (una de las comunidades más pobres de la región), integrado por niños y jóvenes que interpretan música barroca. El coro, que retoma la experiencia de las Misiones Jesuíticas, se presentó en diversas ciudades de América, Francia y España.

Respecto de la Argentina, Van Peborgh entrevistó a Inés Sanguinetti, presidenta de Crear Vale la Pena, institución que integra la educación, el arte y el desarrollo comunitario. También aparecen dos casos en los que el deporte es la herramienta elegida para la inclusión. Por un lado, la Asociación Civil Defensores del Chaco, creada y dirigida por Fabián Ferraro en Paso del Rey, Moreno. "Comenzamos trabajando con chicos de la calle, haciendo fútbol callejero –relata Fabián–. Hoy contamos con casi 500 socios que a través del deporte incorporan valores, recuperan identidad y autoestima."

A su vez, Marcos Julianes y Carlos Ramallo son los fundadores del Virreyes Rugby Club, un emprendimiento gracias al cual más de 200 chicos de escasos recursos fueron integrados a este deporte. "Durante el entrenamiento o en el marco de un partido no existen diferencias de origen –dice Julianes–. Si en esas dos horas todos somos iguales, ¿por qué no unirnos por el resto del día?"

Ernesto van Peborgh encontró su propia respuesta: "En el ámbito financiero se piensa sólo en crear valor económico –explica–. Ahora busco crear valor social desde la producción audiovisual. Creo que el mundo puede cambiar si cambia el individuo".

Por Diana Fernández Irusta

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