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Tenis | La suspensión a Mariano Puerta

Detrás de la fría letra de un fallo judicial

Deportiva

El repaso por la sentencia deja aspectos claros: el Tribunal creyó en una teoría especulativa, se basó sobre la responsabilidad, pero abrió un resquicio para la apelación

Los fuertes vientos que generó la suspensión por ocho años por doping recibida por Mariano Puerta todavía siguen soplando. Transcurrieron 48 horas del fallo que prácticamente le puso fin a los días como tenista y las sensaciones acumuladas desde aquel anuncio de L´Equipe, en octubre, hasta la resolución del tribunal independiente de la FIT gotean, paradójicamente, a la par del "effortil" que sentenció la carrera del cordobés de 27 años.

Puerta sabe que desde ayer y hasta 2013 no podrá acercarse al mundo del tenis. Tal como le ocurrió en el US Open a Guillermo Cañas, el otro suspendido argentino, actualmente en proceso de apelación, la presencia de Puerta en el circuito será cosa prohibida. La suspensión le impedirá presenciar un torneo, por más que quiera pagar su entrada o lo quisiese hacer, por ejemplo, como entrenador de un jugador. Desde anteayer, el mundo profesional del tenis es cosa prohibida. Otra paradoja: puerta cerrada.

Mientras tanto, el fallo del tribunal sigue ahí, latente. En el escritorio o en Internet, a la espera de sucesivos repasos para buscar, con un poco de frialdad, los motivos que sucumbieron las esperanzas repetidamente esgrimidas por Puerta y su entorno en las horas previas al fallo.

El Tribunal presidido por Tim Kerr es muy claro en cuanto a sus sensaciones sobre la versión vertida por Puerta. Y entrega una llave para comprender el fallo, más allá de que se aluda, posteriormente, una presencia mínima de la etilefrina. "Tememos que el relato de ambos (N. de la R: las declaraciones de Puerta y de su mujer, Sol Estevanez) constituye una teoría especulativa derivada de la necesidad de explicar el resultado positivo del análisis."

De otra manera, entienden que Puerta sabe cómo ingresó la sustancia en su cuerpo, pero el Tribunal no se apoya en la idea del ir y venir de ambos, en un cruce en la cafetería de jugadores de Roland Garros y en el posterior contacto del agua con el vaso cargado con restos de effortil.

Y si bien, por un lado, también son comprensibles los tiempos que se toman los abogados para elaborar la defensa, otro aspecto que parece haber hecho perder puntos es la consignación del amplio tiempo que Puerta necesitó para explicar cómo había ingresado la etilefrina. "Si así fuera, hubieran explicado esa teoría mucho antes. El jugador sabía desde el 21 de agosto de 2005 que la etilefrina era la sustancia encontrada en la muestra A; pero no fue hasta la semana del 10 de noviembre que el jugador dijo tentativamente que la sustancia que había dado positivo habría sido el effortil".

El Tribunal alude, posteriormente, a la responsabilidad del jugador. Este aspecto también es clave porque parece aplicarse un criterio tan proporcional a la magnitud del torneo que Puerta estaba disputando: "No podemos comprender cómo hubiera ocurrido si el jugador hubiera sido cauteloso al máximo. El es responsable por lo que ingiere, y cualquier negligencia de su esposa debe serle imputada a él". Demasiado claro.

Pero es cierto también que, en el caso de Puerta, la defensa fue más sólida que en el de Cañas. En Londres, los abogados de Puerta lograron superar el primero de los tres puntos que se necesitan para esgrimir una defensa: saber cómo ingresó la sustancia prohibida en su cuerpo; fallaron en el segundo y el tercero, ser completamente ajeno a que la sustancia fuese prohibida y actuar de manera diligente para cumplir con las reglas antidoping.

¿Cuál es la diferencia con Cañas? Este, con una floja defensa, no superó el primer punto. Cuando el Tribunal que lo juzgó en Nueva York lo consultó cómo era el remedio, no supo decir, por ejemplo, si eran pastillas o gotas.

Este es uno de los grandes puntos en favor de Puerta -aceptaron, pero no creyeron- y que encaminó la reducción a ocho años de la "suspensión de por vida".

Y esa aplicación de ocho años estuvo relacionada con la reincidencia por el positivo con clenbuterol, sanción que Puerta recibió a fines de 2003, antes de que el tenis se subordinara al Código de WADA (Agencia Mundial Antidoping). Durante el juicio, la defensa de Puerta insistió sobre "el tema la reincidencia". Además, se solicitó que no se tuviera en cuenta ese "primer doping, porque al haber cambios en los códigos, la regla se transforma en ambigua". La respuesta del Tribunal fue contundente: no admite ambigüedad en las reglas y sostiene que "el jugador tiene que saber que si comete una ofensa es reincidente".

Sobre el final, asimismo, ofrece un resquicio mínimo cuando se refiere a invitación a una apelación a la Corte Arbitral del Deporte (CAS), en Lausana. Es que el Tribunal cita "la proporcionalidad", al mencionar el caso de la nadadora italiana Georgia Squizzato, que llevó a la CAS su litigio con la Federación Internacional de Natación (FINA) por un positivo, en 2004, con un metabolito de clostebol (anabólico), en baja concentración. Tal como le sucedió a Puerta.

Por ese motivo, Squizzato fue sancionada con el mínimo -un año-, pero sus defensores pidieron una reducción de ese período. En el fallo de Puerta, el Tribunal comenta que la CAS podría haberse apartado del mínimo por principio de proporcionalidad. La cuestión es ¿por qué el Tribunal menciona este tema y después falla con el mínimo para el reincidente (ocho años)? ¿Por qué se detiene a hablar sobre la proporcionalidad? Es un hueco para este fallo que invita a otras prolongadas lecturas, pero que hoy por hoy marca, inexorablemente, el final de la carrera tenística de Puerta. .

Por Alfredo Bernardi De la Redacción de LA NACION
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