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Viernes 06 de enero de 2006 | Publicado en edición impresa

Tenis | Entrevista

Coria: la autocrítica antes del regreso

El N° 8 del mundo admitió que, en los últimos meses, sufrió "un bajón terrible"; se defendió ante los roces con otros jugadores y reconoce que el ambiente del tenis es "complicado"

 
 
 

VENADO TUERTO.- A diferencia de otros años, Guillermo Coria prefirió el bajo perfil a la hora de la pretemporada. Después de su eliminación en el Masters de Shanghai, se tomó una semana de vacaciones en Fidji, con Carla, su mujer, y posteriormente se recluyó en los trabajos con el español Josep Perlas, su entrenador, y Javier Capitaine, su preparador físico, de cara a la nueva temporada. Además, optó por no participar en ninguna de las exhibiciones que se realizaron en Buenos Aires, Córdoba y Punta del Este, con excepción del partido de fútbol que jugó en la cancha de Boca, a beneficio de la fundación del futbolista Javier Zanetti.

Más allá del trabajo, su actividad estuvo centrada en la inauguración de una cancha de cemento en el Jockey Club, de esta ciudad, que lleva el nombre de su padre, Oscar, y en el orgullo de contar con una cancha que lleva su nombre en la Asociación Atlética Huracán, de Jesús María, en Córdoba.

"Estas son cosas que también me llenan de satisfacción. Dejar algo a nombre de mi viejo y saber que en un pueblo del interior del país se acuerdan de uno, es bárbaro", dice uno de los tres top ten del tenis argentino.

-Estuviste entre los diez mejores por tercer año consecutivo; por ende, es la tercera temporada que ingresás directamente en el Masters. ¿Vos creés que el sabor de haber sido top ten este año es igual al de los otros dos?

-Para mí, éste es más importante por cómo arranqué el año después de la recuperación de la artroscopia en el hombro derecho. Ya venía mentalizado que iba a terminar 20° o 30° del mundo. Pero en el Abierto de Australia, les gané a Berdych y a Ferrero, y después perdí con David (Nalbandian) en cuatro sets, exigiéndome demasiado. Tal vez la equivocación fue, no estando coordinado, haber hecho tantas cosas. Pero no es lo mismo terminar afuera que dentro de los ocho mejores. Y eso, en el fondo, es bueno. Lo que me desilusionó fue no haber ganado un partido en el Masters.

-Deportivamente, ¿qué fue lo mejor que viviste este año?

-La Copa Davis. Lo de Australia fue espectacular, histórico y muy lindo. Formé parte del equipo que le ganó a Australia por primera vez como visitante (4-1). La actuación de David ante Hewitt fue increíble. El dobles fue bueno, también. Y eso fue lo más fuerte del año. En lo personal, lo mejor fue Umag: gané un torneo cuando menos lo esperaba. No tenía ganas de ir y lo terminé ganando.

-¿Y lo peor? Roma...

-No, para mí eso fue espectacular. Perdí con Nadal por apenas dos puntos. Demostró que les ganó a todos y no a mí. Lo más grave, en realidad, fue la falta de ganas que tuve desde Bratislava -la serie con Eslovaquia- hasta el Masters.

-¿Por qué?

-Porque desde la operación no paré. Me entrené y me entrené para estar diez puntos y me exigí demasiado. Cuando se terminó la Copa Davis, que era mi meta para este año, se produjo un bajón terrible. Dejé de tener la garra y el hambre de gloria de siempre. No me dolían las derrotas. ¡Y eso que a mí ni siquiera me gusta perder un set! Este año perdí eso. Lo analicé y me di cuenta en las vacaciones. Estuve mal y debo cambiar si quiero apuntar a cosas grandes.

-¿Te hacés reproches por tus gestos o tu comportamiento? Este año tuviste encontronazos con Hewitt, Massú, Agassi...

-Se habla demasiado por la fama, pero hay otros jugadores que hacen varias cosas seguidas, pero como tienen otra imagen, no pasa nada. Si yo salgo a matar a un jugador como lo hizo Fernando González conmigo, se va a hablar más de mí que de él.

-¿Por qué te sale a matar González?

-No sé, no sé, ya lo había hecho en Chile. Y se le soltó la cadena en Madrid. Si tiene un problema conmigo no es necesario hacerlo público en la prensa; mucho más si pasa por delante de mí, en el vestuario, y no me dice nada.

-¿Sentís que lo que dice es verdad? ¿Sos querido en el circuito?

-O son todos falsos o yo soy muy tonto. La gente que me viene a decir: mala suerte, suerte o bien jugado, estará actuando. Pero no me siento para nada discriminado. Tampoco le doy importancia porque siempre estoy con mi equipo. Pero de González no me esperaba nada.

-¿Es complicado el ambiente del tenis?

-Sí. Mirá, cuando volví de las vacaciones, me encontré con e-mails de los periodistas en los que me preguntaban si iba a dejar a Perlas para entrenarme con Martín Rodríguez; alguien tira un rumor como lo de los dopings y se termina pensando que todo puede ser verdad. Hay gente que no es sincera y te das cuenta que se habla mucho por detrás. Por eso, yo hago la mía.

-Hubo otro tema que marcó tu temporada: el servicio. Desde el día con Massú, se convirtió en un karma...

-La gente se empezó a dar cuenta en ese partido, pero hubo muchos otros, antes del de Massú, en los que tuve problemas.

-¿Pero no son muchas 20 dobles faltas en un partido?

-Sí, ahí saltó el problema del nervio en el brazo. Pasaron otras cosas diferentes a la técnica. Justo me pasó ahí y me atrapé. Me sentí ridículo, mal y avergonzado. Le di demasiada importancia al segundo saque y por eso empecé a cometer dobles faltas. Fue un error mío.

-¿Por qué se generó esa desconfianza?

-Fue por lo que pasó contra Massú, que pese a todo lo terminé ganando. Con David, en el Masters, también ocurrió lo mismo.

-Es notorio porque eso sucede cuando estás arriba en el score; contra Federer, en Shanghai, te pasó lo mismo. Pero en el segundo set, ya perdido, cambiaste.

-No sé... también saqué a dos por hora y él las tiraba todas afuera. Cuando se concentró, me pasó por arriba.

-¿Cómo lo estás trabajando?

-El tema es no darle importancia al golpe; a principio de año, me pasaba lo mismo con el revés. Y erraba millones. Cuando solucioné lo del revés, apareció lo del saque. Yo también pensaba que algo me podía pasar por la operación.

-¿Por qué no jugaste ninguno de los torneos de exhibición de diciembre?

-No me siento bien jugando cuando no estoy entrenado. Me siento mal cuando no me puedo mover. No le puedo brindar lo mejor a la gente que va a pagar la entrada. No me gusta, prefiero que me vean en el ATP o en los torneos, pero que sea al ciento por ciento. Si juego mal ahí es otra cosa. Después, no sabíamos dónde íbamos a hacer la pretemporada. Inicialmente iba a jugar en el Luna Park, pero desistí y a los organizadores les salió redondo: contrataron a David antes de que ganara el Masters.

-Tomemos como referencia las tres estrellas de tenis argentino, Nalbandian, Gaudio y vos; David ganó el Masters; Gastón, Roland Garros. ¿Te sentís mal por no estar en el podio con un gran título? ¿Te molesta?

-No, para nada. Yo no trabajo por lo que hacen los demás, sino por Guillermo Coria. Entonces, los que no pudieron ingresar en el Masters tienen que estar desesperados porque entró Puerta como suplente.

-Pero para vos, ¿qué significa?

-Yo tengo mis metas. Perdí mucho tiempo con el tema del doping y con la operación. Demasiado. Me hizo retroceder mucho. No puedo decir que a esta altura hubiera ganado Roland Garros, un Masters u otro Grand Slam. Pero creo que muchos que opinan, se olvidan de todo el tiempo que perdí. Trabajo para mí y no compito sólo con Nalbandian o con Gaudio. También lo hago con Federer, Hewitt, Nadal, Roddick. Si no lo logro, será porque no me da.

-¿Pero vos pensás que te falta algo?

-No, sé que me da, pero me estará faltando algo. Yo creo que David, después de perder con Tommy Haas en París, no se imaginaba que podía ganar el Masters. No digo que no tenga capacidad. Para mí, con el juego que tiene, tendría que haber ganado algo antes. David es el jugador más completo del circuito.

Por Alfredo Bernardi
Enviado especial .

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