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"Tomátelo con soda"

Espectáculos

Con un repaso de sus éxitos y evidentemente emocionados, Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti ofrecieron el sábado, en River, el último capítulo de su gira de despedida

Por   | LA NACION

"Llegó la hora, el minuto, el segundo, el instante. Soda Stereo, Buenos Aires, Argentina", dijo Cerati y la banda arrancó, por última vez, con "La ciudad de la furia". El estadio entero, lleno como pocas veces hemos visto, con más de 65 mil personas, vibró en un solo temblor. El camino de despedida, que comenzó en México, llegaba a su tramo final.

El show había comenzado minutos antes con la proyección de un video, "Ecos", que mostraba en imágenes y variados looks la historia del trío. Pero fue la presencia de los músicos la que inauguró el espacio-tiempo que, para la mayoría de los asistentes, significaba recorrer buena parte de sus vidas.

Gustavo Cerati, Charly Alberti y Zeta Bosio, seguramente tan emocionados como el público, continuaron con "El rito", mientras en el centro del campo se hacía una ronda-ritual alrededor de una bengala, que unía corazones con música.

Allí estaban también Tweety González, Axel Krygier y Alejandro Terán, que acompañaron a la banda en los conciertos anteriores de esta gira. Pero aquí, en su ciudad, los Soda convocaron a algunos de los que tuvieron mucho que ver con estos catorce años. El tecladista Daniel Sais se unió para "Corazón delator"; más tarde fue Andrea Alvarez quien sumó tambores y percusiones para hacer "Lo que sangra (La cúpula)", tema que Cerati presentó diciendo "entre ustedes y nosotros, qué es lo que hubo sino cópula todo este tiempo". El Zorrito Quintiero agregó teclados en "Persiana americana" y Richard Coleman llegó con su guitarra para el viejo "Sobredosis de TV". "¿Necesitan agua? ¿Tequila? ¿O Soda?", preguntó Cerati, con la mirada fascinada ante esa multitud que coreaba sílaba a sílaba las canciones.

Imágenes de sueño

El escenario, blanco, se completaba con dos inmensos paneles que lo continuaban, produciendo una inmensa superficie de proyección. Colores, dibujos geométricos muy op-art, paisajes, movimiento y hasta una bandera de Boca. Ninguna parafernalia, pero sí mucha idea para lograr que, por momentos, las imágenes ayudasen a completar el viaje al que la música invitaba. Con "Planeador", en medio de lo que fue el bloque más tranquilo de la noche, se sumaron más telas al frente, para que un inmenso bosque transformara a River en superficie etéreo-stereo, mientras luces blancas flotaban en el aire.

Cerati, que alguna vez cantó, como anticipando el tiempo, "no hablaré del final por ninguna razón", evitó esta noche caer en el dramatismo. Era el norte que lo guiaba y que quedó explicitado cuando, media hora antes de comenzar el show, le dijo a un puñado de periodistas que "vinimos sobre todo a celebrar y no sé si me voy a permitir la tristeza, serán otras y muy fuertes las emociones de esta noche". Luego, en un aparte, comentó: "Hay que tomárselo con soda".

Para muchos de los que poblaban el estadio, tampoco hacían falta las palabras. La emoción de "El último concierto" no podía decirse, sólo cantarse, hacer coro de miles de bocas a esas letras que marcaron a fuego los ochenta. Otros, en cambio, hubieran preferido palabras más claras, corazones más expuestos y más temas en una lista que siempre sería corta, a pesar de las casi tres horas de concierto.

"Soda no se va", corearon todos sobre el primer final, sabiendo que aún quedaba el bonus de los bises. El tiempo estuvo entonces a su favor para que el cantante anunciara, ya 21 de septiembre, "Primavera 0", para cerrar final y definitivamente con "De música ligera".

Un recital que marca un hito. Nunca antes el estadio de River había estado tan colmado. Aparecen en la memoria, claro, Amnesty y los Rolling Stones, pero esta vez fue el rock nacional, con Soda Stereo, el que sacó documento de mayoría de edad. .

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