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Equinos: en Coronel Vidal

Jorge Cúneo y sus secretos en el arte de domar

Campo

A los 70 años, este experimentado maestro todavía enseña en su escuela a amansar caballos, según una mezcla de viejas técnicas indígenas y europeas

CORONEL VIDAL.- El caballo es un animal emblemático para esta ciudad del partido de Mar Chiquita, sede de la Fiesta Nacional del Potrillo. Por eso, en la entrada hay una escultura de una yegua con su potrillo que da la bienvenida a los visitantes.

La Escuela de Amanse de Jorge Cúneo hace honor a esta particularidad y es otro de los atractivos locales.

Cúneo es un hombre de algo más de 70 años, de escasa cabellera y "pocas pulgas". Ostenta porte de gaucho y esa amabilidad insistente de la gente sencilla.

Además, es el fundador y director de la escuela Manuel Giles, que hoy es reconocida en toda la región porque enseña a domar potros combinando las viejas técnicas indígenas con las europeas.

Heredero de una tradición

Como heredero de la tradición de doma familiar, Cúneo se dedicó a la cría y doma de caballos. Además, en sus viajes por Italia e Inglaterra, aprendió diversos métodos que luego adaptó y mezcló con los de los indios. Este oficio fue continuado por varios de sus hijos, ya que son alumnos permanentes y realizan el servicio de doma que brinda la escuela.

Cruzando la ruta, luego de varios kilómetros por un camino de tierra, se llega a Los Santos Inocentes, el establecimiento familiar donde se encuentra la escuela.

Desde la entrada se ve la casa, un galpón en el que hay carruajes antiguos y uno de los potreros. A un lado del frente de la casa hay un sauce, debajo de su sombra Cúneo y sus aprendices toman mate antes de continuar con las actividades de la tarde. A pocos metros hay otra casa, en donde se alojan los alumnos y detrás otros corrales para los adiestramientos.

El establecimiento cuenta también con un galpón donde los alumnos realizan sus actividades los días de lluvia. Allí también se encuentra la guardería de sillas para montar, cuyos tipos y usos también se aprenden en el curso.

Cúneo cuenta que después de dedicarse a la administración de campos, la cría de caballos criollos y de polo, decidió cumplir su sueño de fundar una escuela para transmitir todo lo que había aprendido sobre el manejo del caballo. Así lo hizo hace poco más de diez años y se llevó una gran sorpresa, porque no había imaginado que tendría tanto éxito.

La propuesta de esta escuela es sólo para quienes aman a los caballos, esa es la condición que expresa Cúneo en su libro "Doma de Caballos", editado en 1974. Precisamente, dice: "Esta condición es indispensable para que entre el hombre y el animal se establezca el vínculo necesario para poder adiestrarlo".

La importancia de una buena doma, según el maestro, es que marcará la conducta del caballo que, dotado de una enorme memoria, responderá ante determinados estímulos de su domador y, en una etapa posterior, se adaptará según la especialidad que se desee.

Para Cúneo la doma es un proceso de enseñanza-aprendizaje comparable a las instancias de educación del hombre: "El potro debe cumplir con tres etapas de aprendizaje; el domador vendría a ser el maestro de la primaria y el potro es el chico que comienza el primer grado. Tomará todas las indicaciones y herramientas que su maestro le brinde. De esta instancia dependerá que pueda pasar a la siguiente etapa".

El curso de amanse dura al menos, seis meses, pero el plazo se puede extender hasta un año. "Lo que ocurre también es que muchos de los chicos que se forman aquí terminan trabajando como amansadores para la escuela. En otros casos, yo mismo recomendé alumnos para que se instalaran en establecimientos, es lo que me da mayor satisfacción", afirmó Cúneo.

Dicen algunos que no hay mejor metodología que aprender haciendo y de eso se trata en las clases de doma. Cúneo asigna un potro a cada alumno desde el inicio del curso, a partir de entonces recibe las clases en función de ese animal.

Es indispensable que el domador tenga paciencia, buena percepción y mucha perseverancia. Además, claro, algunos conocimientos básicos. "Algunos chicos tienen muchas condiciones y enseguida se entienden con el animal; entonces tienen más tiempo y pueden tener varios potros asignados a la vez.", dice Cúneo.

Pero también comentó que hay alumnos que no cuentan con las condiciones necesarias y entonces se le aconseja que no sigan. "Este es un oficio entre complicado y peligroso, por lo que si el alumno no tiene las aptitudes que hacen falta, no lo hago perder ni tiempo ni dinero", aclaró.

Los domadores de la escuela tienen una constante demanda, incluso, hay veces que tienen que dejar animales en espera, porque no pueden cumplir con todos. Cúneo explica que es una tarea que requiere tiempo y depende también de la relación que entablen el domador y el animal.

Trabajo por etapas

Los alumnos que pasaron por la escuela fueron muchos y de varias provincias. Y si bien puede pensarse que la doma es una tarea propiamente de hombres, Cúneo cuenta entre sus egresados a varias mujeres. "Hubo una entrerriana que fue sobresaliente; otra llegó de Maipú, hizo el curso y, como le gustó mucho, volvió después con su marido y al poco tiempo trajeron a su hijo. Lo cierto es que se quedaron los tres viviendo y trabajando con nosotros por más de dos años."

El trabajo de doma se divide en varias etapas, en las que el caballo va "pasando de grado", adquiriendo nuevas conductas y volviéndose más dócil. En este sentido es un entrenamiento tanto para el animal como para el domador, que exige un temperamento fuerte y buena disposición física.

Cúneo define a la doma como un arte; un oficio de la caballería que busca, ante todo, el bien del animal. Es decir que lo prepara para que pueda aprender e interactuar con otros caballos y el hombre. Sin duda se enorgullece de su escuela y sus alumnos y sostiene que es un deber trasmitir sus conocimientos a los jóvenes, para continuar con una actividad centenaria en el país, aferrada a las raíces más profundas de la historia. .

Por Elina Moreno Para LA NACION
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