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El milagro económico acabará con el Partido Comunista Chino

Un régimen autoritario no puede mantener el poder en una sociedad moderna

Jueves 19 de enero de 2006

Puede dar la impresión de que al Partido Comunista Chino (PCCh) nunca le han ido mejor las cosas. Dentro del país, no tiene a nadie que desafíe su autoridad. En el ámbito internacional ya no se habla de que el gigante esté derrumbándose, sino de que está en ascenso. Se afirma con frecuencia que los diplomáticos chinos que recorren el mundo dan mil vueltas a sus colegas europeos.

Sin embargo, existen fuerzas inexorables contra la supervivencia del PCCh, y sus posibilidades de permanecer en el poder durante otros 30 años son mínimas. Resulta significativo que muchos altos cargos, incluso un gobernador, consulten habitualmente con adivinos. Al final, es posible que caiga víctima de su propio milagro económico.

Su rechazo a establecer un Estado de Derecho y abstenerse de intervenir en la economía puede retrasar su extraordinario crecimiento de la última década. Pero, aunque sólo sea por discutir, supongamos que China sigue igual. Otras tres décadas de avance sólido (aunque sea a un ritmo del 5% anual, mucho más lento que el actual) significarían una renta per cápita de unos 7000 dólares (alrededor de 5500 euros).

Los profesionales, propietarios particulares y esforzados capitalistas sumarán cientos de millones. Si la historia sirve de orientación, será prácticamente imposible que un régimen autoritario conserve el poder en una sociedad moderna, mucho menos en una tan grande y avanzada como China.

El riesgo de la corrupción

Si el éxito económico no acaba con el partido único, seguramente lo hará la corrupción. Los gobiernos que no tienen limitaciones reales a su poder acaban siempre siendo sobornables y codiciosos.

Es lo que ocurre hoy en Pekín. La disciplina de partido se ha desintegrado. La venta de nombramientos oficiales para beneficio personal se ha generalizado. Los efectos acumulativos de la corrupción oficial omnipresente pueden transformar una autocracia en desarrollo en un régimen depredador.

La experiencia de la Indonesia del general Suharto indica que a ese tipo de regímenes les cuesta convertir los índices elevados de avance económico en estabilidad política. Allí, ni siquiera 30 años de crecimiento extraordinario fueron suficientes para salvar la dictadura.

Las autocracias en expansión económica contienen las semillas de su propia destrucción, sobre todo porque carecen de la capacidad y la legitimidad institucional para afrontar las crisis económicas. En esta era posideológica, la única justificación del partido para su monopolio político es su capacidad de mejorar las vidas de los ciudadanos.

La organización sigue propugnando una amalgama de marxismo-leninismo y nacionalismo, pero con poca credibilidad. Un partido gobernante sin valores fundamentales no tiene atractivo de masas ni la capacidad de generarlo. Hasta sus propios dirigentes se muestran cada vez más desilusionados, cínicos y temerosos sobre el futuro del PCCh.

Una formación capaz de reinventarse podría tal vez eludir estos peligros. Pero el PCCh está cada vez más artrítico. En 2035 tendrá 114 años de existencia y llevará 86 en el poder. Hoy día, el mundo no tiene ningún régimen de partido único septuagenario, y con buenos motivos.

En las sociedades democráticas, las formaciones políticas sufren grandes transformaciones sin cesar. Pero los regímenes de partido único no cuentan con incentivos inherentes para reconstruirse y tienen poca capacidad de corregir el rumbo.

Las tensiones se acumulan hasta que precipitan crisis más amplias. El PCCh ya experimentó este ciclo en una ocasión, y la Revolución Cultural estuvo a punto de destruirlo. Sólo se recobró de aquel desastre, causado por él mismo, reinventándose y adoptando una política anticomunista de reformas de mercado. ¿Será tan afortunado la próxima vez?

Minxin Pei es socio principal y director del Programa de China en Carnegie Endowment for International Peace

Reproducido con autorización de  Foreign Policy Magazine, en colaboración con Archivos del Presente

Por Minxin Pei Foreign Policy Magazine / LA NACION

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