Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Cultura

 
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Domingo 05 de febrero de 2006 | Publicado en edición impresa

Opinión

Hay que aprender a negociar entre el mundo y la lectura

Por Pablo De Santis
Para LA NACION

 
 
 

Cuando el lector es joven, el libro es un refugio. Los problemas que tienen los personajes del libro no son los problemas del lector, que serán más fáciles o más arduos, pero seguro serán distintos. Con el tiempo, esa guarida tiembla: las paredes se tambalean y el techo se cae y, o bien aprendemos a negociar entre el mundo y la lectura, o renunciamos a la lectura.

La pregunta que nos hacemos, entonces, es cómo no dar la espalda al mundo ni al libro, cómo encajar la lectura en la vida, cómo poner entre paréntesis la soledad de la lectura.

Esa lucha entre interior y exterior pone a prueba nuestra habilidad como lectores y nuestra capacidad para entusiasmar a otros con la lectura. Esa es una meta siempre presente: conseguir probar ante nosotros mismos que literatura y vida no son irreconciliables, que la literatura es una experiencia, y no su negación, y una experiencia muy particular, ya que nos habla del sentido de toda experiencia.

* * *

Las historietas y las novelas de aventuras siempre presentan el contraste entre el mundo íntimo del héroe y los peligros del mundo exterior. Lo esencial de las aventuras no son los combates y los peligros, sino el encanto de las guaridas, la cueva del Zorro, la baticueva, la isla de la Tortuga, los rincones donde los héroes dejan caer los disfraces y estudian el mundo lejos de toda amenaza. Tienen a su alrededor todos los símbolos que representan su identidad. ¿Qué más necesitan?

Pero no podrían permanecer eternamente encerrados; necesitan confirmar afuera el valor de lo que lo que tienen adentro. Así, también es fuera de la lectura, fuera de nuestra guarida, donde comprobamos que el libro es bueno y sirve.

Este regreso al mundo no es un abandono de la lectura; es apenas levantar los ojos de la página y luego volverlos al papel. No comprendemos una historia hasta descubrir la pregunta que esa historia nos hace, y no podemos responderla hasta que levantamos la vista del libro.

En la infancia, la imagen del niño lector es la reunión de todos los males. El que lee, no practica deportes adecuadamente, no ejerce ningún liderazgo, y hasta es probable que por leer no estudie tanto como corresponde. Solitario, encerrado en su libro, tal vez descubra a su alrededor alabanzas hacia la lectura, pero no a su propio acto de leer.

El que lee por pasión en general ha elegido el libro equivocado: el que no corresponde a su edad, el que no tiene que ver con lo que se le pide en clase. La lectura es como la inversión perfecta del fútbol: nadie alaba el fútbol, pero todos al goleador; todos alaban la lectura, pero nadie al lector.

Creo que en el equilibrio entre esta soledad fundamental del lector y la posibilidad de establecer una pequeña comunidad de lectura, está el gran desafío de quienes se ocupan de la relación de los niños y adolescentes con los libros. .

El autor es escritor. Su último libro es "La sexta lámpara" (Seix Barral).
TEMAS DE HOYLa muerte de SpinettaMalvinasMoyano vs. GobiernoInseguridadQuita de subsidios