Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Martín Kovensky: el maestro de dibujo

Terminaron las clases es el título de una muestra y un libro de un artista empeñado en difundir la idea de que todos podemos dibujar si encontramos un guía correcto

Domingo 12 de febrero de 2006

En un piso alto de un edificio de Puerto Madero, el hombre estira los brazos sobre la cabeza y se pregunta, con sonrisa de lobo:

–¿Por qué creemos que dibujar bien es dibujar parecido? No está mal dibujar bien, pero dibujar bien no tiene por qué ser dibujar parecido.

Martín Kovensky nació en 1958 en Buenos Aires. Empezó a estudiar arquitectura en 1976, y 1977 lo encontró viviendo en São Paulo, donde estudió dibujo con Beatriz Berman. En 1981 viajó a Nueva York y estudió en el Art Student’s League. A mediados de los 80 estaba de regreso en Buenos Aires, donde fue jefe de arte de la revista Página/30 desde 1992 hasta 1995; luego hizo un breve paso por San Marcos, Córdoba, donde construyó una casa desde las raíces con sus propias manos; regresó a Buenos Aires, comenzó a publicar sus dibujos en La Nacion en 1998, y desde hace muy poco vive en La Cumbre. Es autor de los libros Kovensky 4.0 (Editorial La Marca, 1999) y Limbo (Fondo de Cultura Económica, 2002), una suerte de relato en imágenes de la Argentina de la crisis. Ahora, desde diciembre y hasta marzo, en la Casa de Oficios de la Papelera Palermo (Cabrera 5227, Buenos Aires) puede verse una muestra que lleva su firma bajo el título Terminaron las clases. La muestra es la culminación de un libro del mismo nombre, un volumen con láminas intervenidas por el autor y una tirada de sólo cien ejemplares que forma parte de una colección que reúne la obra de diversos artistas; es publicada por la Casa de los Oficios y ya va por el séptimo título. Ambos, muestra y libro, son resultado de los talleres de dibujo que Martín Kovensky dio en su estudio y en la Casa de Oficios del año 2000 en adelante.

Martín Kovensky en el patio de la Casa de Oficios, donde la muestra del mismo nombre puede verse hasta marzo
Martín Kovensky en el patio de la Casa de Oficios, donde la muestra del mismo nombre puede verse hasta marzo. Foto: Martín Lucesole

–Empecé a dar clases en mi estudio. En 2001 fue la crisis y tuve la idea de formar una especie de asamblea de dibujantes en la Casa de Oficios. Nos reuníamos una vez por semana, 3 o 4 horas. Y hubo momentos muy emocionantes, en los que sentí que estábamos reunidos en una cosa ritual, como hombres primitivos, en las cavernas. Que estábamos todos juntos dibujando el bisonte.

Personas experimentadas y no tanto se acercaron a esos cursos de tres meses para comulgar con las consignas de su profesor: "Dibujar la lluvia/ Hacer 49 trazos diferentes/ Dibujar 2 personas/ Dibujar 7 cuadrados y 5 círculos/ Dibujar a alguien dibujando/ Dibujar un teléfono". Dibujar un recuerdo. Dibujar algo pequeño. Dibujar algo que queremos mucho.

–Yo les daba la consigna y me sentaba a dibujarla con ellos. Dibujábamos todos juntos, en las antípodas del concepto de poder al que remite la relación entre maestro y alumno. En un punto, era como el laburo del DJ, que según el clima pone uno u otro tema. Yo iba con una batería de ideas y, según como estaba el clima, proponía una cosa o la otra. Por eso es "terminaron las clases". Porque no era el docente ejerciendo poder. Era participar en esa experiencia de manera horizontal. Ver al maestro más como guía que como maestro. En verdad, te eleva más eso que tener una manada de chupamedias que te dicen Ay, máster. Siempre abominé de eso.

En el libro, y en la muestra, se reúnen los trabajos que Kovensky realizó en los talleres durante estos últimos años: decenas de dibujos con su consigna correspondiente –dibujar algo pequeño, dibujar algo grande, dibujar al compañero de al lado– según el Sistema Kovensky, que consiste en dibujar en acto, como explica el escritor y periodista Rodrigo Lara en Terminaron las clases, el libro: "El corazón de su método de aprendizaje contiene la idea de que dibujar en acto, entregándose por entero sin reparos en un momento, es la única manera de sacar energía, arte, de la tensión nunca resuelta entre la técnica y la expresión".

Kovensky busca cual samurái pampeano el camino de la sabiduría, de modo que él y sus alumnos puedan dibujar tal y como lo hacían cuando eran habitantes de ese territorio en el que todos dibujan: la infancia. El trabajo del profesor Kovensky es devolver, a cada uno, el pequeño filamento de placer que conecta aquella época con ésta, y enseñar a dibujar más allá de los prejuicios. Pero el profesor Kovensky es una persona ambiciosa y quiere más. Mucho más.

–Este libro es como un ensayo elitista de ese otro libro que quiero hacer: manuales de dibujo para las maestras de todo el país, para que el dibujo se pueda enseñar de esta forma democrática en cualquier colegio de la Argentina. Yo creo auténticamente en aquello de compartir, repartir, y si yo lograra desarrollar un método de dibujo que pudieran usar las maestras de Catamarca y de Santa Cruz para que sus alumnos aprendieran a dibujar sin seguir esa idea de que dibujar bien es dibujar parecido, y lograra que disfruten de esas clases, sería cumplir un muy buen sueño. Uno siempre tiene esta idea de una sociedad justa, del reparto de bienes. Y esto sería repartir un bien, un bien que tengo y que puedo repartir.

Más datos: www.papelerapalermo.com

Por Leila Guerriero

Te puede interesar