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Un estilo de vida diferente

Un ecobarrio ofrece la posibilidad de conjugar la vida rural de antaño con la bioarquitectura moderna

Sábado 11 de febrero de 2006

En Salsipuedes, a 35 kilómetros de Córdoba, se está gestando un proyecto que busca amalgamar la vida rural y de cooperativas autosustentables de otras épocas con la moderna bioarquitectura desarrollada en Alemania.

Este proyecto surgió por iniciativa de las arquitectas Marta Sosa e Isabel Donato, cuando en 1993 fundaron Pro-Eco San Miguel. Esta fundación, contó el arquitecto Pablo Capitanelli, miembro del equipo, está hace tiempo trabajando sobre educación ecológica en escuelas y colegios, a través de campamentos educacionales y experiencias ecológicas. "El barrio ecológico Villa Sol se concreta cuando las arquitectas Donato y Sosa, coordinadoras del proyecto, traen las experiencias vividas en la Expo 2000 de Hannover, en la ecofábrica de Berlín y en el pueblo de Alheim, Alemania, claro ejemplo de desarrollo rural autosustentable. Así, nos convocan para la formación de un ecobarrio".

Capitanelli sostiene que ir a vivir a Villa Sol no se trata de una elección, como ir a vivir a un country, y que implica elegir una forma de vida que se relaciona con la producción de huertas comunitarias y microemprendimientos que sustenten al ecobarrio.

Los interiores de la casa octogonal
Los interiores de la casa octogonal. Foto: Irma Montiel

"Se busca también que las familias que vayan a vivir ahí no tengan fundamentalismos. Así como se trata de generar energías no convencionales, está presente la alternativa de la energía eléctrica y del agua corriente. La casa piloto está equipada para el calentamiento de agua por muchos métodos ecológicos, pero también tiene un calefón a gas para que nadie tenga que estar sometido a una doctrina", dijo Capitanelli.

Los emprendedores destacan que se eligió como paraje de asentamiento del ecobarrio al cordón oriental de las Sierras Chicas, llamadas las Sierras del Sol, por la cantidad anual de días de sol; su magnífico paisaje y por ser un lugar donde se estaba generando un interesante movimiento de producción orgánica.

"El barrio estará emplazado en 14 hectáreas que siguen el curso de un arroyo y se desarrolla hacia las laderas del valle. En el valle central estarán ubicados el salón comunitario, aulas, huertas, frutales y el lugar de pastoreo para animales y en las laderas, las casas; sólo un 15% estará edificado. La idea es crear un pueblo chico cerca de la ciudad de Córdoba, del aeropuerto y de la ruta de acceso a la ciudad".

Comunidad productiva

Capitanelli contó que la persona que va a vivir en Villa Sol es propietaria de su terreno y pasa a ser integrante de la Fundación, que es la que coordina la utilización de todos los espacios. "Se busca que la gente sea parte, que forme una comunidad, sin embargo, la Fundación propicia por esto nadie está obligado a realizarla; uno puede ir a trabajar a Córdoba y volver a la noche".

Capitanelli explica que la gente que viva en el barrio decidirá qué es lo que se va a plantar en el espacio destinado a huertas y frutales y qué microemprendimientos se llevarán adelante. "La Fundación presentó ante la Secretaría de Desarrollo Social de la Nación el proyecto Cadenas Productivas, consistente en armar talleres interrelacionados y que servirían para abastecer todos los aspectos que hacen a la construcción de la vivienda y a la vez formar a la gente de los talleres para que puedan vender lo que producen. Existe también un proyecto de trabajar con gusanos de seda, por la gran cantidad de plantas de mora existente en el lugar."

Algo innovador y que seguramente será la vedette del barrio es el cultivo de la quihuicha o kiwicha, un cereal de la familia de las amarantáceas cuya planta mide dos metros de alto y cuyos frutos se utilizan desde antiguo en el continente sudamericano para forraje, alimento humano y uso medicinal. "La quihuicha tiene un gran poder nutritivo. Hay un proyecto con la Universidad Nacional de Córdoba que se complementará mediante la educación de los padres en el sembrado y cultivo de este cereal. A su vez la misma escuela le compraría a los padres el cereal cultivado para dar de comer a los hijos con lo que se cerraría un ciclo de trabajo y alimentación de los propios hijos", sostuvo Capitanelli.

Los miembros de la Fundación sostuvieron que el aprendizaje es necesario para los emprendimientos comunitarios del barrio. "La gente no tiene muy desarrollado los conocimientos sobre lo que produce una huerta bien llevada y para esto hace falta instrucción. Lo que se busca, en lo posible, porque así se potencia mucho más el esfuerzo, organizándolo entre varios".

Según Capitanelli, la primera casa ecológica del barrio ya está construida y habría al menos diez o doce personas interesadas en vivir allí. "Lo que estamos viendo es la forma de llevar adelante la construcción, ya que lo que nos importa de los habitantes es que mantengan la ideología de este barrio y no sus posibilidades económicas", dijo el arquitecto.

"Los terrenos son más baratos que en la Córdoba y la vivienda con todos los artefactos de energía alternativa tiene un costo de 900 a 1000 pesos el metro cuadrado. Este costo inicial se amortiza, ya que hay que tener en cuenta que el eco-barrio cambia la concepción económica de una vivienda, pues irá absorbiendo el gasto de impuestos y servicios con los recursos que producirá. Será una comunidad ecológica, productiva, autogestionada y auto sustentable", agregó.

Según monitoreos de la Fundación, el ahorro de energía de la casa y su estabilidad térmica interna significa un ahorro de aproximadamente un 50% de energía para calefaccionar o refrigerar la casa.

Las casa también cuenta con orientación e instalaciones especiales, como calefacción mediante un sistema de convectores solares y acumuladores de temperatura; refrigeración por aire insuflado; un pequeño vivero interior que contribuye a balancear la temperatura y la humedad; una lucerna central que actúa como extractor del aire caliente o como captador de calor solar, una estufa central; una capa de piedra por debajo del piso de la vivienda que funciona como acumulador térmico; una fresquera para alimentos y un secador de ropa accionados con el mismo sistema de climatización natural.

Otro elemento a tener en cuenta en esta construcción ecológica es la depuración de líquidos cloacales, tratados en plantas fitodepuradoras con técnicas ecológicas generadas en Alemania."Estamos estudiando, para que no sea privativo de la gente que tiene el dinero para construirlo, posibilidades mediante ayuda mutua o que la gente ponga el trabajo de construcción siguiendo una guía y estamos viendo planes de financiación."

Al finalizar la entrevista, el equipo de trabajo (formado por Isabel Donato, Pablo Capitanelli, Rosendo Dantas, Diego Dragotto, Eugenia Psarakis, Marcelo y María del Carmen del Corro y Oliverio de Zuloaga), destacó que para ellos el ecobarrio es la gente, de modo que para ellos lo más importante es que en el vivan personas que compartan este estilo de vida y estén dispuestos a concretarlo.

"El ecobarrio es una nueva manera de vivir, en la cual cada habitante asumirá consigo mismo y con los demás el compromiso de cuidar el ambiente natural y social."

Por Gonzalo Graña Velasco Para LA NACION

Cómo es una biocasa por dentro

La biocasa es la construcción que se adoptó para este singular barrio. Está construida bajo los conceptos de la bioarquitectura, para los que se utilizan madera y piedra y en los que se le da una gran importancia a la orientación, a la luz, a que sea fresca en verano y a que conserve el calor en invierno, entre otros.

"Las casas del barrio son de planta en forma octogonal, que evita los ángulos rectos. En el medio está ubicada una estufa solar, que hace de chimenea. Aquí se concentran, bajo una claraboya que permite el paso de luz natural, los espacios comunes para la familia. La casa tiene la viga de fundación de hormigón armado porque hay que cumplir con las normas de sismorresistencia, pero todo lo demás es natural", explicó Capitanelli.

Los arquitectos Donato, Capitanelli y Diego Dragotto contaron que las grandes innovaciones de la casa fueron la utilización de un "techo vivo" y la lana de oveja como aislante térmico-acústico. "Ambos conceptos y sus técnicas fueron estudiadas por Donato y Sosa en la biofábrica de Berlín; en el caso del techo vivo, en su parte interna es de madera en forma de cúpula de madera que cubre los 6 metros de luz del octógono y mantiene la temperatura. El techo vivo surge de la necesidad de encontrar una solución a la construcción de los techos tradicionales que, al reflejar los rayos del sol, aumentan el efecto invernadero."

Los arquitectos sostienen que la construcción del techo vivo de la casa ecológica requirió de una investigación y experimentación sobre sustratos que permitiesen el crecimiento de plantas en espesores mínimos, en un suelo que balanceara adecuadamente permeabilidad y humedad.

Adobe y lana

Por otro lado, la utilización de lana de oveja como aislante térmico-acústico se incorporó por la ventaja de ser un aislante natural y de crecimiento continuo, obtenido mediante el proceso de la esquila. Las paredes toman algo tradicional del campo con algo de la bioarquitectura, ya que están constituidas por una pared interna de abobe de 30 centímetros, una cámara de aire ventilada, en el medio, y una pared de piedra de unos 30 centímetros que da al exterior.

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