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Tarzia, un compositor de audaz creatividad

Se presentará hoy en Thelonious

Domingo 12 de febrero de 2006

Uno de los músicos que emergieron como si fuese la segunda oleada de la nutrida escena del jazz es el guitarrista Miguel Tarzia, un artista que ya mostró en diferentes propuestas ideas propias y un perfil interesante como arreglador.

Este músico se presentará esta noche, a las 21.30, en Thelonious, Salguero 1884, en cuarteto con Rodrigo Domínguez en saxos, Jerónimo Carmona en contrabajo y Carto Brandán en batería.

Tarzia pertenece a un selecto grupo, encabezado por Ernesto Jodos y Enrique Norris, influyentes músicos del jazz argentino que además funcionan como "motivadores" de una importante usina creativa

Un guitarrista creativo
Un guitarrista creativo. Foto: Fernanda Corbani

Este joven músico porteño que comenzó, como muchos de su generación, en grupos de rock, se aproximó al jazz a partir de su profesor -Juan Benítez-, que le hizo conocer al guitarrista del "pulgar de oro", Wes Montgomery.

"En realidad, ese profesor me grabó un cassette con Wes, de un lado, y Scott Henderson, del otro; este último fue a quien primero le di importancia, hasta que un día presté más atención a lo que hacía Montgomery, y fue entonces cuando entré en el jazz", recordó este guitarrista cuyo primer grupo dentro del género fue con el contrabajista Mariano Otero y con el baterista Gonzalo Chayle. El trío se llamaba Madadayo y produjo un disco que circuló de manera underground.

Hacia octubre de 2000 integró el primer sexteto del baterista Pepi Taviera. "Fue una experiencia valiosa, porque me juntó con grandes músicos locales y sirvió también para decidirme a estudiar en el exterior", contó el músico. Formaba parte también de expresiones en las que estaban, como compositores, Norris y Jodos.

Hasta ese momento seguía sus clases en el Sindicato de Músicos, con el guitarrista Pablo Bobrowicky. Tarzia ganó dos becas: una para el Bercklee College, en Boston, y otra para estudiar en Amsterdam. Eligió este último destino porque tenía pasaporte italiano, y Europa lo intrigaba. Hoy, confiesa que fue poco lo que estudió y mucho lo que paseó por el Viejo Continente. "Estuve un año y medio por allá, pero no toqué mucho", admitió.

No parece ser uno de esos artistas que se dedican fuertemente al estudio; Tarzia trasunta cierto aire de músico hecho en la calle, por decirlo de alguna manera, pues parece tener una naturaleza más cercana al club que al conservatorio. Sonríe. "Sí; no estudié mucho; gané más experiencias de vida que como músico", añadió.

Le costó reinsertarse, aunque siempre contó con el apoyo de un grupo de músicos que además son amigos, como Jodos, Norris, Otero, Carmona, Brandán, Nacht y Verdinelli, quienes lo fueron teniendo en cuenta a medida que surgían nuevos proyectos. "Buenos Aires exhibe innumerables propuestas de música original que hacen que la escena del jazz muestre una sostenida vitalidad", dijo a modo de argumento.

Contó que la música está armada como canciones pero que tienen riffs de medidas inusuales y algunas complejidades armónicas, como los llamados acordes abstractos. "Pero está la melodía -advierte- que hace comprensible el núcleo de la propuesta. La música está muy escrita; las armonizaciones no sólo las hago yo, si no también el set melódico que toca detrás de los solistas", explicó Tarzia. Según este talentoso, la música no suena sofisticada. "Más bien, tiene fuerza y melodía", concluyó.

César Pradines

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