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Buen concierto de presentación

El Grupo de Canto Coral lanzó su nuevo disco, "Otra flor", con obras argentinas
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16 de febrero de 2006  

Un nuevo paso musical ha dado, al cumplir sus treinta y tres años de vida, el Grupo de Canto Coral, dirigido por Néstor Andrenacci. Corrobora así su solvencia para acometer un amplio repertorio, empezando por la vanguardia coral argentina. El GCC viene ratificando su prestigio desde 1987, a lo largo de sus impecables roles en las cantatas que se ofrecen en la Academia Bach. De los 6 discos editados desde su fundación, el último, en 2002, "Flor del país", significó su total incursión por la música popular argentina, tras grabar cánticos de las misiones jesuíticas y de la Colonia, música coral argentina y el Réquiem de Brahms.

"Otra flor", presentado en el Teatro del Globo, ratifica aquel intento de aproximación a lo popular, al tiempo que afronta nuevas complejidades armónicas contemporáneas.

Tanto en el cuasi apocalíptico "O vos Omnes", de Ginastera" (distante estéticamente a años luz de la unción mística del de Tomás Luis de Victoria), y sus otras dos obras sacras más devotas: "Ego vir videns paupertatem meam" y "Recordare Domine quid acciderit nobis" evidencian un riguroso trabajo de preparación, que se trasunta en afinación casi perfecta, sólida cohesión de voces y ductilidad en matices y planos sonoros.

Los desafíos armónicos, cercanos casi todos a la disolución de la tonalidad tradicional (el politonalismo de Stravinsky; el atonalismo cultivado sistemáticamente por Schoenberg desde aquella primera década del siglo pasado), se perciben tanto en las tres composiciones de Víctor Torres sobre la cálida poesía amatoria de Jorge Manrique; en los tres madrigales escritos por Jorge Maronna (Les Luthiers) sobre versos bucólicos y épicos del italiano del Renacimiento, Torcuato Tasso, y en el tríptico de Julio Viera sobre dos juegos verbales y una poesía de inspiración lírica de Carlos Estévez. En ellos, las atrevidas combinaciones y roles dentro de interesantes tramas vocales, descartan líneas melódicas asibles y recordables, escapando obstinadamente de los centros tonales, de la simbiosis con el texto y huyendo, por si acaso, de toda expresión a la que pudiera imputársele blandos sentimientos.

Un buen coro, es un buen director. Por esto, el Grupo de Canto Coral se ha erigido, gracias a su fundador, Andrenacci, como uno de los mejores ensambles vocales del país.

Pero, ya en el terreno de la música popular, los aciertos radican, inequívocamente, en los arreglos. Son las inspiradas versiones corales las que otorgan alcurnia artística a los coros. Ya lo dijo Bartok: "Saber tratar las melodías populares es uno de los más difíciles trabajos que existen"; el individualizar el carácter específico de cada una, el de una elaboración capaz de conservarle su propia y típica fisonomía. Y -cabe agregar: al margen de ritmos, acentos y cadencias- honrar cada giro poético, cada palabra, cada significado profundo.

En tal sentido los acercamientos de Eduardo Ferraudi, Hugo de la Vega y Santiago Búcar, apenas si alcanzan a rescatar, en las obras del Cuchi Leguizamón, la soltura, la elasticidad, la exquisitez, las minuciosidades del pulso, la gracia. Mejor suerte corren los dos tangos y la milonga de la "serie del Angel", de Astor Piazzolla, en la armonización de Javier Zentner incluido, por cierto, el apoyo del contrabajo (curiosamente casi un cuarto de tono por encima de las voces del coro). Porque en ellos se percibe el espíritu y el estilo.

Otra flor

Obras de Piazzolla, V. Torres, J. Maronna, J. Viera, Cuchi Leguizamón y Alberto Ginastera.

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