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Preocupaciones y recetas del Sr. Kirchner

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LA NACION
Viernes 17 de febrero de 2006

El presidente Néstor Kirchner vio durante los últimos dos meses y medio a decenas de empresarios en su despacho. Los sentó para trabar acuerdos de precios y les dejó bien en claro que está obsesionado con ese método para tratar de controlar la inflación.

Así como durante dos años y medio impidió aumentos de tarifas de servicios públicos para los hogares (véase el nuevo caso de Telefónica), Kirchner confía en que los acuerdos de precios en alimentos, bebidas, indumentaria, productos de higiene, turismo y útiles escolares  -más los que vengan- reducirán la inflación a la mitad en breve.

En enero el índice llegó al 1,3%. La mitad sería un 0,65%. El relevamiento de expectativas de mercado (REM) del Banco Central preveía el mes pasado un 1% de alza para febrero, y el de la consultora Consensus Economics, un 0,9 por ciento.

Más allá de su concentración en los acuerdos, Kirchner considera un dogma el mantenimiento de un alto superávit fiscal primario, no sólo por la lucha contra la inflación, sino también como una de sus dos buenas señales macroeconómicas para los inversores.

La otra es el sostenimiento del tipo de cambio competitivo, contra el viento de economistas liberales y la marea de empresas de servicios que reclaman una apreciación del peso.

Un nuevo informe del estudio Dagnino Pastore, Costa & Asociados destaca que en diciembre pasado, cuando Felisa Miceli se estrenó como ministra de Economía, y también durante enero, el crecimiento del gasto se desaceleró.

En el Palacio de Hacienda aseguran que el proceso comenzó incluso en noviembre. Pero la consultora opina que la austeridad fiscal resulta insuficiente para contener la inflación y sugiere la restricción de la política monetaria (mediante una suba en las tasas de interés) y la apreciación del peso.

El Presidente no está dispuesto a ninguna de esas dos medidas. Reconoció esta semana en un discurso que a largo plazo la economía no podrá seguir creciendo al 9%, como lo hizo en forma inédita en los últimos tres años, sino que se expandirá en promedio al 3 o 4%. Pero no acepta un estancamiento. Por eso apuesta a las tasas bajas y el dólar alto.

Además, le preocupa que algunas empresas no invierten, pese a las señales macroeconómicas. En los sectores energético y de servicios públicos esperan desde hace cuatro años precios o tarifas más apetecibles.

A los empresarios les preocupan hoy cuatro temas y la resolución que el Gobierno tome en cada caso: la puja salarial -Kirchner pidió calma al secretario general de la CGT, Hugo Moyano, pero apoya las subas salariales para redistribuir la creciente riqueza-, la ley de riesgos de trabajo -la semana próxima, el Gobierno tendrá listo un proyecto que obligará a los accidentados a elegir entre la indemnización de la ART o litigar en la Justicia, pero involucraría a los trabajadores en el control de la seguridad laboral de las empresas-, la competencia importada -el Presidente demostró que la frena cuando hiere a productores locales, pero si éstos suben los precios, no dudaría en liberarla- y los problemas de financiamiento.

El Presidente quiere que las AFJP presten -ellas dicen que tienen US$ 550 millones a disposición- y que haya más créditos bancarios de largo plazo con tasa subsidiada: ya sea a través del Banco Nación, del Banco de Inversión y Comercio Exterior, de un nuevo banco de desarrollo o de los bancos privados, como propone la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba), de Jorge Brito, para garantizar una mejor selección de proyectos que la que hacía el estatal Banade.

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