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Fulgor milenarista

SALTO MORTAL Por Kenzaburo Oé-(Seix Barral)-Trad.: F. Rodríguez-Izquierdo Gavala-822 páginas-($ 45)

Domingo 19 de febrero de 2006

Salto mortal es la primera novela del japonés Kenzaburo Oé desde que obtuvo en 1994 el Premio Nobel de literatura. Desde los años ochenta se viene apreciando en Occidente su espléndida obra novelística, integrada, entre otros textos, por Una cuestión personal, La presa y Cartas a los años de la nostalgia. Nacido en 1935, Oé pasó su niñez y su adolescencia en la cruda atmósfera posbélica y en medio de los difíciles procesos políticos y sociales de reconstrucción de su país. Experto en literatura francesa e hispanoamericana, su narrativa refleja una inteligente relectura de clásicos como Cervantes, Rabelais, Erasmo, Dante y Shakespeare. Pero sus líneas fundamentales son la identidad cultural japonesa y la búsqueda existencialista a través de personajes enfrentados a sus propias pérdidas, a sus propios errores.

Una sutil hebra autobiográfica comenzó a destacarse en su obra, sobre todo después de que naciera su hijo Hikari con un retraso mental, quien no obstante y con el correr de los años se convirtió en un notable concertista de piano en su país. A fines de los años sesenta, Oé llevó a cabo profundas investigaciones y lúcidas entrevistas a los sobrevivientes de la catástrofe atómica en Hiroshima, cuya amarga reflexión posterior intervino decididamente en su obra de ficción. Desde el comienzo de su carrera, Oé se enroló en un progresismo ideológico a partir del cual tematizó una crítica revisión histórica del Japón y exploró los complejos vínculos entre el interés político y el afán humanista.

Salto mortal es una extensa novela de más de ochocientas páginas en la que todas las líneas de trabajo de la obra previa del autor confluyen de un modo audaz y totalizador, y en la que hasta las más básicas certezas se ponen en tela de juicio. También, de algún modo, es una respuesta narrativa al recordado ataque con gas sarín al subterráneo de Tokio en 1995 por parte de jóvenes fundamentalistas de la secta Verdad Suprema. Así, la irrupción de la violencia irracional alimentada por una sesgada visión de lo trascendente modifica la vida de un puñado de personajes que, en su búsqueda de verdades últimas, ingresan sin saberlo en el peligroso territorio del crimen. El título de la novela es una metáfora que alude al salto de coraje que intentan dar diversos personajes para impedir que se enquiste en ellos el radicalismo.

El artista plástico y profesor de bellas artes Kizu regresa al Japón luego de varios años de enseñanza en los Estados Unidos con el secreto propósito de reencontrar a un adolescente, Ikúo, al que sólo había visto una vez en un concurso público de diseño cuando el chico cargaba una prolija maqueta de su autoría. Se trata de un joven esbelto, pero con rasgos de dura fiereza, que ahora se convierte en modelo para una serie de desnudos que comienza a pintar Kizu. Es el inicio de una lánguida pasión homosexual. Juntos encontrarán a Bailarina, una muchacha involucrada con el grupo dogmático liderado por Patrón y Guiador, al que los amantes pronto se unen. Entre distintas definiciones de Dios, visiones exaltadas, largas parrafadas de fe, misticismo y trascendencia, los líderes del grupo intentan apartarse de los miembros más radicalizados y dar el "salto mortal", esto es, frenar los impulsos destructivos, desechar la violencia y sumergirse pacíficamente en el discurso y el pregón de la infinitud del Ser Único y Trascendente. Pero ese dificilísimo salto que Patrón defiende y proclama es en realidad efímero, casi evanescente: la tendencia a la radicalidad y a la destrucción reaparece, e instala una tensión inusitada entre la acción en el mundo y las cada vez más flagrantes contradicciones del discurrir metafísico de la secta. Rodeado de fanatismo, aquejado por el cáncer, atormentado por la falta de perspectivas de su amor secreto, Kizu deberá enfrentarse con el único interlocutor que importa: su conciencia.

La novela aspira a mucho más que un pormenorizado examen del fundamentalismo: se extiende en una búsqueda de interpretación de la amalgama entre la locura cotidiana, la fantasía apocalíptica, el fulgor milenarista, la ausencia de fe del presente materialista y la perenne pulsión por recuperar lo sagrado. También es un estudio desapasionado acerca de la hipocresía de los nuevos líderes, el fantasma de las bombas atómicas y la ambición de algunos grupos sociales por configurar un "hombre nuevo auténtico" -hermano de la naturaleza, sobrepuesto de la angustia existencial, independiente del mercantilismo contemporáneo o de la estupidez de las convenciones- que reelabore valores que unan lo terrenal con lo trascendente.

Oé, de este modo, denuncia al hombre del presente, entramado en la violencia homicida, absorbido por la idolatría de la juventud y la plenitud física y cautivo de los falsos liderazgos carismáticos. Entre la felonía, el sectarismo y la moralina como fetiche, la notable metáfora de dar un salto mortal se exalta en el texto como una valoración de la conciencia, de la imprescindible toma de conciencia que debe guiar la acción humana.

De fuerte reminiscencia dostoievskiana, y con encomiable sobriedad estilística, la novela encuentra una retórica justa entre el intento de objetividad, el lenguaje social devenido individual y la mediación entre el hecho violento y su narración. Aunque el progreso de la trama se prolonga y se demora en el relato de incidentes secundarios, a la vez se afianza en los detalles de esa feroz encrucijada moral de los personajes, atravesados brutalmente por el desasosiego y la íntima ambición de paz. Profundamente reflexiva, Salto mortal descubre a un Oé en la plenitud de su arte narrativo, pero preocupado por la personal e intransferible búsqueda de lo sagrado en lo cotidiano y de lo trascendente en lo temporal.

Armando Capalbo

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